Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas

Vientres de alquiler: sí, pero no aquí

Instituto Europeo Campus Stellae
Formación en prevención e intervención de Violencia y Maltrato
www.campus-stellae.com
info@campus-stellae.com

+0034 981 522 788



  • La gestación subrogada está prohibida en España, pero cerca de 1.000 niños nacidos de vientres de alquiler en el extranjero son inscritos cada año en nuestro país. 
  • La regulación de esta práctica divide a los partidos y deja solas a miles de parejas ante un limbo legal. 
  • Ángela nos cuenta su caso: una carrera de obstáculos con final feliz.

ANNA FLOTATS

MADRID.- Para el centro-derecha político es un modelo "basado en la libre determinación del ser". Para la izquierda, una "vulneración de los derechos de las mujeres". Y para muchos de los que viven al margen del debate parlamentario, una posibilidad de lograr lo que más desean. La gestación subrogada —más conocida como los vientres de alquiler— es una técnica de reproducción asistida en la que una mujer lleva el embarazo del hijo de otra persona y, como la mayoría de debates sobre salud reproductiva, no logra poner de acuerdo al arco parlamentario.

Esta división se escenificó recientemente en la Comunidad de Madrid, cuando la Asamblea rechazó la Proposición No de Ley (PNL) de Ciudadanos que pedía regular esta técnica —hoy prohibida en España pero contemplada en la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida— para que cualquier tipo de familia pueda acceder a estos tratamientos en nuestro país y se garantice la seguridad jurídica y los derechos de todos los implicados. El texto incluía una enmienda del PP para "prohibir el lucro" del proceso, pero fue rechazada por el PSOE y Podemos. La división incluso se hizo patente en el seno de los partidos: en el PP, un diputado votó en contra y dos se ausentaron. Igual que una parlamentaria del PSOE, que tampoco pulsó el botón.

Ángela (nombre falso), votante del PSOE que ahora simpatiza con Podemos, no daba crédito: "Tanto años luchando porque nos dejen decidir lo que hacemos con nuestro cuerpo en el caso del aborto, pero si una mujer decide ayudar a otra con el suyo, ahí no nos dejan decidir", critica a Público. Ángela y su pareja, ambos entorno a la cuarentena, se adentraron en el universo de las alternativas a la maternidad biológica en 2012. Descartada esa vía, la primera opción a la que recurrieron fue la adopción nacional que gestionan las comunidades autónomas. En Madrid, el periodo de solicitudes se abrió por última vez en 2008. "En ese tiempo, de las 2.000 familias apuntadas en 2008, habían adoptado 300 y el cupo estaba cerrado". Fue entonces cuando se plantearon la maternidad subrogada, hoy en día sólo permitida en algunos estados de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, México, Rusia, Tailandia, Ucrania, Georgia y Kazajistán.

"En la universidad de San Francisco nos pedían 150.000 euros —para sufragar los viajes, la estancia, la hospitalización y el parto—, aunque el precio final está sujeto al número de intentos dado que el método no es seguro al 100%", recuerda Ángela. En ese caso, el dinero se entregaba íntegramente a la madre, una condición que, por ejemplo, en Gran Bretaña ya es obligatoria. En Estados Unidos, las mujeres gestantes tienen que ser madres y acreditar unos ingresos elevados para garantizar que ninguna mujer inicia este proceso por necesidad económica.

"Esa cantidad, 150.000 euros, era como pedir una hipoteca y no todo vale", argumenta Ángela. En India —donde desde el año pasado los vientres de alquiler están limitados a matrimonios indios infértiles— les pedían 50.000 euros y en Ucrania, aún menos. Recurrir a países en los que la pobreza empuja a muchas mujeres a someterse a este tipo de tratamientos no les convencía y finalmente desecharon la idea. También les influyó el hecho de que, una vez en España, constaría como padre del crío uno de los progenitores españoles y el otro debería adoptar al bebé. Eso se debe a que en 2010, una instrucción de la Dirección General de los Registros y el Notariado estableció que los niños nacidos mediante gestación subrogada podían ser inscritos como españoles en el Registro Civil si habían nacido en un país en el que la técnica estuviera regulada, si uno de los padres era español y si una sentencia judicial garantizaba la legalidad del proceso, algo que sólo sucede en Estados Unidos.

Sin embargo, en 2014, una sentencia del Tribunal Supremo lo cambió todo. El fallo estableció que este tipo de registros burlaban la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida de 2006 — que establece que "el contrato por el que se acuerda la gestación" (...) es "nulo a pleno derecho"— y se empezaron a paralizar y denegar inscripciones. Durante ese periodo sólo podía constar como progenitor uno de los dos miembros de la pareja y el otro deba adoptar al bebé, pero otra sentencia modificó de nuevo el escenario. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó a Francia por no reconocer la paternidad de parejas que habían tenido hijos mediante un vientre de alquiler en Estados Unidos y fue entonces cuando el Ministerio de Justicia dio la orden de volver a permitir las inscripciones como se habían tramitado hasta entonces. Según la Asociación Son Nuestros Hijos, los consulados españoles registran alrededor de 1.000 niños y niñas nacidos en el extranjero por gestación subrogada. 

Acto altruista "Mientras no sea un negocio [el Parlamento Europeo censura que el cuerpo humano sea objeto de lucro] y si simplemente se pagan los gastos derivados del embarazo y el parto, no entiendo que se prohíba", afirma Ángela, que considera que, tras la votación en la Asamblea de Madrid, se ha perdido la oportunidad de regular este tipo de maternidad. "Podrían haber debatido cómo hacerlo para garantizar que no haya beneficio económico, incluso se podría organizar a través de la Seguridad Social", propone.

Francia, Italia y Japón también prohíben los vientres de alquiler, mientras que países como Austria, Luxembugo o Finlandia la permiten pero no la regulan, como sucede en España con la prostitución. "Prohibiendo el lucro, yo entiendo que la gestación subrogada es un gesto de altruismo, como lo es la donación de órganos en vida y me rechina que se prohíba que una mujer ayude a otra". Colectivos feministas consideran este método "éticamente injustificable" porque las mujeres son tratadas como "máquinas reproductoras".

Desechada la opción del vientre de alquiler, Ángela y su pareja probaron con la adopción internacional. Empezaron los trámites con Polonia, pero esperando a cumplir los tres años de casados que la legislación del país pone de condición para adoptar, se abrió de nuevo el cupo de adopciones en la Comunidad de Madrid y puede que en cuestión de meses tengan en casa a un bebé de hasta un año de edad. 

FUENTE: Público. 

FORMACIÓN RELACIONADA: 

Irán debate dos leyes que reducen a la mujer a “máquinas de hacer bebés”

Instituto Europeo Campus Stellae
Formación en prevención e intervención de Violencia y Maltrato
www.campus-stellae.com
info@campus-stellae.com

+0034 981 522 788



Resultado de imagen de DERECHOS DE LAS MUJERES IRANIES

  • Amnistía Internacional denuncia el riesgo de retroceso de los derechos sexuales y reproductivos de las iraníes

Ángeles Espinosa Dubái 10 MAR 2015 - 16:26 CET


Amnistía Internacional denuncia el riesgo de retroceso de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Irán si se aprueban dos leyes que las reducen a “máquinas de hacer bebés”. De acuerdo con un informe que ha publicado este miércoles, los dos proyectos equivalen a desmantelar los programas de planificación familiar financiados por el Estado, que tan alabados han sido internacionalmente, y consagrar la discriminación de la mujer tanto en el acceso al empleo o la lucha contra la violencia machista. De hecho, ya se han introducido algunas medidas, como la supresión de las subvenciones a los anticonceptivos y de la gratuidad de las vasectomías, que alientan esa preocupación.

“Las leyes propuestas consolidarán prácticas discriminatorias y harán retroceder décadas los derechos de las mujeres y niñas de Irán”, ha declarado Hassiba Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional (AI). En su opinión, “las autoridades están fomentando una cultura peligrosa en la que las mujeres son despojadas de derechos fundamentales y consideradas máquinas de hacer bebés, en lugar de seres humanos con los derechos básicos a decidir sobre su propio cuerpo y su propia vida”.

En Procrearás: Ataques a los derechos sexuales y reproductivos de la mujer en Irán, Amnistía alerta de las consecuencias del giro político respecto al control de la natalidad desencadenado por el deseo del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, de duplicar la población. Su objetivo es alcanzar los 150 millones de habitantes para 2050, según se desprende de varios discursos que ha pronunciado sobre el asunto en los últimos años.

“El retroceso de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Irán se produce tras el sorprendente cambio en la política oficial sobre población que, desde su implantación en 1989, había ayudado a lograr un descenso continuado del índice de fertilidad en el país: de 7 nacimientos por mujer en 1980 a 5,5 en 1996 y 1,85 en 2014”, constata el informe.

Según el análisis de Amnistía, la aprobación del proyecto de ley para Incrementar los Índices de Fertilidad y Prevenir el Descenso de Población “declararía ilegal la esterilización voluntaria y prohibiría la provisión de información sobre métodos anticonceptivos”, dos de los pilares de los programas estatales de planificación familiar que han facilitado los indudables avances sociales de las iraníes y que han sido utilizados como modelo para otros países en desarrollo. Esa norma ya obtuvo el visto bueno del Parlamento el año pasado, pero fue vetada en una instancia superior y ahora se encuentra en proceso de revisión.

“Con la abolición de los programas de planificación familiar y el bloqueo del acceso a servicios vitales de salud sexual y reproductiva, las autoridades expondrán a las mujeres a riesgos graves para la salud y violarán sus derechos humanos”, advierte Sahraoui.

Amnistía señala que eso obliga a las mujeres a llevar a término embarazos no deseados o arriesgar su vida con abortos clandestinos. Estos son una de las principales causas de mortalidad materna. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2008 esas intervenciones sin garantías causaron la muerte a 47.000 mujeres y distintos grados de discapacidad a cinco millones.

El otro proyecto que preocupa es el Plan General de Población y Exaltación de la Familia que los diputados tienen previsto debatir el mes que viene. Según Amnistía, esa ley propone “medidas perjudiciales y discriminatorias dirigidas a fomentar el matrimonio a edad temprana, la maternidad repetida y unos índices de divorcio más bajos, a riesgo de atrapar a las mujeres en relaciones abusivas”. Para esa organización, tal como está redactado, permite la discriminación de las mujeres a la hora de solicitar empleo, especialmente si son solteras o no tienen hijos, dificulta el divorcio y disuade de la intervención policial y judicial en disputas familiares, incluidas las que implican violencia contra las mujeres.

Nada más conocerse ese Plan el año pasado, 650 activistas civiles y simples ciudadanos iraníes firmaron una declaración rechazándolo. Denunciaron que imponía restricciones indebidas a las oportunidades educativas y de trabajo de las mujeres, al priorizar en los contratos a los hombres sobre las mujeres, y a las mujeres casadas y con hijos sobre las solteras o sin descendencia. Amnistía se hace eco de aquellas críticas.

“Los proyectos de ley transmiten el mensaje de que las mujeres no sirven más que para ser amas de casa obedientes y hacer bebés (…) y contradicen la realidad de las mujeres iraníes que hasta hace poco constituían la mayoría de quienes obtenían una licenciatura universitaria y representaban el 17% de la mano de obra del país”, recuerda Sahraoui.

Incluso antes de que las normas se hayan convertido en ley, la voluntad política que subyace tras ellas ya ha empezado a surtir efecto. A raíz del discurso del líder supremo en 2012, el Parlamento revocó la Ley de Planificación Familiar, que era la base del exitoso programa de control de la natalidad. Desde entonces se han suprimido las subvenciones a los anticonceptivos y de gratuidad de las vasectomías, sin que la llegada al Gobierno de Hasan Rohaní en 2013 haya supuesto un cambio en ese sentido.

Amnistía cuestiona las declaraciones de las autoridades de que en Irán hombres y mujeres reciben el mismo trato. La organización asegura que “la violencia sexual y la discriminación de la mujer son frecuentes en Irán, donde se niega a las mujeres la igualdad de derechos respecto del matrimonio, el divorcio, la custodia de los hijos, las herencias, los viajes e incluso a la hora de decidir su indumentaria”.

“Las autoridades iraníes están recurriendo a la ley para tratar de frenar los avances de la mujer en el país”, concluye Sahraoui. Además de controlar su vestimenta, lo que estudian y dónde trabajan, “ahora se inmiscuyen en su vida privada tratando de controlar su cuerpo y de decirles cuántos hijos deben tener”. La responsable de Amnistía pide que se descarten los dos proyectos de ley y se restablezca la financiación de unos servicios de planificación familiar de calidad.
 
FUENTE: El País.
 
FORMACIÓN RELACIONADA:

Cuando no es posible planificar la maternidad

Instituto Europeo Campus Stellae
Becas en Másteres en Violencia Doméstica y de Género, Maltrato al Menor, Violencia Filio-parental o Acoso Escolar.
www.campus-stellae.com
live@campus-stellae.com
+0034 981522788


Dos usuarias debaten sobre anticonceptivos en el centro de planificación familiar de Rubona (Ruanda). / Thomas Imo (Getty Images)


  • Unos 222 millones de mujeres no tienen acceso a educación sexual ni anticonceptivos
  • La mayoría vive en países en vías de desarrollo
  • En la UE las barreras son los anticonceptivos y la educación sexual

María R. Sahuquillo Madrid 4 MAY 2014 - 20:22 CET

Hace 40 años, la única manera que muchas mujeres tenían para prevenir un embarazo no deseado era mantener al hombre bien lejos. “Eso era lo que decían mi abuela, y luego mi madre. El método para controlar el tamaño de la familia era evitar el contacto con el marido...”, recuerda Jenny Tonge. La británica, médico especialista en planificación familiar primero y baronesa y parlamentaria en la Cámara de los Lores, después, creció en una sociedad en la que solo las mujeres casadas podían recibir información sobre anticonceptivos. “En los años sesenta, si no tenías anillo no había nada que hacer, pero aún llevándolo no todas sabían que tenían esa posibilidad”, abunda. En España, la contracepción estaba prohibida para todos. Hombres y mujeres; casadas y solteras. Vender, publicitar o informar sobre preservativos o acerca de las antibaby (como se conocía popularmente a la píldora, introducida en Europa en 1961) estaba penado con arresto y con hasta 200.000 pesetas de multa (1.200 euros).

Aún así, algunos colectivos de mujeres daban información sobre planificación familiar, y los anticonceptivos se conseguían; eso sí, de estraperlo o, en el caso de la píldora, como tratamiento médico para “regular el ciclo menstrual”. Esas prácticas ilegales desencadenaron algún susto, sobre todo en forma de redada. Pero también alguna condena, como la impuesta en 1977 a un hombre por vender preservativos en el Rastro madrileño; algo que suponía, según dijo la sentencia, una “vocación al vicio” y una “ofensa de la moral colectiva”. Sin embargo, la mayoría de los procesos judiciales quedaban en nada, como la acusación contra EL PAÍS por “propaganda anticonceptiva” por publicar un artículo científico sobre métodos de planificación familiar. Un delito por el que la Fiscalía pedía para su director, en aquel momento Juan Luis Cebrián, dos meses de arresto y una multa de 50.000 pesetas (300 euros).

El uso de “procedimientos para evitar la procreación” no se despenalizó hasta 1978 en España. Se autorizó entonces la venta de condones y de la píldora anticonceptiva (con receta médica, como ahora); un método que hoy, con más de 16,5 millones de envases dispensados al año en las farmacias —datos proporcionados por IMS-Health, la consultora de referencia en el sector—, se ha convertido en el segundo método anticonceptivo más utilizado, después del preservativo —unos 60 millones de cajas entre los que se venden en las farmacias y en otros establecimientos de libre servicios, según las cifras facilitadas por Nielsen—.

Como en España, paso a paso el panorama mundial ha cambiado: la sexualidad se ha separado de la reproducción. Al menos en la teoría. Porque, todavía hoy, la receta de abstinencia que aplicaba la abuela de Tonge u otros métodos ineficaces, como el ogino o la marcha atrás, son la única opción para 222 millones de mujeres que no desean quedarse encinta y no pueden acceder a una contracepción moderna; es decir preservativos o, sobre todo (para prevenir el embarazo) anticonceptivos hormonales —píldoras, implantes, parches— o dispositivos intrauterinos, métodos que permiten que ellas no dependan de que su pareja acepte o no ponerse la goma.

La mayoría de esas mujeres vive en países en vías de desarrollo, como radiografía un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Población y Desarrollo (UNFPA). Lugares donde el poder decidir cuándo tener hijos y cuántos se engendran puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para ellas —por los problemas en el parto, la fístula obstétrica o las complicaciones del embarazo adolescente— y para sus hijos.

También en la Unión Europea, 25 años después de que el último Estado miembro —Rumanía— legalizase los anticonceptivos, quedan barreras que derribar para acceder a ellos, y a la información de cómo utilizarlos. En España, un 62% de las mujeres en edad fértil —o sus parejas sexuales— emplean métodos modernos para evitar el embarazo; frente al 82% de las noruegas o el 76% de las suecas. A mitad de camino, las guatemaltecas (un 34%) y, en el otro lado de la balanza, las mujeres de Sierra Leona, país récord de mortalidad materno-infantil, donde menos de un 8% de las mujeres usa anticonceptivos, según los datos de UNFPA, que estos días, junto al Foro Europeo de Población y Desarrollo (EPF) y parlamentarios de 134 países, ha pasado revista a los objetivos de desarrollo y salud sexual y reproductiva fijados en la Convención de El Cairo en 1994.

“La situación de Europa es incomparable con la de los países en vías de desarrollo, pero tampoco hay pleno acceso a la anticoncepción; sobre todo entre los más jóvenes”, apunta Vicky Claes, directora de International Planned Parenthood Federation European Network (IPPF-EN). Las principales barreras en la UE, dice, son la falta de información, la financiación de los anticonceptivos y la escasez de servicios sanitarios especializados para menores; también algunos sistemas que impiden que estos puedan acceder a los servicios de salud sin sus padres. “Y los mitos relacionados con algunos anticonceptivos, como que la píldora engorda o que el preservativo resta placer —aún muy extendidos—, no ayudan”, añade.

En España, donde unas 1.400 adolescentes dan a luz cada año —y unas 13.000 interrumpen su embarazo—, el 35,6% de los jóvenes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphne sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Mientras, solo el 4,5% de los jóvenes finlandeses con pareja no usa ningún método anticonceptivo, como indica el estudio Reprostat, elaborado por expertos de la Comisión Europea.

Las diferencias a escala mundial entre los países ricos y aquellos que no lo son están claras. La pobreza, la inexistencia de sistemas públicos de salud y el lastre de una sociedad patriarcal, que impide a las mujeres tomar decisiones sobre su cuerpo —incluso sobre temas médicos— explican el alarmante dato de que solo un 1% de las sudanesas —por poner un ejemplo— emplea algún método moderno para prevenir el embarazo. Pero ¿cuál es la razón de las brechas de acceso que existen entre los países de un espacio común, como la UE? Algunos datos y modelos las explican: en Portugal, la anticoncepción es gratuita para quienes se registran en los servicios de salud. En Suecia, los anticonceptivos financiados cuestan al año unos 10 euros.

Nada que ver con España, donde las mujeres pagan entre cuatro y ocho euros al mes por las píldoras anticonceptivas financiadas por la sanidad pública; una lista de fármacos que además menguó en julio del año pasado, cuando el Gobierno excluyó de la subvención pública ocho contraceptivos de última generación. Y esos modelos portugués o sueco se comparan peor aún con Eslovaquia, donde el Gobierno aprobó en 2011 una ley que prohíbe financiar anticonceptivos. Estos productos han pasado a considerarse allí desde entonces productos “no esenciales”, como los fármacos para perder peso o los productos para dejar de fumar.

Sin embargo, es en el acceso a la información donde más diferencia existe en todos los países. También entre los europeos. “El coste de los anticonceptivos es un escollo para los jóvenes y más aún en una situación económicamente complicada, pero la base del problema es el conocimiento, la educación sexual y reproductiva; aquello que permite a las personas tener un mejor conocimiento de su cuerpo, de su salud, de su sexualidad y de sus necesidades y las de los demás”, dice Jenny Tonge. La baronesa británica habla delante de una chica que lleva luminosas mechas azules y de otra que se cubre los cabellos con un hiyab. Ambas aguardan en la sala de espera de la clínica de salud sexual para jóvenes del barrio central de Estocolmo, que Tonge visita con la ministra sueca de Cooperación Internacional, Hillevi Engström, y el director de la UNFPA, Babatunde Osetimehin, participantes los tres en la reunión de alto nivel sobre derechos reproductivos celebrada en la capital sueca a la que EL PAÍS acudió invitado por la agencia de la ONU y el EPF.

Las dos muchachas no son las únicas que esperan para entrar en la consulta del centro, donde se da información especializada a jóvenes de entre 12 y 23 años y se les proporcionan métodos anticonceptivos y apoyo psicológico si lo necesitan. La visita es secreta. Ni siquiera los más jóvenes necesitan permiso de sus padres para ir a la clínica y recibir consejo médico. Un punto fundamental para que funcione el proyecto, como destaca Hillevi Engström. “Tener servicios efectivos de salud sexual y reproductiva es clave para el desarrollo de los países y un elemento fundamental para las mujeres. Ayuda a atajar los embarazos no deseados y, por tanto, los abortos, y combate las enfermedades de transmisión sexual. Es, sin duda, una inversión”, afirma.

Al director de UNFPA le gusta el ejemplo sueco que vende Engström; un modelo que también tiene una base de educación sexual. En Suecia, esta formación se convirtió en obligatoria en 1955. Desde entonces, explica la ministra, todos los menores la estudian en la escuela a partir de los 11 años. Osetimehin no llega tan lejos a la hora de opinar si esta información debe ser obligatoria. Él no se sale del lenguaje equilibrista de la ONU, y repite —como lo hacen decenas de declaraciones— que cada Estado es soberano para organizar sus sistemas, pero que la información sobre sexualidad es “una prioridad”. “Hay que fomentar centros de salud sexual especializados en jóvenes, donde puedan acudir no solo a recibir consejo médico, también a ser escuchados. Estos elementos son clave y ni la ideología ni la economía pueden servir para quitar peso a los derechos reproductivos de la agenda política”, afirma, algo más tajante, el médico nigeriano.

Osetimehin habla de crisis porque sabe que muchos programas dedicados a la salud sexual se han recortado con la recesión económica; sobre todo en los países en vías de desarrollo, que dependen de las ayudas para cooperación y de fundaciones especializadas. Pero también menciona la ideología, porque los grupos contrarios a los derechos reproductivos están agudizando sus discursos. Y no solo contra el aborto, su caballo de batalla tradicional; también claman contra la contracepción, a la que culpan del descenso de la natalidad en Europa, y contra la educación sexual. Hace solo unos meses el voto de los eurodiputados más conservadores tumbó un informe que instaba a los países a incluir esa formación en el currículo educativo y a garantizar el acceso a anticonceptivos baratos; también al aborto seguro. La campaña de los lobbies que se oponen a los derechos sexuales, que defienden, entre otras cosas, que solo las familias —y no los Gobiernos— puedan decidir cómo educar a los hijos en estos temas, fue legendaria.

En España, apunta Luis Enrique Sánchez, presidente de la Federación Española de Planificación Familiar Estatal (FPFE), se dan los dos factores sobre los que alerta el director de la UNFPA. “La nueva ley del aborto hará retroceder al país tres décadas en derechos reproductivos”, asevera. El anteproyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, elimina la opción de las mujeres a decidir libremente interrumpir su embarazo —posible ahora hasta la semana 14 de gestación— y permitirá el aborto solo bajo dos supuestos: violación o riesgo para la salud física o psicológica de la mujer. La ley Gallardón supone, además, un alejamiento de los modelos vigentes en la mayoría de la UE, donde la mujer puede abortar sin alegar ninguna razón durante las etapas tempranas del embarazo. “Además de la regresión en derechos, estamos ante un anteproyecto de ley que no tiene ningún contenido relacionado con la prevención de embarazos no deseados o salud sexual y reproductiva”, incide Sánchez.

Raquel Hurtado, del área joven de la FPFE, incide en otro ángulo que empaña también las perspectivas de un país donde se registran más de 112.000 abortos al año. A pesar de que España no estaba muy boyante en servicios de salud sexual, el número de centros ha menguado desde 2010, cuando se iniciaron los recortes en las partidas de Sanidad y Educación. En Madrid, por ejemplo, dos servicios especializados en jóvenes han cerrado, otro ha recortado sus horarios, varios se han reconvertido en otro tipo de clínicas menos especializadas y todos han reducido su personal. Lejos queda España del modelo sueco. Tampoco cumple la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que marca que debe haber un centro de atención a la sexualidad por cada 100.000 habitantes menores de 29 años. En todo el país solo hay una docena; en Alemania, por ejemplo, son más de 200.

En España, además, no hay ni rastro de educación sexual en el currículo educativo. Tampoco intención de incluir esa materia. Mucho ha llovido desde que en 1983 el Gobierno socialista de Felipe González aseguró que incluiría como materia educativa la información sobre anticonceptivos en bachillerato y formación profesional. Nunca ocurrió. Ni su Ejecutivo ni los venideros lo hicieron. Lo más cercano fue meter ciertos contenidos en la difunta Educación para la Ciudadanía, que el Gobierno de Mariano Rajoy suprimió el curso pasado.

Y mientras algunos países de la UE están relajando sus esfuerzos en prevención, otros, sobre todo de América Latina y el Caribe, intensifican sus esfuerzos para atajar el embarazo adolescente. Esa región es la única en la que los partos de niñas de menos de 15 años aumentaron en la última década. En Colombia, Bolivia, Honduras o El Salvador más de un 20% de las mujeres de entre 20 y 24 años ha dado a luz antes de los 18. Un panorama similar al de Paraguay, donde el Gobierno ha ideado una especie de bonos gratuitos para que los jóvenes puedan acceder a la contracepción.

La Conferencia de El Cairo de 1994 definió los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos. También fijó metas claras para dar poder a las mujeres. Una de ellas, proporcionarles los medios para poder decidir libremente sobre su maternidad. Veinte años después, las mujeres de Sierra Leona, Bangladesh o Zambia aún deben pedir permiso a su marido para ir al sanitario que podría prescribirles anticonceptivos. La mayoría de ellas ni siquiera puede permitirse aplicar la receta de la abuela de Jenny Tonge.

Fuente: El País.

Más de 7 millones de mujeres son madres antes de los 18 años

Instituto Europeo Campus Stellae
Becas en Másteres en Violencia Doméstica y de Género, Maltrato al Menor, Violencia Filio-parental o Acoso Escolar. Precio final 1200€.
www.campus-stellae.com
live@campus-stellae.com
+0034 981522788

 Faiz, de 40años, y Ghulam, de 11, en su casa de Afganistán antes de casarse. UNFPA.
 Faiz, de 40 años, y Ghulam, de 11, en su casa de Afganistán antes de casarse. UNFPA.

  • Un informe de la ONU advierte de que los embarazos adolescentes son "un pasaporte directo a la pobreza"

ANNA FLOTATS Madrid 30/10/2013 11:38

Cada año, 7,3 millones de niñas en países en vías de desarrollo dan a luz antes de los 18 años. Es la principal conclusión del estudio sobre el estado de la población mundial 2013, publicado hoy por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

El informe, titulado Maternidad en la niñez: enfrentar el reto del embarazo en adolescentes, señala que de dos de estos 7,3 millones de niñas paren antes de los 14 años. Son las que tienen, además, un mayor riesgo de sufrir partos complicados e incluso morir durante la operación. Alrededor de 70.000 adolescentes en los países en desarrollo mueren cada año debido a complicaciones durante el embarazo y el parto.

Laura Lanski, responsable de Salud Sexual y Reproductiva del UNFPA, ha señalado que las madres adolescentes en países en desarrollo viven en zonas rurales, no vuelven a la escuela tras dar a luz, están casadas con hombres más mayores (la diferencia llega a ascender a los 30 años) y viven aisladas socialmente. "Un embarazo adolescente es un pasaporte seguro para vivir en la pobreza", ha concluido. En los países desarrollados, en cambio, se producen sólo 680.000 nacimientos de madres adolescentes cada año.

Es por ello que el UNFPA reivindica la importancia de la educación, sobre todo para evitar el matrimonio infantil, que está fuertemente asociado con el embarazo precoz. Alrededor de 39.000 niñas contraen matrimonio cada día. "Lo primero es reconocer que la intervención más importante sobre el desarrollo humano que parará esto es la educación de las niñas. Es lo más importante y no consiste sólo en llevarlas al colegio durante uno o dos años, es asegurar que las niñas estén en el colegio y que estarán allí hasta los 18 años. También que tengan acceso a una educación sexual comprensible, que puedan comprender quienes son, cómo es su cuerpo y que puedan tomar decisiones", ha añadido Lanski.

Sin embargo, estos programas de ayuda se han visto mermados por la crisis. La aportación de los países al Fondo de Población Mundial de Naciones Unidas ha disminuido y, en consecuencia, también los fondos para los programas de apoyo a niñas de entre 10 y 14 años. "De una lista de 45 países, hemos hecho otra de 20, estableciendo las regiones prioritarias que más necesitan la ayuda", ha señalado Lanski. Por ejemplo, España ha pasado de invertir 33 millones de euros al Fondo en 2010 ha dedicar sólo 4 para 2012 y 2013.

En España, 145 madres tenían menos de 15 años

Según el informe del UNFPA, el costo de oportunidad en la vida relacionado con el embarazo en adolescentes —medido por el ingreso anual sacrificado de la madre a lo largo de su vida— varía entre el 1% del PIB anual en China y el 30% del PIB anual en Uganda.

Aunque en los países desarrollados la incidencia de madres adolescentes es menor, fueron 3.219 las mujeres menores de 18 años que parieron en España en 2011. El 6% estaban casadas. Y 145 tenía menos de 15 años cuando dio a luz. De entre esas 3.219, además, un tercio corresponde a adolescentes inmigrantes de las que el 13% estaban casadas en el momento en que fueron madres, según ha especificado hoy, citando datos del INE, la ginecóloga e integrante de la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE) Isabel Serrano. En este sentido, ha advertido de que el deterioro económico y de las perspectivas laborales de España pueden conducir a un aumento de la maternidad "precoz".
Fuente: Público.

Más de 200 formas de ser madre

Instituto Europeo Campus Stellae
www.campus-stellae.com
Te ayudamos:
live@campus-stellae.com
+0034 981 94 08 09
Formación: bonificada-gratuita-becas

El proyecto "Parteras tradicionales" busca garantizar la atención médica a las embarazadas sin interferir las arraigadas tradiciones indígenas

Silvia Angelice de Almeida, técnica del Departamento de Salud Indígena de la estatal Fundación Nacional de Salud (Funasa), lo sabe por su experiencia como enfermera.

Para algunos pueblos, la placenta debe retornar a la comunidad después del parto. Para otros, es importante que la gente nazca y muera en su tierra. En ciertas aldeas existen cuidados especiales para las mujeres

embarazadas, como cortes de cabello y pinturas.

“Tenemos directrices generales de salud materno-infantil, pero vimos la necesidad de tener otras específicas para los pueblos indígenas”, señaló Almeida.

Se trata de “cuidados interculturales”, que incluyen el respeto a los sanadores, o “pajés”, chamanes y parteras tradicionales, y a la medicina natural.

“La concepción del embarazo es otra. El personal de campo tiene que hacer un entrenamiento para poder trabajar estas cuestiones”, destacó.

Según la gubernamental Fundación Nacional del Indio (Funai), en este país viven 460.000 indígenas distribuidos en 215 grupos, que representan 0,25 por ciento de la población nacional de más de 193 millones de personas.

Y puede haber en

tre 100.000 y 190.000 nativos viviendo fuera de las tierras indígenas, inclusive en áreas urbanas, y otros todavía no contactados, estima la Funai.

La población indígena registrada se distribuye en 24 estados, 336 polos, 4.413 aldeas y 615 tierras indígenas, que comprenden 107 millones de hectáreas, 12,6 por ciento del territorio nacional. La mayoría están en municipios pequeños y en la norteña selva amazónica.

Las condiciones geográficas determinan muchas deficiencias de infraestructura y dificultan el acceso del personal de salud, y del Estado en general.

Para Almeida, el objetivo es garantizar “un sistema de salud de calidad a nivel nacional”, pero eso no es tan fácil en regiones inaccesibles como la Amazonia.

Los agentes sanitarios pueden pasar una vez por mes por cada aldea, pero quienes quedan a cargo de la salud de las madres son las parteras tradicionales o sus propios parientes.

Las diferencias también emergen en cuestiones como la lactancia materna, estimulada por el Estado. En algunas etnias, las madres no pueden dar su primera leche al recién nacido y quien amamanta inicialmente es la abuela.

Por eso, explica Almeida, el programa de salud materna indígena fue concebido con antropólogos, sanadores tradicionales, parteras y jefes espirituales nativos.

Cada etnia tiene una concepción de salud integral que incorpora dimensiones espirituales.

Ante una paciente indígena con fiebre, los médicos diagnosticaron una inflamación y recetaron un fármaco. Pero los curadores de la aldea trataron el mal con hechizos, porque para ellos la cura también es espiritual, ejemplificó.

“Tenemos que trabajar en conjunto, el pajé, la cura espiritual, y nosotros, el lado físico”, describió.

Los indígenas no siempre aceptan los métodos de la medicina occidental.

Si una agente de salud, inclusive formada dentro de la comunidad, detecta un embarazo de riesgo, debe encaminar a la mujer a un hospital, lo que en algunos casos puede requerir traslado aéreo o en barco.

Para evitar el choque cultural se crearon casas de apoyo cercanas a las aldeas, a las que a veces se traslada toda la familia para no separarla.

Cuando la gestación no presenta riesgos, se estimula el parto tradicional. También se discuten otros temas de salud, como la prevención del cáncer de útero y de mama, el sida y la sífilis, e inclusive cuestiones de género como la violencia doméstica, a veces ligada a problemas de alcoholismo.

Altamira, Brasil (AP Photo/Andre Penner)

La mortalidad materna brasileña pasó de 140 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en 1990, a 75 por cada 100.000, en 2007.

Según la Funasa, la mortalidad infantil se redujo en 40 por ciento entre los indígenas desde 1999, como parte de un proceso largo, que debe vencer barreras culturales de uno y otro lado. Pero las muertes infantiles por infecciones digestivas y respiratorias son mucho más elevadas entre los nativos que en el resto de la población.

Como muchas mujeres no aceptan que un médico hombre las atienda, el departamento de salud indígena aumentó la cantidad de agentes femeninas, que constituyen hoy 30 por ciento del total.

“Hay cosas íntimas que las mujeres no se atreven a hablar con un hombre. Tampoco con una partera en su aldea, que puede ser su suegra”, acotó Almeida.

A veces un técnico de salud debe permanecer 30 días aislado en una comunidad. Otros se sienten inseguros al tener que asistir un parto en una aldea, contó.

Según una encuesta de Funasa, el 46 por ciento de las embarazadas indígenas tienen su primera consulta médica en el primer trimestre del embarazo, el 45 por ciento en el segundo y casi nueve por ciento en los últimos tres meses. La anemia afecta a más de 35 por ciento de las nativas grávidas.

Pero falta información específica sobre la salud de estas mujeres, algo reclamado por las Naciones Unidas en vísperas del Día Mundial de la Población, que se celebra cada 11 de julio.

El grupo feminista Curumim, del nordestino estado de Pernambuco, intenta cubrir lo que su directora, Paula Viana, llama “vacíos” del sistema de salud indígena.

Su iniciativa “Parteras tradicionales” busca un servicio seguro y humanizado que respete las diversidades. Desde 2000 entrenó a 1.150 parteras y a 892 profesionales sanitarios en 14 estados, con ayuda del Ministerio de Salud.

Viana llamó la atención sobre el enfoque que prevalece en la política de salud indígena desde 1940, centrado en el hospital y que no considera las particularidades culturales, criticó.

Según Viana, se registran entre 32.000 y 34.000 nacimientos con parteras tradicionales por año, aunque el número puede duplicarse. Aun así, “todavía las parteras tradicionales son muy discriminadas”, señaló.

La iniciativa de Curumim tiene en cuenta también aspectos religiosos. “Hacemos que las decisiones de la paciente sean respetadas”, describió. “En algunas etnias, en el momento en que sale la placenta, el grupo reza. Si eso no interfiere con la atención y puede ser incorporado sin daño sanitario, lo respetamos”, ejemplificó.

En su opinión, el Ministerio de Salud debería establecer “directrices más firmes” para el sistema de salud indígena. Hay personal médico y de enfermería que no respeta las culturas locales, pese a las orientaciones generales que recibe.

Para afinar esta política, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva estableció la Secretaría Especial de Salud Indígena en el ámbito del Ministerio de Salud, que jerarquizará las funciones asumidas hasta ahora por la Funasa.

El católico Consejo Misionero Indigenista tiene dudas de que la nueva propuesta mejore la situación sanitaria de estos pueblos, entre otras razones porque ellos “fueron dejados afuera de las definiciones más importantes”.