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30 años para reducir a la mitad las tasas de violencia

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Este mapa muestra los cambios en la tasa de homicidios global entre 1995 y 2010. U. Cambridge

  • En 2000, 1,6 millones de personas perdieron la vida por actos violentos, según la OMS.
  • Los expertos hacen un llamamiento a los gobiernos para que diseñen políticas adecuadas.

LAURA TARDÓN Madrid

Se calcula que en el año 2000, 1,6 millones de personas perdieron la vida por actos violentos, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los expertos aseguran que, con las políticas adecuadas, la tasa de violencia podría reducirse a la mitad de aquí a 2040. Así lo remarcan en la primera conferencia mundial que se está celebrando esta semana en Cambridge (Reino Unido) sobre reducción de la violencia.

Tal y como presentan en este evento, desde mediados de 1990, en muchas zonas del planeta, las tasas de violencia han disminuido y, en algunos casos, de forma significativa. Por ejemplo, en el transcurso de 15 años (entre 1995 y 2010), en países como Estonia, Hong Kong, Sudáfrica, Polonia y Rusia, el número de homicidios registrado ha caído en más de un 40%.

Dada la importancia que tienen los datos en este ámbito para poder comprender el problema que entraña la violencia en la salud pública global, un grupo de 150 científicos y criminólogos ha estudiado con detalle la situación de un total de 88 países, entre los que se encuentra España. De estos, 67 mostraron menores tasas de violencia y, por el contrario, 21 sufrieron un aumento. Concretamente, España se encuentra entre los países del primer grupo. Desde 1995 hasta 2010, la tasa de violencia se ha reducido en un 18,5%.

El objetivo de este análisis (impulsado por la Universidad de Cambridge y la OMS) es establecer la primera hoja de ruta para reducir las tasas globales de "violencia interpersonal, un problema que ahora causa más muertes y cuesta más dinero que todas las guerras juntas", expone Manuel Eisner, director del Centro de Cambridge para la Reducción de la Violencia. Es la responsable de la muerte de unos ocho millones de personas desde el año 2000. Alrededor de un 30% de las mujeres ha sufrido violencia doméstica y se cree que uno de cada siete niños en el mundo ha sido víctima de abusos sexuales. En cuanto a la violencia machista, una reciente investigación estima que cuesta unos ocho trillones de dólares al año.

Aunque el "apoyo internacional es cada vez mayor", los expertos reunidos en este congreso hacen un llamamiento a los gobiernos y otros actores implicados para intensificar los esfuerzos dirigidos a la prevención de la violencia y para mitigarla. "Debería formar parte de la agenda de la ONU", subraya el especialista.

"Ejemplos de éxito en la reducción de homicidios en 15 años podemos encontrarlos en todo el mundo, desde Canadá hasta Nueva Zelanda, pasando por Italia y China. Pero si queremos alcanzar resultados a nivel global tenemos que aprender de los países que más han evolucionado en este sentido", afirma Eisner.


Un reto importante.
"La evidencia en algunos países muestra que con una reducción anual del 2,3% se consigue una caída del 50% en 30 años", apunta el experto. Se trata de un objetivo "realista y posible", de no ser porque, echando una mirada al mapa mundial, algunos países, sobre todo en América Latina, la tasa de violencia ha experimentado un incremento.

En el lado opuesto se encuentran muchos países europeos, del Norte de América y Asia, donde las cifras se han reducido en las dos últimas décadas y continúan haciéndolo. Como señala Eisner, lo consiguen "las sociedades que tienen mejores estrategias de control policial, vigilancia y políticas de menor tolerancia con respecto al comportamiento violento".

Como apunta Eisner, "en Londres, el riesgo de ser asesinado se ha reducido en un asombroso 99% desde finales de la Edad Media hasta nuestros días". En los últimos 10 años, asegura, el número de homicidios en Londres se ha reducido a la mitad (de unos 200 en 2003 a menos de 100 en el 2013), convirtiéndola "en una de las ciudades más seguras del mundo".

Otra cosa son los países de ingresos bajos a medios, donde, según la OMS, en el año 2000, la tasa de defunciones por violencia fue más de dos veces superior a la de los países de altos ingresos, aunque las cifras varían de unas regiones a otras, e incluso dentro de los países. El análisis de Eisner también subraya el importante desafío al que se enfrentan los países en desarrollo. Casi la mitad (45%) de los homicidios que se dan en todo el mundo se cometen en 23 países, donde vive el 10% de la población mundial.

Los análisis muestran que las sociedades con las tasas de homicidios más altas se encuentran en América Latina, África y Asia. "Sufren una mezcla de varios elementos como corrupción, mercados ilegales de alta rentabilidad, baja inversión en la salud pública y la educación y una policía ineficaz que ofrece poca confianza a los ciudadanos", argumenta Eisner.

Para los expertos, se requieren importantes cambios globales en la forma en que las sociedades son vigiladas y utilizan las nuevas tecnologías para prevenir la violencia. Actualmente, "sólo el 20% de la población del mundo vive en sociedades que reúnen los elementos para una mejor actuación policial, un dato que debería ascender al 60% en 2044", puntualiza Eisner. "Es indispensable una policía responsable y eficaz que cuente con la confianza del ciudadano", según Lawrence Sherman, director del Instituto de Criminología de Cambridge. Este experto ha puesto de ejemplo una estrategia experimental de GPS para las patrullas de policía en Trinidad que fue capaz de reducir los asesinatos y los tiroteos en un 41%.

Por otro lado, coinciden los especialistas reunidos en la conferencia, la prevención empieza en las primeras etapas de la vida, durante la infancia. Medidas de protección y de entrenamiento de habilidades sociales, que casi no existen en las zonas que más sufren abuso infantil y violencia doméstica.

Esta primera conferencia es la antesala del informe que la OMS va a empezar a desarrollar este mismo año sobre prevención de la violencia global. Mientras tanto, Eisner anima a los gobiernos a diseñar sus propios planes de acción nacional para reducir la violencia y para esto mismo, su equipo va a trabajar en colaboración con la OMS y los investigadores de todos los continentes para determinar una serie de recomendaciones y estrategias políticas.

FUENTE: El Mundo.

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Dos usuarias debaten sobre anticonceptivos en el centro de planificación familiar de Rubona (Ruanda). / Thomas Imo (Getty Images)


  • Unos 222 millones de mujeres no tienen acceso a educación sexual ni anticonceptivos
  • La mayoría vive en países en vías de desarrollo
  • En la UE las barreras son los anticonceptivos y la educación sexual

María R. Sahuquillo Madrid 4 MAY 2014 - 20:22 CET

Hace 40 años, la única manera que muchas mujeres tenían para prevenir un embarazo no deseado era mantener al hombre bien lejos. “Eso era lo que decían mi abuela, y luego mi madre. El método para controlar el tamaño de la familia era evitar el contacto con el marido...”, recuerda Jenny Tonge. La británica, médico especialista en planificación familiar primero y baronesa y parlamentaria en la Cámara de los Lores, después, creció en una sociedad en la que solo las mujeres casadas podían recibir información sobre anticonceptivos. “En los años sesenta, si no tenías anillo no había nada que hacer, pero aún llevándolo no todas sabían que tenían esa posibilidad”, abunda. En España, la contracepción estaba prohibida para todos. Hombres y mujeres; casadas y solteras. Vender, publicitar o informar sobre preservativos o acerca de las antibaby (como se conocía popularmente a la píldora, introducida en Europa en 1961) estaba penado con arresto y con hasta 200.000 pesetas de multa (1.200 euros).

Aún así, algunos colectivos de mujeres daban información sobre planificación familiar, y los anticonceptivos se conseguían; eso sí, de estraperlo o, en el caso de la píldora, como tratamiento médico para “regular el ciclo menstrual”. Esas prácticas ilegales desencadenaron algún susto, sobre todo en forma de redada. Pero también alguna condena, como la impuesta en 1977 a un hombre por vender preservativos en el Rastro madrileño; algo que suponía, según dijo la sentencia, una “vocación al vicio” y una “ofensa de la moral colectiva”. Sin embargo, la mayoría de los procesos judiciales quedaban en nada, como la acusación contra EL PAÍS por “propaganda anticonceptiva” por publicar un artículo científico sobre métodos de planificación familiar. Un delito por el que la Fiscalía pedía para su director, en aquel momento Juan Luis Cebrián, dos meses de arresto y una multa de 50.000 pesetas (300 euros).

El uso de “procedimientos para evitar la procreación” no se despenalizó hasta 1978 en España. Se autorizó entonces la venta de condones y de la píldora anticonceptiva (con receta médica, como ahora); un método que hoy, con más de 16,5 millones de envases dispensados al año en las farmacias —datos proporcionados por IMS-Health, la consultora de referencia en el sector—, se ha convertido en el segundo método anticonceptivo más utilizado, después del preservativo —unos 60 millones de cajas entre los que se venden en las farmacias y en otros establecimientos de libre servicios, según las cifras facilitadas por Nielsen—.

Como en España, paso a paso el panorama mundial ha cambiado: la sexualidad se ha separado de la reproducción. Al menos en la teoría. Porque, todavía hoy, la receta de abstinencia que aplicaba la abuela de Tonge u otros métodos ineficaces, como el ogino o la marcha atrás, son la única opción para 222 millones de mujeres que no desean quedarse encinta y no pueden acceder a una contracepción moderna; es decir preservativos o, sobre todo (para prevenir el embarazo) anticonceptivos hormonales —píldoras, implantes, parches— o dispositivos intrauterinos, métodos que permiten que ellas no dependan de que su pareja acepte o no ponerse la goma.

La mayoría de esas mujeres vive en países en vías de desarrollo, como radiografía un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Población y Desarrollo (UNFPA). Lugares donde el poder decidir cuándo tener hijos y cuántos se engendran puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para ellas —por los problemas en el parto, la fístula obstétrica o las complicaciones del embarazo adolescente— y para sus hijos.

También en la Unión Europea, 25 años después de que el último Estado miembro —Rumanía— legalizase los anticonceptivos, quedan barreras que derribar para acceder a ellos, y a la información de cómo utilizarlos. En España, un 62% de las mujeres en edad fértil —o sus parejas sexuales— emplean métodos modernos para evitar el embarazo; frente al 82% de las noruegas o el 76% de las suecas. A mitad de camino, las guatemaltecas (un 34%) y, en el otro lado de la balanza, las mujeres de Sierra Leona, país récord de mortalidad materno-infantil, donde menos de un 8% de las mujeres usa anticonceptivos, según los datos de UNFPA, que estos días, junto al Foro Europeo de Población y Desarrollo (EPF) y parlamentarios de 134 países, ha pasado revista a los objetivos de desarrollo y salud sexual y reproductiva fijados en la Convención de El Cairo en 1994.

“La situación de Europa es incomparable con la de los países en vías de desarrollo, pero tampoco hay pleno acceso a la anticoncepción; sobre todo entre los más jóvenes”, apunta Vicky Claes, directora de International Planned Parenthood Federation European Network (IPPF-EN). Las principales barreras en la UE, dice, son la falta de información, la financiación de los anticonceptivos y la escasez de servicios sanitarios especializados para menores; también algunos sistemas que impiden que estos puedan acceder a los servicios de salud sin sus padres. “Y los mitos relacionados con algunos anticonceptivos, como que la píldora engorda o que el preservativo resta placer —aún muy extendidos—, no ayudan”, añade.

En España, donde unas 1.400 adolescentes dan a luz cada año —y unas 13.000 interrumpen su embarazo—, el 35,6% de los jóvenes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphne sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Mientras, solo el 4,5% de los jóvenes finlandeses con pareja no usa ningún método anticonceptivo, como indica el estudio Reprostat, elaborado por expertos de la Comisión Europea.

Las diferencias a escala mundial entre los países ricos y aquellos que no lo son están claras. La pobreza, la inexistencia de sistemas públicos de salud y el lastre de una sociedad patriarcal, que impide a las mujeres tomar decisiones sobre su cuerpo —incluso sobre temas médicos— explican el alarmante dato de que solo un 1% de las sudanesas —por poner un ejemplo— emplea algún método moderno para prevenir el embarazo. Pero ¿cuál es la razón de las brechas de acceso que existen entre los países de un espacio común, como la UE? Algunos datos y modelos las explican: en Portugal, la anticoncepción es gratuita para quienes se registran en los servicios de salud. En Suecia, los anticonceptivos financiados cuestan al año unos 10 euros.

Nada que ver con España, donde las mujeres pagan entre cuatro y ocho euros al mes por las píldoras anticonceptivas financiadas por la sanidad pública; una lista de fármacos que además menguó en julio del año pasado, cuando el Gobierno excluyó de la subvención pública ocho contraceptivos de última generación. Y esos modelos portugués o sueco se comparan peor aún con Eslovaquia, donde el Gobierno aprobó en 2011 una ley que prohíbe financiar anticonceptivos. Estos productos han pasado a considerarse allí desde entonces productos “no esenciales”, como los fármacos para perder peso o los productos para dejar de fumar.

Sin embargo, es en el acceso a la información donde más diferencia existe en todos los países. También entre los europeos. “El coste de los anticonceptivos es un escollo para los jóvenes y más aún en una situación económicamente complicada, pero la base del problema es el conocimiento, la educación sexual y reproductiva; aquello que permite a las personas tener un mejor conocimiento de su cuerpo, de su salud, de su sexualidad y de sus necesidades y las de los demás”, dice Jenny Tonge. La baronesa británica habla delante de una chica que lleva luminosas mechas azules y de otra que se cubre los cabellos con un hiyab. Ambas aguardan en la sala de espera de la clínica de salud sexual para jóvenes del barrio central de Estocolmo, que Tonge visita con la ministra sueca de Cooperación Internacional, Hillevi Engström, y el director de la UNFPA, Babatunde Osetimehin, participantes los tres en la reunión de alto nivel sobre derechos reproductivos celebrada en la capital sueca a la que EL PAÍS acudió invitado por la agencia de la ONU y el EPF.

Las dos muchachas no son las únicas que esperan para entrar en la consulta del centro, donde se da información especializada a jóvenes de entre 12 y 23 años y se les proporcionan métodos anticonceptivos y apoyo psicológico si lo necesitan. La visita es secreta. Ni siquiera los más jóvenes necesitan permiso de sus padres para ir a la clínica y recibir consejo médico. Un punto fundamental para que funcione el proyecto, como destaca Hillevi Engström. “Tener servicios efectivos de salud sexual y reproductiva es clave para el desarrollo de los países y un elemento fundamental para las mujeres. Ayuda a atajar los embarazos no deseados y, por tanto, los abortos, y combate las enfermedades de transmisión sexual. Es, sin duda, una inversión”, afirma.

Al director de UNFPA le gusta el ejemplo sueco que vende Engström; un modelo que también tiene una base de educación sexual. En Suecia, esta formación se convirtió en obligatoria en 1955. Desde entonces, explica la ministra, todos los menores la estudian en la escuela a partir de los 11 años. Osetimehin no llega tan lejos a la hora de opinar si esta información debe ser obligatoria. Él no se sale del lenguaje equilibrista de la ONU, y repite —como lo hacen decenas de declaraciones— que cada Estado es soberano para organizar sus sistemas, pero que la información sobre sexualidad es “una prioridad”. “Hay que fomentar centros de salud sexual especializados en jóvenes, donde puedan acudir no solo a recibir consejo médico, también a ser escuchados. Estos elementos son clave y ni la ideología ni la economía pueden servir para quitar peso a los derechos reproductivos de la agenda política”, afirma, algo más tajante, el médico nigeriano.

Osetimehin habla de crisis porque sabe que muchos programas dedicados a la salud sexual se han recortado con la recesión económica; sobre todo en los países en vías de desarrollo, que dependen de las ayudas para cooperación y de fundaciones especializadas. Pero también menciona la ideología, porque los grupos contrarios a los derechos reproductivos están agudizando sus discursos. Y no solo contra el aborto, su caballo de batalla tradicional; también claman contra la contracepción, a la que culpan del descenso de la natalidad en Europa, y contra la educación sexual. Hace solo unos meses el voto de los eurodiputados más conservadores tumbó un informe que instaba a los países a incluir esa formación en el currículo educativo y a garantizar el acceso a anticonceptivos baratos; también al aborto seguro. La campaña de los lobbies que se oponen a los derechos sexuales, que defienden, entre otras cosas, que solo las familias —y no los Gobiernos— puedan decidir cómo educar a los hijos en estos temas, fue legendaria.

En España, apunta Luis Enrique Sánchez, presidente de la Federación Española de Planificación Familiar Estatal (FPFE), se dan los dos factores sobre los que alerta el director de la UNFPA. “La nueva ley del aborto hará retroceder al país tres décadas en derechos reproductivos”, asevera. El anteproyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, elimina la opción de las mujeres a decidir libremente interrumpir su embarazo —posible ahora hasta la semana 14 de gestación— y permitirá el aborto solo bajo dos supuestos: violación o riesgo para la salud física o psicológica de la mujer. La ley Gallardón supone, además, un alejamiento de los modelos vigentes en la mayoría de la UE, donde la mujer puede abortar sin alegar ninguna razón durante las etapas tempranas del embarazo. “Además de la regresión en derechos, estamos ante un anteproyecto de ley que no tiene ningún contenido relacionado con la prevención de embarazos no deseados o salud sexual y reproductiva”, incide Sánchez.

Raquel Hurtado, del área joven de la FPFE, incide en otro ángulo que empaña también las perspectivas de un país donde se registran más de 112.000 abortos al año. A pesar de que España no estaba muy boyante en servicios de salud sexual, el número de centros ha menguado desde 2010, cuando se iniciaron los recortes en las partidas de Sanidad y Educación. En Madrid, por ejemplo, dos servicios especializados en jóvenes han cerrado, otro ha recortado sus horarios, varios se han reconvertido en otro tipo de clínicas menos especializadas y todos han reducido su personal. Lejos queda España del modelo sueco. Tampoco cumple la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que marca que debe haber un centro de atención a la sexualidad por cada 100.000 habitantes menores de 29 años. En todo el país solo hay una docena; en Alemania, por ejemplo, son más de 200.

En España, además, no hay ni rastro de educación sexual en el currículo educativo. Tampoco intención de incluir esa materia. Mucho ha llovido desde que en 1983 el Gobierno socialista de Felipe González aseguró que incluiría como materia educativa la información sobre anticonceptivos en bachillerato y formación profesional. Nunca ocurrió. Ni su Ejecutivo ni los venideros lo hicieron. Lo más cercano fue meter ciertos contenidos en la difunta Educación para la Ciudadanía, que el Gobierno de Mariano Rajoy suprimió el curso pasado.

Y mientras algunos países de la UE están relajando sus esfuerzos en prevención, otros, sobre todo de América Latina y el Caribe, intensifican sus esfuerzos para atajar el embarazo adolescente. Esa región es la única en la que los partos de niñas de menos de 15 años aumentaron en la última década. En Colombia, Bolivia, Honduras o El Salvador más de un 20% de las mujeres de entre 20 y 24 años ha dado a luz antes de los 18. Un panorama similar al de Paraguay, donde el Gobierno ha ideado una especie de bonos gratuitos para que los jóvenes puedan acceder a la contracepción.

La Conferencia de El Cairo de 1994 definió los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos. También fijó metas claras para dar poder a las mujeres. Una de ellas, proporcionarles los medios para poder decidir libremente sobre su maternidad. Veinte años después, las mujeres de Sierra Leona, Bangladesh o Zambia aún deben pedir permiso a su marido para ir al sanitario que podría prescribirles anticonceptivos. La mayoría de ellas ni siquiera puede permitirse aplicar la receta de la abuela de Jenny Tonge.

Fuente: El País.

El niño trabajador es el pobre del futuro

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Protesta por el trabajo infantil en Bolivia. / andrea martínez (afkaphotos)

  • Países latinoamericanos debaten abolir o regular el trabajo infantil
  • Muchos menores reclaman su derecho a tener ingresos para subsistir
  • La pobreza es causa del empleo temprano y también su consecuencia

Paula Chouza 26 FEB 2014 - 21:47 CET


Hace apenas dos meses los niños bolivianos sorprendieron al mundo pidiendo la paralización de una ley que les impediría seguir trabajando. Después de que sus manifestaciones fueran repelidas de forma violenta por las fuerzas de seguridad en las calles de La Paz, el presidente Evo Morales accedió a reunirse con ellos y apoyó la retirada del Código de la Niñez y Adolescencia, una norma elaborada con el fin de garantizar su derecho a estudiar, tener acceso a servicios de salud y educación, pero que en su texto inicial prohibía el trabajo a los menores de 14 años.

Desde entonces, el proyecto se debate en una comisión integrada por niños y políticos en la Asamblea Legislativa Plurinacional. La reacción adversa de organismos internacionales ha puesto en aprietos a los parlamentarios, que se enfrentan al reto de lograr conciliar el nuevo código boliviano con los tratados de la Organización Internacional del Trabajo —que prohíbe el empleo a los menores de 15— y el texto de la Convención de la ONU sobre Derechos de la Infancia: “El derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

El debate planteado en Bolivia, donde el Movimiento de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (UNATsBO) tiene presencia desde 2000, se repite, aunque con matices y distinta intensidad, en toda América Latina. El empleo infantil en la región es una realidad. Alrededor de 12,5 millones de niños, el 8,8% de la población infantil, desempeña algún trabajo, según datos de la OIT. De estos, 9,6 millones realizan labores peligrosas, que son aquellas que se realizan en condiciones peligrosas o insalubres que pueden causar la muerte, una lesión o una enfermedad.

“El último informe global de octubre en la tercera conferencia mundial contra el trabajo infantil habla de 168 millones de niños trabajadores en todo el mundo, el 10,7%. En Asia hay 77,7 millones y la tasa es del 9,3%, en África subsahariana es un 21,4% y en Europa y los países de ingresos medianos altos o altos, la incidencia del trabajo infantil resulta menor. El factor número uno del trabajo infantil es el económico, pero también hay otras causas ligadas a la cultura, donde el empleo forma parte de la organización familiar, como ocurre en los países andinos”, expone Guillermo Dema, especialista para América Latina y el Caribe en Empleo Juvenil y Trabajo Infantil de la OIT.

“Las cifras de América Latina están por debajo de la tasa global. En los últimos años ha habido un descenso pronunciado en el número de niños trabajadores, pasando de 20 millones en 2000 a 12,5 en el último informe”. Pero los cambios van más allá: “También hemos avanzado en el compromiso y la voluntad política de los países”. En este sentido, en toda América Latina han ratificado los convenios de la OIT 182 —sobre las peores formas de trabajo infantil— y 138 —que establece la edad mínima de admisión al empleo (15 años con algunas excepciones). Todos los Estados menos uno, México, que todavía no ha suscrito el 138 porque para ello es necesario modificar la Constitución nacional, donde se recoge que “queda prohibida la utilización del trabajo de los menores de 14 años”. En la actualidad 3,6 millones de niños trabajan en el país.

Uriel Cabello, oficial de Save the Children en México, explica que el cambio constitucional genera una polémica: “Todos los niños de 14 quedarían desplazados, no serían reconocidos como trabajadores, lo que los condena a una situación de irregularidad porque no van a dejar de trabajar”. El centro histórico y los barrios nobles de la Ciudad de México se llenan por las tardes de pequeños vendedores ambulantes que recorren las terrazas de los bares en busca de compradores de caramelos, cacahuetes y lápices que cargan en una caja a menudo demasiado grande para ellos. Aldo Gallegos, coordinador del proyecto de Save the Children en el centro de la capital mexicana, explica que el comercio informal es una de las actividades principales que mantiene a las familias que llegan de Estados aledaños.

“En el programa atendemos a 1.800 niños. El 60% trabaja en el puesto familiar o están empleados por alguien más en las tiendas. Nuestra labor se centra en la prevención de la violencia en el interior de las familias: identificamos casos de riesgo, los canalizamos con un psicólogo y les damos seguimiento. También realizamos talleres con padres sobre los derechos de los niños”. El trabajo de Save the Children viene a cubrir el vacío de las instituciones públicas. “El DF no cuenta con personal ni infraestructura para ocuparse de la problemática. Pese a la imagen internacional que tiene la capital en cuanto a desarrollo, vemos que en el corazón de la ciudad, a espaldas del Palacio Nacional, hay situaciones de enorme atraso: en cuartos de 12 metros cuadrados viven hasta 15 personas hacinadas. En estos ambientes se dan actividades de narcomenudeo y prostitución”, explica el responsable.

Para el especialista regional de la OIT, Guillermo Dema, el debate generado en Bolivia desde diciembre pasado está siendo planteado por “un sector minoritario pero que tiene fuerza porque está organizado”. Desde su punto de vista, la polémica no es nueva. “Forma parte de la historia de la propia humanidad. Basta con mirar lo que pasaba en los países industrializados en el siglo XIX”. La postura de la Organización Internacional del Trabajo es firme al respecto: “La OIT regula el trabajo infantil estableciendo una edad mínima por debajo de la cual no se debe trabajar, con la intención también de proteger a los niños de entre 15 y 18 años. El intentar regular condiciones por debajo de esta edad en nada favorece a los niños, sino que genera un círculo de pobreza y explotación”.

El Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (MOLACNATS) abarca a 8.000 niños organizados en nueve países de la región. Perú, Paraguay, Colombia y Bolivia fueron las naciones fundadoras, pero en los últimos 10 años se han incorporado Argentina, Chile, Guatemala, Nicaragua y Venezuela. Para el sindicato infantil, el criterio de la edad no debe ser el que regule el acceso al empleo. “La legislación o la prohibición en función de los años no resuelve el problema, sino que invisibiliza a una gran parte de la población que ya está trabajando”, explica Ángel González, colaborador del secretariado de MOLACNATS desde 2011.

La cúpula del movimiento, alojada hasta finales de 2014 en Venezuela, está compuesta por cuatro delegados adolescentes trabajadores y un joven, el secretario, que comenzó siendo menor pero ahora ya es adulto. “Ninguna política, inclusive las de erradicación, se puede llevar a cabo sin escuchar a los niños. El Movimiento no hace una defensa del trabajo, sino de los niños trabajadores”.

González considera que en toda Centroamérica hay una fuerte aplicación de las políticas de prohibición. En el caso concreto de Venezuela se registra una de las tasas de trabajo infantil más bajas de la región, aunque con un creciente número de adolescentes, entre 10 y 15 años, que ni estudia ni trabaja, según datos de Unicef. La noche que Hugo Chávez fue elegido por primera vez presidente, el 6 de diciembre de 1998, el comandante prometió quitarse el nombre si al año siguiente alguno de ellos seguía de mendigo. No hace falta decir que nunca cumplió su promesa, pero el Gobierno puso mucho empeño en reducir ese indicador lo más posible. Las instituciones venezolanas, sin embargo, no sobresalen por su transparencia y todas están subordinadas en los hechos al Ejecutivo. Por esas razones, en 2011 la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes enumeró los asuntos pendientes a Naciones Unidas antes del Examen Periódico Universal (EPU) de aquel año: un estudio para evaluar avances y dificultades obtenidas en la garantía de derechos de los niños y adolescentes; y la creación de un sistema estadístico nacional para infantes y adolescentes que permita monitorear los avances obtenidos.

Las estadísticas de Venezuela van en la misma línea que las de Argentina. Un estudio de 2004 decía que el 6,6% de los menores de 16 años trabajaba. En 2012, tras varios años de crecimiento económico, bajó al 2,2%. El ministro de Trabajo de los casi 11 años de Gobiernos kirchneristas, Carlos Tomada, adjudica la caída a la reducción del paro, la fiscalización contra el trabajo informal y la asignación universal por hijo, por la que los padres desempleados o con empleo en la economía sumergida reciben 57 euros mensuales por cada menor de 18 años a cambio de enviarlos a la escuela y a los controles médicos básicos.

Las estrategias para luchar contra el trabajo infantil son variadas. En Colombia, el Gobierno implementa un plan para la prevención y erradicación de las peores formas de trabajo infantil como la prostitución, el tráfico de estupefacientes y reclutamiento forzado. Una de las acciones más recientes es el desarrollo de una aplicación para móviles en colaboración con la empresa privada. Esta herramienta, llamada Aquí estoy, permite que desde cualquier teléfono inteligente se pueda denunciar la presencia de un niño trabajador. Hasta la fecha, ha recibido más de 5.000 alertas. En el país, las últimas cifras oficiales dan cuenta de la existencia de 1,1 millones de niños trabajadores entre los 5 y los 17 años, una tasa del 9,8%. La mayoría desempeña sus labores en hoteles, comercios y restaurantes. Además hay 1,7 millones de menores que realizan oficios en el hogar durante más de 15 horas a la semana, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. ¿Las razones? A la mayoría le gusta trabajar para tener su propio dinero y para aportar económicamente a su familia.

En Perú, el Instituto Nacional de Estadística e Informática dice que 1,8 millones de jóvenes de 6 a 17 años trabajan: el 23.4% de los niños. Hay una gran cantidad de menores que trabajan en minería ilegal en varios departamentos del país, y también en transporte de droga (les llaman cargachos, traqueteros o mochileros) pero no figuran en las cifras oficiales. Cada vez hay más menores de edad detenidos por traslado de droga. Para revertir la tendencia, en 2012 el Gobierno aprobó por decreto la Estrategia Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil 2012-2021.

Eliminar el trabajo infantil es también prioridad para el presidente Rafael Correa. Ecuador presume de ser el primer país en Latinoamérica que consiguió erradicar el trabajo infantil en basureros, en 2011. Un año más tarde, el Ministerio de Relaciones Laborales y el sector privado, con el apoyo de Unicef, crearon una red que lleva como lema Un Ecuador libre de trabajo infantil.

Las cifras indican que en Ecuador 359.000 de ellos, el 8,56% de la población infantil, aún trabaja. La cifra se redujo considerablemente desde 2006, cuando el 17% de los niños estaban empleados en Ecuador.

Karin Van Wijk, coordinadora general de la organización Defensa de los Derechos de los Niños y Niñas Internacional en Costa Rica, explica que el número de niños trabajadores se redujo de 113.000 en 2001 a 47.500 en 2011. “Podemos decir que en 10 años hubo una gran mejoría, pero los expertos lo asumen con cautela, pues subrayan que hay una gran invisibilización”.

En el caso de Chile, según el último informe de la OIT, existen 219.000 niños trabajadores, el 5,8% de la población. En Brasil, más de un millón de niños de 10 a 14 años realiza algún tipo de trabajo. Las acciones para erradicar el empleo infantil y dar alternativas apenas han tenido éxito: en los últimos diez años el Gobierno recortó en menos de un 10% la proporción de niños brasileños que trabajan, que pasó del 6,6% al 6,2% en el conjunto del país.

Para Guillermo Dema, de la Oficina regional de la OIT, los retos para revertir la situación son varios: luchar contra la inequidad social y la desigualdad, una mayor inversión en educación de calidad y el desarrollo de políticas sociales inclusivas. “No olvidemos que la pobreza es una de las causas del trabajo infantil, pero también una de sus consecuencias: perpetúa el círculo. Los niños trabajadores de hoy serán los pobres del futuro”.

Con información de Mabel Azcui, Alfredo Meza, Rocío Montes, Álvaro Murillo, Jacqueline Fowks, Elizabeth Reyes, Soraya Constante y Alejandro Rebossio

Fuente: El País.

Más de 7 millones de mujeres son madres antes de los 18 años

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 Faiz, de 40años, y Ghulam, de 11, en su casa de Afganistán antes de casarse. UNFPA.
 Faiz, de 40 años, y Ghulam, de 11, en su casa de Afganistán antes de casarse. UNFPA.

  • Un informe de la ONU advierte de que los embarazos adolescentes son "un pasaporte directo a la pobreza"

ANNA FLOTATS Madrid 30/10/2013 11:38

Cada año, 7,3 millones de niñas en países en vías de desarrollo dan a luz antes de los 18 años. Es la principal conclusión del estudio sobre el estado de la población mundial 2013, publicado hoy por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

El informe, titulado Maternidad en la niñez: enfrentar el reto del embarazo en adolescentes, señala que de dos de estos 7,3 millones de niñas paren antes de los 14 años. Son las que tienen, además, un mayor riesgo de sufrir partos complicados e incluso morir durante la operación. Alrededor de 70.000 adolescentes en los países en desarrollo mueren cada año debido a complicaciones durante el embarazo y el parto.

Laura Lanski, responsable de Salud Sexual y Reproductiva del UNFPA, ha señalado que las madres adolescentes en países en desarrollo viven en zonas rurales, no vuelven a la escuela tras dar a luz, están casadas con hombres más mayores (la diferencia llega a ascender a los 30 años) y viven aisladas socialmente. "Un embarazo adolescente es un pasaporte seguro para vivir en la pobreza", ha concluido. En los países desarrollados, en cambio, se producen sólo 680.000 nacimientos de madres adolescentes cada año.

Es por ello que el UNFPA reivindica la importancia de la educación, sobre todo para evitar el matrimonio infantil, que está fuertemente asociado con el embarazo precoz. Alrededor de 39.000 niñas contraen matrimonio cada día. "Lo primero es reconocer que la intervención más importante sobre el desarrollo humano que parará esto es la educación de las niñas. Es lo más importante y no consiste sólo en llevarlas al colegio durante uno o dos años, es asegurar que las niñas estén en el colegio y que estarán allí hasta los 18 años. También que tengan acceso a una educación sexual comprensible, que puedan comprender quienes son, cómo es su cuerpo y que puedan tomar decisiones", ha añadido Lanski.

Sin embargo, estos programas de ayuda se han visto mermados por la crisis. La aportación de los países al Fondo de Población Mundial de Naciones Unidas ha disminuido y, en consecuencia, también los fondos para los programas de apoyo a niñas de entre 10 y 14 años. "De una lista de 45 países, hemos hecho otra de 20, estableciendo las regiones prioritarias que más necesitan la ayuda", ha señalado Lanski. Por ejemplo, España ha pasado de invertir 33 millones de euros al Fondo en 2010 ha dedicar sólo 4 para 2012 y 2013.

En España, 145 madres tenían menos de 15 años

Según el informe del UNFPA, el costo de oportunidad en la vida relacionado con el embarazo en adolescentes —medido por el ingreso anual sacrificado de la madre a lo largo de su vida— varía entre el 1% del PIB anual en China y el 30% del PIB anual en Uganda.

Aunque en los países desarrollados la incidencia de madres adolescentes es menor, fueron 3.219 las mujeres menores de 18 años que parieron en España en 2011. El 6% estaban casadas. Y 145 tenía menos de 15 años cuando dio a luz. De entre esas 3.219, además, un tercio corresponde a adolescentes inmigrantes de las que el 13% estaban casadas en el momento en que fueron madres, según ha especificado hoy, citando datos del INE, la ginecóloga e integrante de la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE) Isabel Serrano. En este sentido, ha advertido de que el deterioro económico y de las perspectivas laborales de España pueden conducir a un aumento de la maternidad "precoz".
Fuente: Público.

El Consejo de Europa urge a combatir mejor la trata de personas




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  • Estrasburgo cree que las cifras españolas son solo la punta del iceberg y recomienda que se penalice al cliente de la prostituta obligada

Lucía Abellán Bruselas 26 SEP 2013 - 19:56 CET


España no lucha con eficacia contra la trata de seres humanos, un delito cada vez más presente en la UE. El Consejo de Europa, órgano que vela por los derechos humanos en el continente, ha examinado por primera vez la estrategia española, que juzga insuficiente. Falta un plan nacional que incluya a todas las víctimas de tráfico (no solo a inmigrantes o a mujeres sometidas a explotación sexual), así como especialistas que se hagan cargo. El texto, al que ha tenido acceso este diario, recomienda a las autoridades que penalicen la demanda de servicios como la prostitución.

Durante años España ha abordado la trata de personas como un elemento más de la inmigración irregular. Pero el Consejo de Europa considera errónea esa aproximación, porque deja fuera una buena parte del colectivo afectado (españoles o ciudadanos comunitarios) y también el tráfico vinculado a la explotación laboral. Solo desde diciembre de 2010 España considera delito la trata en sí misma y, pese a todo, sigue aplicando un plan de acción elaborado en 2009 y prorrogado hasta ahora.

“España tiene que hacer mucho más, sobre todo en lo que concierne a la explotación laboral. Y no solo con ciudadanos que vienen de fuera, sino con otros que circulan dentro del propio país”, alerta Petya Nestorova, secretaria general del grupo de expertos del Consejo de Europa que lucha contra la trata. Al mirar las cifras españolas, la explotación laboral parece un elemento secundario (el 18% de los casos identificados), al igual que el tráfico de niños (4,6%). Pero esta experta advierte de que los datos no son creíbles: las víctimas identificadas pasaron de ser 1.605 en 2010 a solo 234 en 2011. Y en 2012 volvieron a subir a 495. “Esos datos son solo la punta del iceberg”, subraya Nestorova.

La evaluación sobre España, basada en un intenso trabajo de campo realizado hace un año y que se divulgará hoy, resulta más negativa que las de otros países. La secretaria del grupo de trabajo ofrece una pista de los motivos: “Todos los países que luchan con éxito contra la trata cuentan con muchos especialistas”. Por el contrario, España apenas dispone de personal; en la fiscalía hay 50 personas que coordinan este tipo de delitos y en las ONG también escasean.

El Consejo de Europa lanza una controvertida recomendación a las autoridades españolas: penalizar la demanda de servicios que se nutran del tráfico de personas. Principalmente la prostitución. Pero Nestorova admite que en algunos casos castigar al cliente (como hace Suecia) “puede conducir a un descenso en la identificación de víctimas”.

Fuente: El País.

Derribando el bulo de ‘los Cantó’

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  • Las estadísticas desmienten las polémicas declaraciones del diputado de UPyD
  • Ni la mayoría de denuncias por malos tratos son falsas ni un tercio de los muertos a manos de sus parejas son hombres
  • Toni Cantó pide perdón por sus palabras en Twitter
María R. Sahuquillo / Elena G. Sevillano25 FEB 2013 - 23:06 CET
 
 
Una víctima, durante su estancia en un centro de acogida a mujeres maltratadas de Madrid. / Gorka Lejarcegi


Los bulos en torno a la violencia de género son casi tan antiguos —o más— como la propia ley integral que, desde hace ocho años, intenta luchar contra esta lacra: mujeres que tratan de obtener beneficios mediante denuncias falsas por malos tratos, que hay tantos hombres que sufren violencia en el hogar como las mujeres, que la justicia siempre las beneficia a ellas... Ayer, su altavoz fue Toni Cantó, portavoz de UPyD en la comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados. “La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas. Y los fiscales no las persiguen”, dijo en su cuenta de Twitter. “Casi el 5% de los mayores de 18 años ha pasado por un procedimiento judicial por violencia de género y por dependencias judiciales sin pruebas”, siguió en una sarta de frases sentenciosas en la misma línea.

Se trata de argumentos recurrentes para un ruidoso, aunque minoritario, círculo de asociaciones de personas que se consideran perjudicadas por la ley de violencia contra la mujer y que ayer se vieron súbitamente amplificados por las palabras del diputado. Falacias que provocaron una densa polvareda en las redes sociales y que obligaron a instituciones y expertos a desmentir y desmontar, una por una, las premisas de los Cantó de turno.

Bastó acudir a las estadísticas oficiales sobre este asunto. El portavoz de Igualdad de UPyD, que se presenta también como actor y pedagogo teatral, se reunió ayer por la mañana con la Federación de afectados por las leyes de género (Feder.Gen). Fue una de tantas reuniones con lobbies, instituciones o expertos que mantienen a diario los diputados. El problema fue que Cantó dio por bueno lo que le contaron hasta el punto de reproducir las afirmaciones en su cuenta de Twitter como si se tratara de verdades contrastadas —alguno de sus tuits empezaba con un ¿sabías que...?—. Una portavoz de su partido se aprestó a señalar que “por supuesto no es la postura oficial de UPyD” y a dejar claro que los datos procedían de la mencionada asociación. Cuatro horas después, Cantó pidió perdón en Twitter: “Pido disculpas. Me he equivocado al dar por contrastados unos datos de Feder.Gen sobre un tema tan grave como es la violencia de género”.


Contrastados o no, no es la primera vez que el diputado de UPyD se alza con posturas de esa índole. En algunos de sus discursos en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados ha pedido al Gobierno que no “dé la espalda a las denuncias falsas”. También que deje de legislar “contra los hombres” y que repare la “ineficaz e injusta” ley integral que está basada en la “asimetría penal”. Un concepto que ha usado también la líder del partido, Rosa Díez, para criticar la normativa, que trató de enmendar en el Congreso. Razonamientos —a los que se han llegado también a sumar un puñado de jueces muy contrarios a la normativa— que siempre caldean el debate en torno a un verdadero problema social, el del machismo, que este año se ha llevado por delante las vidas de seis mujeres.

A pesar de su sonoridad, es relativamente sencillo desmentir los datos en los que se sustentan los reproches de los más críticos. No es cierto que la mayor parte de las denuncias por violencia de género sean falsas. Lo dice la Fiscalía General del Estado, que en su memoria de 2012 señala que lleva estudiando desde 2009 “lo que se ha venido en llamar ‘denuncias falsas’ en relación con aquellos supuestos en los que las ‘hipotéticas’ víctimas de maltrato interponían denuncias contra su agresor por hechos que no se habían producido, con el objetivo final de obtener los privilegios de carácter asistencial recogidos en la ley”. La memoria concluye: “De las 135.540 denuncias interpuestas en el año 2009, podemos concluir que inicialmente las supuestas denuncias falsas que pudieran haberse interpuesto son 13. Lo que supone que durante 2009 las posibles acusaciones y denuncias falsas suponen el 0,0096% del total de las denuncias interpuestas”. Los datos son similares para 2010 (10 denuncias consideradas falsas) y 2011 (19).

La delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Blanca Hernández, incide en que los casos de denuncia falsa en torno a los malos tratos son ínfimos: “Las denuncias falsas están contempladas en el Código Penal, tanto como un delito de denuncia falsa como por falso testimonio. Hay herramientas jurídicas para combatirlas y así se hace”.

La presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Inmaculada Montalbán, aclara que no se puede confundir la absolución de un acusado con una denuncia falsa. “Una sentencia absolutoria o sobreseimiento no quiere decir que una denuncia es falsa. Quien diga lo contrario es que no conoce el funcionamiento del sistema judicial. Puede haber absoluciones por falta de pruebas, por ejemplo”. Tampoco, incide, puede asociarse a las mujeres que se retiran de los procesos, las llamadas renuncias. “Un gran número de mujeres decide apearse del proceso judicial por miedo, por dependencia emocional o por dependencia económica”, apunta Montalbán. Son, según el CGPJ, alrededor de un 12%. Una realidad que no decae, a pesar de años de campañas. “Con los datos en la mano, lo que nos tiene que preocupar es el silencio de las mujeres. El 80% de las víctimas mortales de esta lacra, el último eslabón del maltrato, no había interpuesto denuncia alguna contra su agresor”, sigue Hernández.

¿Por qué si tanto las instituciones como las estadísticas rebaten el mantra de las denuncias falsas sigue siendo tan recurrente? “Es uno de los argumentos que se abandera desde determinados sectores cada vez que se dan pasos adelante en materia de igualdad, así tratan de frenar la lucha contra la violencia de género. Intentan difundir que las mujeres se benefician por presentar una denuncia”, afirma Susana Martínez, abogada y presidenta de la Comisión de Estudio de los Malos Tratos a Mujeres, especialmente preocupada por el hecho de que haya sido un diputado el que haya resucitado la polémica.

Y aquí, pero ampliado, llega otro de los bulos que corren en páginas web como maltratosfalsos.com: el supuesto pago de la Unión Europea de una cantidad a España por cada denuncia por malos tratos presentada. Cantó aseguraba ayer en su Twitter que la UE paga 3.200 euros por cada una. “Desde 2004 nos han entrado así 2.080.000.000 euros. Qué Gobierno renuncia a eso?”, se preguntaba. Un rato después, cuando ya le empezaban a llover las críticas, se reafirmaba: “Hablas de denuncias falsas y te dicen que no te importan las muertes de mujeres o te llaman maltratador. Ese es el nivel en nuestro país”.

España recibe de la UE a través del Fondo Social Europeo 10 millones de euros para programas de igualdad; de ellos 1,1 millones se destinan a proyectos de ayuda a mujeres víctimas de violencia machista. “En ningún momento los fondos se supeditan al número de denuncias registradas. Y no solo los recibe España”, aclara la delegada del Gobierno. Y europeos o no, la presidenta de la Comisión de Malos Tratos indica, además, que los fondos para los programas que asisten a mujeres víctimas de la violencia de género son cada vez más escasos. La lucha contra el machismo también acusa los recortes.

“Sabías que un tercio de las muertes por violencia doméstica en España son hombres?”, decía ayer en Twitter Cantó. Según datos del CGPJ hasta 2011, los hombres son un 9% de las personas muertas a manos de sus parejas, y no un tercio como dice Cantó. Y el diputado añade, en un mensaje confuso: “En 2010 se suicidaron en España 2.456 hombres, un total del 78,09% del total, aproximadamente el 70% de ellos estaba en proceso de separación”. La cifra de suicidios procede del Instituto Nacional de Estadística; la relación con las separaciones se apunta en el informe de Feder.Gen.

La presidenta de esta organización, Inma Ocaña, confirmó ayer a este diario que en la reunión entregaron a Cantó un “informe”, elaborado por ellos mismos, basado a su vez en “otros informes”. Al preguntarle en qué fuente se basan para afirmar que la mayor parte de las denuncias de género son falsas, Ocaña respondió: “En datos que tenemos nosotros”. Tras volver a preguntarle cuáles son esos datos, puso al teléfono al tesorero de la asociación, que señaló que disponen de un “dossier” en el que figuran todas las fuentes. No es así, al menos en el caso del 70% de suicidas en proceso de separación. El dossier, de 59 páginas, mezcla datos y opinión, y básicamente se limita a copiar y pegar otros documentos.

La secretaria de Igualdad del PSOE, Purificación Causapié, pidió ayer la dimisión inmediata de Cantó, “por insultar a las mujeres víctimas de la violencia de género, acusándolas de cometer un delito como es presentar denuncias falsas”. La vicesecretaria general de los socialistas, Elena Valenciano, contestó en otro tuit a Cantó: “Espero que Rosa Díez (UPyD) diga y haga algo sobre los disparates de su diputado Cantó acerca de la violencia de género”. La formación de Díez, en su programa electoral de 2011, en el apartado de Justicia, pedía entre sus propuestas que se suprimieran los juzgados especializados en violencia de género.

Fuente: El País.

Informe Violencia Escolar: el maltrato entre iguales

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Informe  Violencia Escolar: el maltrato entre iguales en la Educación Secundaria Obligatoria  1999-2006

       Elaborado por el Defensor del Pueblo en colaboración con Unicef, que compara otro de 1999, con 3.000 alumnos encuestados y 300 jefes de estudios de otros tantos centros de todo el país.

· Uno de cada cuatro alumnos de ESO teme ir a clase por miedo a los compañeros y a las tareas escolares
· ... ha tenido miedo alguna vez de ir al centro escolar
· ... teme ir a clase por sus compañeros y la tarea escolar

· Unos 100.000 alumnos de ESO pegan alguna vez a sus compañeros
.

· 97.000 alumnos españoles reconocen que pegan a sus compañeros de clase..

· Casi 30.000 alumnos extranjeros de ESO se sintieron excluidos por sus compañeros el curso pasado.

· Uno de cada tres alumnos de la ESO es víctima de insultos y motes despectivos.

• El 10% de las víctimas de violencia escolar en Secundaria ocultan el problema.

En conferencia de prensa, el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, dijo que la incidencia del maltrato ha 'mejorado' en 'términos generales', sobre todo en las agresiones más frecuentes y menos graves, ya que el maltrato verbal (insultos y motes) se reduce en más de un 30 por ciento.


No obstante, uno de cada tres alumnos sufre violencia verbal, según la directora del estudio, Esperanza Ochaita.

'Esta mejoría de la situación no debe llevarnos a un engañoso optimismo', advirtió Múgica, ya que en 'todos' los centros estudiados se da el acoso y casi todas las formas de maltrato, aunque en niveles proporcionales inversamente a la gravedad.

En el caso del miedo diario a las clases, el motivo principal son los compañeros (84,2 por ciento), así como cuando el temor se siente a menudo (66,7 por ciento) y menos si es alguna vez (40,5 por ciento).

Bajan los que dicen sentir miedo alguna vez (desde el 29,7 por ciento) y no varían los otros casos.

Más de la mitad de los escolares declara que hay 'bandas de alumnos' que se meten con compañeros a veces (43,1 por ciento) o 'frecuentemente' (11,2 por ciento) y un 28 por ciento dice que ha visto enfrentamientos entre grupos.

El 45 por ciento de los entrevistados comenta que proceden de fuera del centro y esto sucede en muchos casos según el 10 por ciento.

El informe indica que el 11,2 por ciento de los alumnos que declara ser víctimas asegura que no se lo comunican a nadie, frente al 16,6 por ciento de 1999.

El 13 por ciento señala que nadie les ayuda (16,7 por ciento en 1999) proporción que aumenta en las agresiones más graves.

Según el documento, las víctimas mencionan más la intervención del profesorado que de las familias, excepto si son amenazas o chantajes y acoso sexual. La implicación de los docentes sube del 10,7 por ciento al 15,3 por ciento.

Más de dos tercios de los agresores dicen que quienes observan los malos tratos permanecen notablemente pasivos o animan (25 por ciento).

Las víctimas confían más en los amigos para contarlo, aunque menos que en 1999 (pasa del 67,1 por ciento al 60,4 por ciento).

Aumentan quienes lo comunican al profesorado
(del 8,9 al 14,2 por ciento) y aquellos que reciben ayuda de algún docente (del 11 al 15 por ciento).

También crecen del 43,7 al 48,7 por ciento los alumnos testigos que quieren cortar un maltrato cuando se trata de un amigo y los que informan a un adulto (de 9,1 al 12,5 por ciento).

Apenas varían los profesores que han presenciado malos tratos entre alumnos, y suben los que redactan partes de incidencias; los que ponen en marcha planes preventivos (del 26 al 68 por ciento) y aquellos que aplican programas de intervención (del 19 al 47 por ciento).

La presidenta de Unicef España, Consuelo Crespo, indicó que, según las víctimas, los insultos bajan del 39 al 27 por ciento; los motes ofensivos, del 38 al 27 por ciento; ignorar a otro, del 14,2 al 9,5 por ciento; esconder cosas a un compañero, del 22 al 16 por ciento; el acoso sexual, del 2 al 0,7 por ciento; y amenazar para atemorizar se coloca en un 9,8 por ciento.

Cuando responden los agresores, la violencia verbal desciende del 39 al 27 por ciento, la física (pegar) del 7,3 al 5,3 por ciento, y las amenazas para atemorizar del 7,4 al 4,3 por ciento.

Entre los inmigrantes (se pregunta por vez primera por el origen) el 20 por ciento (el doble que los españoles) aseguran que son ignorados por los compañeros; y el 1,9 por ciento son amenazados con armas como palos y navajas (0,4 por ciento entre los españoles).

Estos alumnos son más víctimas que agresores, si bien el número total en la muestra no es relevante y carece de rigor.

Entre los dos estudios se aprecian constantes como que los chicos (violencia física y verbal) son más agresores que sus compañeras (maledicencia).

El maltrato es más frecuente en los primeros cursos de la etapa; y se da por igual en todas las CCAA, el campo y la ciudad
.

Casi la mitad de los estudiantes dice que los alumnos se meten con los profesores a veces.

Ochaita pidió que los datos y los casos se traten con prudencia para no crear alarmas sociales injustificadas. EFE

Fuente: http://argijokin.blogcindario.com/2007/02/06040-informe-violencia-escolar-el-maltrato-entre-iguales-
en-la-educacion-secundaria-obligatoria1999-2006.html