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Menos del 1% de los casos activos de violencia machista se consideran de riesgo alto o extremo

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  • La mujer asesinada en Benicàssim fue reconocida como víctima con peligro medio. En nueve de cada 10 se considera riego inexistente o bajo
 
Había una condena previa por maltrato y hasta tres delitos de lesiones recogidos en la denuncia que presentó Andrea Carballo, la mujer asesinada el día antes de Nochebuena en Benicàssim (Castellón) contra su presunto asesino una semana antes de morir. A pesar de los indicios, el juez dictó solo una orden de alejamiento y la policía consideró que el riesgo que sufría era “medio”.

El sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (Sistema VioGén) que el Ministerio de Interior puso en marcha en 2007 divide el peligro que corren las víctimas en cinco niveles desde el no apreciado al extremo. Distintos colectivos de mujeres se han levantado contra este modelo de evaluación que llevan a cabo los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado al considerar que minimiza el riesgo real. Según los datos de Interior sobre VioGén, a noviembre de 2017 solo el 0,36% de las mujeres en seguimiento fueron consideradas de riesgo alto o extremo (consulte aquí el gráfico). Son 198 de los más de 55.000 casos activos. Nueve de cada 10 se señalan como de riesgo no apreciado o bajo y apenas el 8% (4.660 casos) están consideradas en el nivel medio.

Entre las primeras medidas del Pacto de Estado para atajar la violencia machista, que este miércoles han respaldado por unanimidad las comunidades autónomas, se espera ampliar en 2018 la formación especializada para valorar casos de los profesionales de los juzgados y de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado. Es una de las 26 medidas que se han priorizado de las 217 que incluye el acuerdo para los próximos cinco años, lo que supone que apenas una de cada 10 medidas (12%) se activarán en este 2018. 

Revisar lo que "no termina de funcionar"

Preguntada sobre si considera un error que a la asesinada en Castellón se le aplicara un riesgo medio y cómo mejorar las medidas para la ayuda a las víctimas, la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, ha asegurado este miércoles que la solución es "el Pacto de Estado". "Justamente hemos dado por bueno el gran trabajo desde la aprobación de ley orgánica" [la ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, impulsada por el PSOE y aprobada en 2004], "pero durante estos años han pasado muchas cosas", ha señalado la ministra. Montserrat ha indicado al termino de la reunión con las comunidades autónomas que considera que este último acuerdo llega para "revisar y mejorar todo aquello que consideramos que no termina de funcionar" y que "solucionan problemas que estamos viendo en casos en algunas víctimas que han habido por ejemplo en este último año".

Prisión preventiva

La vicepresidenta de la Comunidad Valenciana y consellera de Igualdad, Mónica Oltra, se ha preguntado por qué no se pidió prisión preventiva para el presunto agresor de Benicàssim. "Hay denuncia previa, agresiones previas y un intento de atropello", ha señalado Oltra, que pide analizar que ha pasado tanto en este caso como en los recientes de Sant Adrià del Besós (Barcelona) y Elda(Alicante), en los que también había denuncia previa. Para la consellera, es importante que "se establezcan mecanismos de coordinación y que las mujeres estén protegidas": "La víctima ha de tener su vida lo más tranquila y normalizada posible". "Aquí hacen falta mas recursos, mas pulseras, mas medios recursos humanos y económicos", ha destacado Oltra.

Pese a estos casos, la número 2 del Gobierno valenciano recalca que "no hay que disuadir a las víctimas" de denunciar ya que "por cada caso que falla, hay miles de aciertos" por lo que ha instado tanto a las víctimas como a su entorno a poner la denuncia.

FUENTE: El País.

Galicia, la comunidad con menor tasa de violencia de género en España

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Resultado de imagen de violencia de género galicia

A pesar de ello, en el tercer trimestre del año subió un 11% el porcentaje de denuncias, al pasar de 1.431 a 1.589 de julio a septiembre de 2017.

Galicia fue la comunidad autónoma con la tasa de violencia de género más baja de España el tercer trimestre del año, con 10,71 víctimas por cada 10.000 habitantes frente a las 17,23 de media, aunque registró un aumento del 11 % en el número de denuncias, al pasar de 1.431 a 1.589 de julio a septiembre de 2017.

Según los datos estadísticos hechos públicos hoy por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, la mayoría de las denuncias (1.057) llegaron a los juzgados a través de atestados policiales con denuncia de la perjudicada.

Han subido un 15,9 % las mujeres que aparecen como víctimas (de 1.294 a 1.500) y también los casos de víctimas que se acogen a la dispensa para no declarar (de 98 a 108).

Por el contrario, bajan un 3,8 % las solicitudes de órdenes de protección y seguridad de las víctimas, de 497 a 478, de las que se adoptaron 296, el 62 %.

A nivel nacional, las condenas por violencia machista en el tercer trimestre de este año alcanzaron su "mejor dato histórico" con 7.244 sentencias condenatorias a maltratadores, que crecieron medio punto en comparación con el mismo periodo de 2016, y ya suponen el 70 % de todas las dictadas.

Fuente: La Región

Las denuncias por violencia de género aumentan un 13,9%

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 AGENCIAS. Madrid

Un total de 38.402 denuncias por violencia de género, lo que supone un incremento interanual del 13,9%, recogieron los juzgados en todo el territorio nacional en el tercer trimestre del año. Las mujeres víctimas de violencia machista fueron 36.079 (incremento del 11%), de las que eran extranjeras 11.105, un 30,8%.

La publicación de estos datos por parte del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se publican tras un fin de semana en el que tres mujeres han muerto a manos de sus parejas o ex parejas en Santiago de Compostela, Vigo y Tarragona.

La tasa de mujeres víctimas de violencia de género por cada 10.000 mujeres es del 15,2; una cifra muy similar a la de Madrid. Las autonomías que destacan son Baleares, con una ratio de 29,6 y Canarias, con 23,1, mientras que la ratio más baja se da en La Rioja, con 7.

Además, por cuarto trimestre consecutivo se incrementó el porcentaje de sentencias condenatorias dictadas por los órganos judiciales españoles en procesos relativos a violencia de género. De cada 10 juicios que se celebran en España por violencia de género, siete de ellos acaban en condena.

La estadística refleja que en el tercer trimestre de este año 2016 el porcentaje de condenas sobre el total de sentencias dictadas fue de un 69,5%, lo que supone un incremento interanual de más de cinco puntos, ya que en el mismo trimestre del año anterior la cifra de condenas fue de un 64,1% del total de sentencias. En total, los juzgados y tribunales dictaron en este tercer trimestre del año 10.570 sentencias penales, de las que 7.344 fueron condenatorias y 3.226, absolutorias.

Los juzgados españoles recibieron en el tercer trimestre del año un total de 38.402 denuncias por violencia de género, lo que supone un importante incremento interanual del 13,9%. Las mujeres víctimas de violencia machista fueron 36.079 (incremento del 11%), de las que 11.105, un 30,8, eran extranjeras.

Las denuncias por intervención directa de la policía se sitúan en el 17% de los casos. El número de denuncias presentadas por familiares de la víctima representaron un 1,31% del total. Los partes de lesiones recibidos directamente en el juzgado representaron más del 10,5% de las denuncias.

Asimismo, durante el tercer trimestre del año se solicitaron 11.565 órdenes de protección en los órganos judiciales. Un total de 10.117 órdenes de protección (que incluyen medidas de protección y seguridad de las víctimas) fueron solicitadas en los juzgados de violencia sobre la mujer y otras 1.448 lo fueron en los juzgados de guardia.

El incremento de solicitudes de órdenes de protección en los juzgados especializados con respecto al mismo trimestre de 2015 fue de un 3% . Casi un 60% de las órdenes de protección solicitadas fueron adoptadas.
Relación con el agresor

En un 51% de los casos, la relación de pareja (cónyuge o relación afectiva) se mantenía en el momento de la solicitud de la orden de protección, mientras que en un 49% restante la relación se había extinguido. Un 27% de las mujeres víctimas que solicitaron orden de protección fueron mujeres extranjeras y un 2% del total (españolas y extranjeras) eran menores de edad en el momento de la solicitud.

Respecto a las medidas civiles cautelares, se suspendieron un 7% de la guarda y custodia de los hijos y en un 5% de los supuestos se procedió a la suspensión del régimen de visitas.

Por último, los juzgados de menores enjuiciaron en el tercer trimestre del año por delitos en el ámbito de la violencia contra la mujer a 23 menores de edad, 10 menos que el año anterior. Se impusieron medidas en un 95,6% de los casos.

La presidenta del Observatorio, Ángeles Carmona, destacó "la consolidación de la tendencia al alza que venimos observando desde principios del año anterior en las condenas a los maltratadores" y alertó de que aún "sigue creciendo el número de víctimas de violencia de género" y de que "no se acabe de dar un paso firme por familiares, amigos y conocidos para denunciar y acompañar a la víctima en el proceso y que todavía se busquen justificaciones para lo que no es otra cosa que terrorismo de género".

Hacia el Pacto de Estado

El Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha urgido ha alcanzar un Pacto de Estado contra la violencia de machista tras los tres últimos asesinatos registrados el fin de semana.

"Cada asesinato de una mujer es un mazazo y un fracaso de nuestra sociedad. No puede esperar más un Pacto de Estado sobre #ViolenciadeGénero", ha escrito en su cuenta de Twitter. 
 
FUENTE: El Mundo.

Los delitos de odio por xenofobia aumentaron un 6% durante el 2015

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El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, durante la presentación, hoy en Madrid, de un balance sobre delitos de odio y trata de seres humanos con fines sexuales o laborales ocurridos en España en 2015. EFE/Luca Piergiovanni
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, durante la presentación, hoy en Madrid, de un balance sobre delitos de odio y trata de seres humanos con fines sexuales o laborales ocurridos en España en 2015. EFE/Luca Piergiovanni


  • Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las policías autonómicas registraron el año pasado casi cuatro delitos de odio al día, un total de 1.324 casos


EUROPA PRESS

MADRID.- Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las policías autonómicas registraron el año pasado casi cuatro delitos de odio al día, un total de 1.324 casos que en un 38,2% correspondían a manifestaciones de racismo y xenofobia y en un 18,1% conllevaba lesiones, según el avance de resultados presentado este miércoles por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Uno de cada diez acusados de estos delitos eran menores de edad.

La cifra supone un incremento del 13% respecto de 2014 pero la diferencia se atribuye a un "perfeccionamiento de la recogida de datos" y a la incorporación de dos nuevas categorías que antes no se registraban, los delitos de odio por razón de ideología y aquellos que se producen por razón de género, introducidos en 2015 con la reforma del Código Penal.

En total, el 38,2% de los 1.324 casos eran por racismo o xenofobia, un 6,5% más que en 2014; el 23,3% por razón de ideología y el 16,9% motivados por la discapacidad que presentaba la víctima, delitos éstos que han aumentado un 12,6% respecto del año anterior.Asimismo, el 12,7% fueron delitos de odio por orientación sexual, casos que han registrado un descenso del 67% en 2015 que, según ha explicado Fernández Díaz, "obedece al incremento de la formación y al mejor registro de los hechos conocidos". "No pocas estas conductas, por poca formación, se tipificaban de manera no adecuada", ha añadido.

También se ha producido una caída notable en los delitos de odio por antisemitismo, que se reducen un 62% respecto de 2014 y representan el 0,7% del total, con nueve casos. En el lado opuesto, aumentan un 36,4% los de aporafobia (odio a los pobres), que representan el 1,1%. Los motivados por razón de género, de nueva incorporación en la estadística, son el 1,8% del total.

FUENTE: Público.

FORMACIÓN RELACIONADA:

LAS SEPARACIONES Y DIVORCIOS AUMENTAN UN 11,3%

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LAS SEPARACIONES Y DIVORCIOS AUMENTAN UN 11,3%


Fuente: Novaley


Según la estadística de disoluciones matrimoniales aportada por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la cifra de demandas de separación y divorcio ascendió a 34.583 en el primer trimestre del año, un 11,3% respecto del mismo periodo del año pasado.

Todos los procedimientos de medidas en procesos de separación o divorcio, así como en los relacionados con la guardia, custodia y alimentos de hijos no matrimoniales mostraron importantes incrementos interanuales, que el CGPJ relaciona con los efectos de la crisis económica.

Todas las modalidades de disolución matrimonial aumentaron, aunque fueron los divorcios por acuerdo de las partes los que más crecieron: se presentaron un 13,8% más de demandas que entre enero y marzo de 2013.

Las demandas de divorcio no consensuado aumentaron un 7,9% lo que supone un incremento general en todas las comunidades autónomas salvo en Canarias, donde las rupturas de este tipo cayeron un 2,3%.

En cuanto a las separaciones de mutuo acuerdo, aumentaron un 13,3%, que subieron en todo el país a excepción de Castilla y León, Extremadura, Murcia y Navarra. Las separaciones contenciosas, por su parte, se incrementaron un 4,9% y el crecimiento también fue generalizado salvo en Aragón, Castilla y León, Cataluña, Galicia y Madrid.

Respecto a las nulidades, este tipo de procedimiento de disolución matrimonial experimentó un incremento del 12,2%, si bien su número, un total de 55 es poco significativo en comparación con el resto de rupturas.

Fuente: Consejo General del Poder Judicial. El País.

FORMACIÓN RELACIONADA:


Las cifras de la vergüenza danesa

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 Una madre de un niño asesinado protesta en Copenhague. / Francis Dean (Francis Dean/Deanpictures)

  • Un estudio muestra que el 52% de las danesas cree haber sufrido violencia, tasa más alta de la UE.
  • La elevada sensibilidad social hace aflorar el fenómeno.

Concha Boo Copenhague 6 MAY 2014 - 20:40 CET


Una gélida y blanca noche de invierno salió como pudo de casa, con un solo zapato puesto y con un hijo en cada mano. Mary (no damos ni su verdadero nombre, ni su país de origen, porque así nos lo ha pedido) cuenta así cómo abandonó todo lo que tenía después de cinco años de palizas, de horas encerrada en el sótano. Dice haberse negado a sí misma durante mucho tiempo lo que le estaba pasando, por miedo, por inseguridad en un país ajeno. La gota que colmó el vaso fue ver que sus hijos empezaban también a recibir bofetadas.

Como tenía permiso de residencia, recibió las mismas prestaciones que cualquier otra mujer danesa. Estuvo tres meses en el Centro de Atención a Mujeres Maltratadas de Frederiksværk. Durante un total de diez, tuvo la ayuda de una psicóloga, pagada por el Estado, que además de escucharla, la convenció primero, de que no estaba bien que su novio le pegara y después, de que podía y debía rehacer su vida. En el centro recuerdan que celebraron con ella su 30 cumpleaños con banderas, una roja y blanca, la danesa, otra con los colores de su país de origen. También hubo tarta, de nata y fresas. Hoy vive lejos, en otra ciudad, con sus hijos, un trabajo y una nueva pareja. Estudió una diplomatura, está trabajando de lo que estudió y sacando a sus hijos adelante.

Dinamarca acumula el más alto porcentaje de denuncias de violencia de género de la UE, no sólo del ámbito familiar sino también laboral. Una macroencuesta publicada recientemente por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE muestra que un 52% de las mujeres danesas considera haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual, frente a una media europea del 33%. El resto de Escandinavia también aparece en cabeza del reciente informe. En estos países, la incorporación de la mujer al mercado laboral se produjo mucho antes que en los países del este y sur de Europa y la defensa de los valores progresistas es compartida por ambos sexos. Los expertos señalan a un engrasado mecanismo que facilita las denuncian como uno de los factores que explican los datos. En el caso danés, la llegada de familias refugiadas e inmigrantes procedentes de otras culturas es también según los estudiosos otra de las razones. Por último, achacan parte del problema a una educación excesivamente progresista.

Gracias a la ayuda que recibió del Estado de bienestar danés, Mary ha conseguido pasarse al bando de las mujeres independientes, al que representan no solo Helle Thorning-Schmidt, actual jefa de Gobierno y primera mujer que logra el cargo en Dinamarca, sino también ese nutrido 17% de danesas que ocupan puestos de dirección (la media comunitaria es del 9,5%) en empresas que operan en el país. En Dinamarca, el año que viene se cumplirán 100 años del voto femenino, primer escalón en la igualdad de género.

Mary no tuvo que abandonar Dinamarca, pero otras mujeres sí. Algunas van a Suecia, donde la lengua es similar y el esfuerzo de adaptación menor. Las hay también que cambian su nombre, su identidad. El objetivo es que se sientan más seguras y puedan empezar de cero. Y lo fundamental, es que “estudien, algo que les guste y que les devuelva el respeto por sí mismas. La educación hace también rico a un país”, dice Lene Hækmand. En sus 14 años de directora del centro de mujeres maltratadas de Frederiksværk, Lene ha visto a muchas mujeres empezar de nuevo. “Aquí pueden hacerlo, esa es la gran diferencia con otros países europeos, entre ellos España, porque el Estado les concede además de apoyo psicológico y logístico, el kontanthjælp, una ayuda de aproximadamente 10.000 coronas al mes libres de impuestos, unos 1.400 euros”, dice.

La independencia, entre otras la económica, favorece que el número de mujeres víctimas de la violencia de género que consiguen salir de su situación sea en Dinamarca muy alto. “Solo el 10% de ellas vuelven con sus maltratadores, hace unos años el porcentaje era del 50%”, subraya Lene.Una de las razones por las que se ha conseguido darle la vuelta a las estadísticas es la aprobación, siendo primer ministro de Dinamarca Anders Fogh Rasmussen (2001-2009), de la primera ley estratégica contra la violencia de género. Una ley que, entre otras cosas, recoge que “no tiene por qué ser la maltratada la que denuncie al agresor, la policía también puede hacerlo”, explica la pedagoga especializada en violencia de género, Maja Christensen. Ella añade que las mujeres maltratadas en Dinamarca reciben gracias a esa ley el asesoramiento de un trabajador social que les ayuda a buscar casa, colegio para los niños y les explica qué servicios tiene el barrio o la ciudad a la que se mudan para alejarse de su agresor y de su entorno. “La clave es que no se sientan solas” sentencia Maja Christensen, sea cual sea su origen. “Del total de mujeres que hemos atendido aquí en los diez años que yo llevo trabajando con casos graves de violencia de género, la mitad son danesas, la otra mitad extranjeras con permiso de residencia. El porcentaje de refugiados e inmigrantes que Dinamarca acoge es, junto con Suecia, uno de los más altos de Europa”.

Esa es según los expertos una de las razones que explica que el último informe sobre violencia de género realizado entre los 28 miembros de la UE coloque a Dinamarca como el país europeo con más casos de violencia machista, pero no la única. Karen Helweg Peterson, del Observatorio danés de la Violencia, no confía en esas estadísticas europeas y asegura que “tiene que haber defectos en la forma de elaborarlas. Se hacían preguntas directas y abiertas a mujeres elegidas al azar y te aseguro que aquí hay menos tabúes que en otros países del sur o el este de Europa para hablar de violencia y que los límites los colocamos también en lugares diferentes”.

Para Morten Kjæum, director del FRA, el centro que hizo la estadística para Eurostat, la Oficina Europea de Estadísticas, Dinamarca tiene, no obstante, un problema real con la violencia de género y tanto la sociedad como las instituciones están mirando hacia otro lado. “En una sociedad industrializada y progresista como la danesa a los menores se les da libertad desde edad muy temprana, pero una libertad mal entendida y poco controlada. Desde los 8, 9 y 10 años se mueven solas por las ciudades, sin ser conscientes ni de los peligros, ni de cómo defenderse de ellos”.
 
Birgit Soederber, presidenta de los Centros de Acogida para mujeres en Dinamarca, ofrece ejemplos concretos. “Las cifras son alarmantes y nos estamos quedando atrás. Cuando hacemos campañas sobre violencia en el noviazgo y llamamos para ofrecer visitas y charlas en los colegios públicos, hay muchas escuelas que nos dicen que no, que no es necesario, que ese tipo de comportamientos no ocurren en su centro entre los adolescentes de 13, 14 o 15 años que empiezan a tener sus primeras relaciones”. Los padres trabajan, tienen poco tiempo y tampoco hablan lo suficiente con sus hijos. “En Dinamarca por ejemplo, no criminalizamos la compra de sexo y a las mujeres jóvenes, muchas de ellas todavía sin criterio propio, se les da la impresión de que todo vale y cuando se ven en ciertas situaciones no pueden o no saben pararlo. Lo mismo con los chicos, ellos tienen que aprender que un no, es un no”. De hecho, sentencia Kjæum, “estamos haciendo a nuestros jóvenes más vulnerables ante la violencia y el acoso sexual que en otros países europeos”.
 
Fuente: El País.

Cuando no es posible planificar la maternidad

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Dos usuarias debaten sobre anticonceptivos en el centro de planificación familiar de Rubona (Ruanda). / Thomas Imo (Getty Images)


  • Unos 222 millones de mujeres no tienen acceso a educación sexual ni anticonceptivos
  • La mayoría vive en países en vías de desarrollo
  • En la UE las barreras son los anticonceptivos y la educación sexual

María R. Sahuquillo Madrid 4 MAY 2014 - 20:22 CET

Hace 40 años, la única manera que muchas mujeres tenían para prevenir un embarazo no deseado era mantener al hombre bien lejos. “Eso era lo que decían mi abuela, y luego mi madre. El método para controlar el tamaño de la familia era evitar el contacto con el marido...”, recuerda Jenny Tonge. La británica, médico especialista en planificación familiar primero y baronesa y parlamentaria en la Cámara de los Lores, después, creció en una sociedad en la que solo las mujeres casadas podían recibir información sobre anticonceptivos. “En los años sesenta, si no tenías anillo no había nada que hacer, pero aún llevándolo no todas sabían que tenían esa posibilidad”, abunda. En España, la contracepción estaba prohibida para todos. Hombres y mujeres; casadas y solteras. Vender, publicitar o informar sobre preservativos o acerca de las antibaby (como se conocía popularmente a la píldora, introducida en Europa en 1961) estaba penado con arresto y con hasta 200.000 pesetas de multa (1.200 euros).

Aún así, algunos colectivos de mujeres daban información sobre planificación familiar, y los anticonceptivos se conseguían; eso sí, de estraperlo o, en el caso de la píldora, como tratamiento médico para “regular el ciclo menstrual”. Esas prácticas ilegales desencadenaron algún susto, sobre todo en forma de redada. Pero también alguna condena, como la impuesta en 1977 a un hombre por vender preservativos en el Rastro madrileño; algo que suponía, según dijo la sentencia, una “vocación al vicio” y una “ofensa de la moral colectiva”. Sin embargo, la mayoría de los procesos judiciales quedaban en nada, como la acusación contra EL PAÍS por “propaganda anticonceptiva” por publicar un artículo científico sobre métodos de planificación familiar. Un delito por el que la Fiscalía pedía para su director, en aquel momento Juan Luis Cebrián, dos meses de arresto y una multa de 50.000 pesetas (300 euros).

El uso de “procedimientos para evitar la procreación” no se despenalizó hasta 1978 en España. Se autorizó entonces la venta de condones y de la píldora anticonceptiva (con receta médica, como ahora); un método que hoy, con más de 16,5 millones de envases dispensados al año en las farmacias —datos proporcionados por IMS-Health, la consultora de referencia en el sector—, se ha convertido en el segundo método anticonceptivo más utilizado, después del preservativo —unos 60 millones de cajas entre los que se venden en las farmacias y en otros establecimientos de libre servicios, según las cifras facilitadas por Nielsen—.

Como en España, paso a paso el panorama mundial ha cambiado: la sexualidad se ha separado de la reproducción. Al menos en la teoría. Porque, todavía hoy, la receta de abstinencia que aplicaba la abuela de Tonge u otros métodos ineficaces, como el ogino o la marcha atrás, son la única opción para 222 millones de mujeres que no desean quedarse encinta y no pueden acceder a una contracepción moderna; es decir preservativos o, sobre todo (para prevenir el embarazo) anticonceptivos hormonales —píldoras, implantes, parches— o dispositivos intrauterinos, métodos que permiten que ellas no dependan de que su pareja acepte o no ponerse la goma.

La mayoría de esas mujeres vive en países en vías de desarrollo, como radiografía un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Población y Desarrollo (UNFPA). Lugares donde el poder decidir cuándo tener hijos y cuántos se engendran puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para ellas —por los problemas en el parto, la fístula obstétrica o las complicaciones del embarazo adolescente— y para sus hijos.

También en la Unión Europea, 25 años después de que el último Estado miembro —Rumanía— legalizase los anticonceptivos, quedan barreras que derribar para acceder a ellos, y a la información de cómo utilizarlos. En España, un 62% de las mujeres en edad fértil —o sus parejas sexuales— emplean métodos modernos para evitar el embarazo; frente al 82% de las noruegas o el 76% de las suecas. A mitad de camino, las guatemaltecas (un 34%) y, en el otro lado de la balanza, las mujeres de Sierra Leona, país récord de mortalidad materno-infantil, donde menos de un 8% de las mujeres usa anticonceptivos, según los datos de UNFPA, que estos días, junto al Foro Europeo de Población y Desarrollo (EPF) y parlamentarios de 134 países, ha pasado revista a los objetivos de desarrollo y salud sexual y reproductiva fijados en la Convención de El Cairo en 1994.

“La situación de Europa es incomparable con la de los países en vías de desarrollo, pero tampoco hay pleno acceso a la anticoncepción; sobre todo entre los más jóvenes”, apunta Vicky Claes, directora de International Planned Parenthood Federation European Network (IPPF-EN). Las principales barreras en la UE, dice, son la falta de información, la financiación de los anticonceptivos y la escasez de servicios sanitarios especializados para menores; también algunos sistemas que impiden que estos puedan acceder a los servicios de salud sin sus padres. “Y los mitos relacionados con algunos anticonceptivos, como que la píldora engorda o que el preservativo resta placer —aún muy extendidos—, no ayudan”, añade.

En España, donde unas 1.400 adolescentes dan a luz cada año —y unas 13.000 interrumpen su embarazo—, el 35,6% de los jóvenes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphne sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Mientras, solo el 4,5% de los jóvenes finlandeses con pareja no usa ningún método anticonceptivo, como indica el estudio Reprostat, elaborado por expertos de la Comisión Europea.

Las diferencias a escala mundial entre los países ricos y aquellos que no lo son están claras. La pobreza, la inexistencia de sistemas públicos de salud y el lastre de una sociedad patriarcal, que impide a las mujeres tomar decisiones sobre su cuerpo —incluso sobre temas médicos— explican el alarmante dato de que solo un 1% de las sudanesas —por poner un ejemplo— emplea algún método moderno para prevenir el embarazo. Pero ¿cuál es la razón de las brechas de acceso que existen entre los países de un espacio común, como la UE? Algunos datos y modelos las explican: en Portugal, la anticoncepción es gratuita para quienes se registran en los servicios de salud. En Suecia, los anticonceptivos financiados cuestan al año unos 10 euros.

Nada que ver con España, donde las mujeres pagan entre cuatro y ocho euros al mes por las píldoras anticonceptivas financiadas por la sanidad pública; una lista de fármacos que además menguó en julio del año pasado, cuando el Gobierno excluyó de la subvención pública ocho contraceptivos de última generación. Y esos modelos portugués o sueco se comparan peor aún con Eslovaquia, donde el Gobierno aprobó en 2011 una ley que prohíbe financiar anticonceptivos. Estos productos han pasado a considerarse allí desde entonces productos “no esenciales”, como los fármacos para perder peso o los productos para dejar de fumar.

Sin embargo, es en el acceso a la información donde más diferencia existe en todos los países. También entre los europeos. “El coste de los anticonceptivos es un escollo para los jóvenes y más aún en una situación económicamente complicada, pero la base del problema es el conocimiento, la educación sexual y reproductiva; aquello que permite a las personas tener un mejor conocimiento de su cuerpo, de su salud, de su sexualidad y de sus necesidades y las de los demás”, dice Jenny Tonge. La baronesa británica habla delante de una chica que lleva luminosas mechas azules y de otra que se cubre los cabellos con un hiyab. Ambas aguardan en la sala de espera de la clínica de salud sexual para jóvenes del barrio central de Estocolmo, que Tonge visita con la ministra sueca de Cooperación Internacional, Hillevi Engström, y el director de la UNFPA, Babatunde Osetimehin, participantes los tres en la reunión de alto nivel sobre derechos reproductivos celebrada en la capital sueca a la que EL PAÍS acudió invitado por la agencia de la ONU y el EPF.

Las dos muchachas no son las únicas que esperan para entrar en la consulta del centro, donde se da información especializada a jóvenes de entre 12 y 23 años y se les proporcionan métodos anticonceptivos y apoyo psicológico si lo necesitan. La visita es secreta. Ni siquiera los más jóvenes necesitan permiso de sus padres para ir a la clínica y recibir consejo médico. Un punto fundamental para que funcione el proyecto, como destaca Hillevi Engström. “Tener servicios efectivos de salud sexual y reproductiva es clave para el desarrollo de los países y un elemento fundamental para las mujeres. Ayuda a atajar los embarazos no deseados y, por tanto, los abortos, y combate las enfermedades de transmisión sexual. Es, sin duda, una inversión”, afirma.

Al director de UNFPA le gusta el ejemplo sueco que vende Engström; un modelo que también tiene una base de educación sexual. En Suecia, esta formación se convirtió en obligatoria en 1955. Desde entonces, explica la ministra, todos los menores la estudian en la escuela a partir de los 11 años. Osetimehin no llega tan lejos a la hora de opinar si esta información debe ser obligatoria. Él no se sale del lenguaje equilibrista de la ONU, y repite —como lo hacen decenas de declaraciones— que cada Estado es soberano para organizar sus sistemas, pero que la información sobre sexualidad es “una prioridad”. “Hay que fomentar centros de salud sexual especializados en jóvenes, donde puedan acudir no solo a recibir consejo médico, también a ser escuchados. Estos elementos son clave y ni la ideología ni la economía pueden servir para quitar peso a los derechos reproductivos de la agenda política”, afirma, algo más tajante, el médico nigeriano.

Osetimehin habla de crisis porque sabe que muchos programas dedicados a la salud sexual se han recortado con la recesión económica; sobre todo en los países en vías de desarrollo, que dependen de las ayudas para cooperación y de fundaciones especializadas. Pero también menciona la ideología, porque los grupos contrarios a los derechos reproductivos están agudizando sus discursos. Y no solo contra el aborto, su caballo de batalla tradicional; también claman contra la contracepción, a la que culpan del descenso de la natalidad en Europa, y contra la educación sexual. Hace solo unos meses el voto de los eurodiputados más conservadores tumbó un informe que instaba a los países a incluir esa formación en el currículo educativo y a garantizar el acceso a anticonceptivos baratos; también al aborto seguro. La campaña de los lobbies que se oponen a los derechos sexuales, que defienden, entre otras cosas, que solo las familias —y no los Gobiernos— puedan decidir cómo educar a los hijos en estos temas, fue legendaria.

En España, apunta Luis Enrique Sánchez, presidente de la Federación Española de Planificación Familiar Estatal (FPFE), se dan los dos factores sobre los que alerta el director de la UNFPA. “La nueva ley del aborto hará retroceder al país tres décadas en derechos reproductivos”, asevera. El anteproyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, elimina la opción de las mujeres a decidir libremente interrumpir su embarazo —posible ahora hasta la semana 14 de gestación— y permitirá el aborto solo bajo dos supuestos: violación o riesgo para la salud física o psicológica de la mujer. La ley Gallardón supone, además, un alejamiento de los modelos vigentes en la mayoría de la UE, donde la mujer puede abortar sin alegar ninguna razón durante las etapas tempranas del embarazo. “Además de la regresión en derechos, estamos ante un anteproyecto de ley que no tiene ningún contenido relacionado con la prevención de embarazos no deseados o salud sexual y reproductiva”, incide Sánchez.

Raquel Hurtado, del área joven de la FPFE, incide en otro ángulo que empaña también las perspectivas de un país donde se registran más de 112.000 abortos al año. A pesar de que España no estaba muy boyante en servicios de salud sexual, el número de centros ha menguado desde 2010, cuando se iniciaron los recortes en las partidas de Sanidad y Educación. En Madrid, por ejemplo, dos servicios especializados en jóvenes han cerrado, otro ha recortado sus horarios, varios se han reconvertido en otro tipo de clínicas menos especializadas y todos han reducido su personal. Lejos queda España del modelo sueco. Tampoco cumple la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que marca que debe haber un centro de atención a la sexualidad por cada 100.000 habitantes menores de 29 años. En todo el país solo hay una docena; en Alemania, por ejemplo, son más de 200.

En España, además, no hay ni rastro de educación sexual en el currículo educativo. Tampoco intención de incluir esa materia. Mucho ha llovido desde que en 1983 el Gobierno socialista de Felipe González aseguró que incluiría como materia educativa la información sobre anticonceptivos en bachillerato y formación profesional. Nunca ocurrió. Ni su Ejecutivo ni los venideros lo hicieron. Lo más cercano fue meter ciertos contenidos en la difunta Educación para la Ciudadanía, que el Gobierno de Mariano Rajoy suprimió el curso pasado.

Y mientras algunos países de la UE están relajando sus esfuerzos en prevención, otros, sobre todo de América Latina y el Caribe, intensifican sus esfuerzos para atajar el embarazo adolescente. Esa región es la única en la que los partos de niñas de menos de 15 años aumentaron en la última década. En Colombia, Bolivia, Honduras o El Salvador más de un 20% de las mujeres de entre 20 y 24 años ha dado a luz antes de los 18. Un panorama similar al de Paraguay, donde el Gobierno ha ideado una especie de bonos gratuitos para que los jóvenes puedan acceder a la contracepción.

La Conferencia de El Cairo de 1994 definió los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos. También fijó metas claras para dar poder a las mujeres. Una de ellas, proporcionarles los medios para poder decidir libremente sobre su maternidad. Veinte años después, las mujeres de Sierra Leona, Bangladesh o Zambia aún deben pedir permiso a su marido para ir al sanitario que podría prescribirles anticonceptivos. La mayoría de ellas ni siquiera puede permitirse aplicar la receta de la abuela de Jenny Tonge.

Fuente: El País.

Una década de machismo: 658 asesinadas

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Fuente: Ministerio de sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. / EL PAÍS


  • La violencia de género arroja una estadística de difícil digestión.
  • Cuatro casos concentrados en dos días alertan de que la sociedad aún no ha tomado conciencia

María R. Sahuquillo Madrid 20 MAR 2014 - 00:02 CET


Son 658 mujeres que hoy estarían en sus casas, en sus trabajos, con sus hijos, sus familias, sus amigos. Y no están. Los criminales machistas las han aniquilado en los últimos 10 años. María José, Ana, Rosalinda, Andina... han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2004. Diecisiete de ellas en 2014, si se añade el caso ocurrido ayer en Melilla, donde un hombre de 66 años degolló a su compañera de 64 y después se suicidó. Este crimen machista, el cuarto en 48 horas —aunque hay otro homicidio pendiente de confirmar en Madrid— firma una semana alarmante; desde 2008 no había cifras tan negras. Casi diez años después de que entrara en vigor la ley de medidas de protección integral de violencia de género hay hombres que continúan maltratando y asesinando a sus parejas. Y quienes trabajan con las víctimas, en la judicatura o en la Administración, alertan de que la sociedad —incluso su entorno más cercano— no termina de tomar conciencia del problema.

Lejos queda ya en la memoria del horror el asesinato de la granadina Ana Orantes, quemada viva en 1997 tras denunciar en televisión que sufría maltrato. El caso abrió la conciencia de género en España. Pero no del todo. El fenómeno no cesa. A factores como la normalización del fenómeno y la consolidación de ciertos comportamientos machistas, se añade, según apuntan los expertos, la complicación de la situación económica actual. “No solo porque muchas mujeres sufren una fuerte dependencia económica y les cuesta mucho más salir del maltrato en el que viven, también porque hay menos medios para atenderlas”, expone la abogada Susana Martínez, presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos a Mujeres. Efectivamente, el Gobierno ha recortado un 30% el presupuesto destinado a la prevención de la violencia de género en tres años. Un tijeretazo al que se añaden otros, como la reducción de las partidas destinadas por las comunidades, que ha derivado en la reducción de programas especializados —desde legales o de atención psicológica— o de plazas en casas de acogida. También, comenta Begoña San José, de la Asamblea Feminista, se ha recortado en un 50% la porción dirigida al Instituto de la Mujer y las subvenciones para las organizaciones especializadas. Ya no hay dinero para proyectos nuevos. “Solo para mantener, y no holgadamente, los que ya están en marcha”, coincide Martínez.

Estos recortes, además de mermar los medios de asistencia, están creando una sensación de desamparo y de desconfianza en las mujeres. Laura Carro, psicóloga especializada en atender a víctimas de malos tratos, cree que eso también está influyendo en que quienes sufren este problema no den el paso de acudir a las autoridades. Las denuncias han caído algo más de un 9% en los últimos años. Un dato que, según Martínez no implica que los malos tratos se hayan reducido, sino que se denuncian menos.

Porque a pesar de que un 22% de las españolas ha sufrido violencia de género alguna vez —según la primera estadística europea publicada recientemente—, las denuncias por estos delitos no suben de algo más de 130.000 anuales.

Y en los casos extremos, los de asesinato, solo una de cada tres mujeres había denunciado. Este año, solo cinco lo habían hecho. En ninguno de los casos mortales registrados en los últimos días habían acudido a las autoridades. Algo en lo que puso el acento el martes la número dos del PSOE, Elena Valenciano. “Estamos en una situación de emergencia nacional”, dijo tras conocerse los casos de las últimas horas. La oposición y las organizaciones especializadas creen que la lucha contra la violencia machista no es una prioridad para el Gobierno. Y que esto influye.

Mientras, en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad preparan un foro de diálogo con las asociaciones y los expertos que analice la evolución de la ley, como anunció el martes la nueva secretaria de Estado de Igualdad, Susana Camarero. También, aseguran fuentes de su departamento, se está tratando de reforzar la coordinación con el Ministerio del Interior —quien protege a las víctimas— y con el Consejo General del Poder Judicial.

Esa última parte, apunta Ángela Cerrillos, presidenta de la asociación de Mujeres Juristas Themis, es clave. Para esta abogada uno de los principales problemas en la lucha contra la violencia de género es que hay una carencia en la aplicación de la ley que cumple ahora una década. “Se deniegan infinidad de órdenes de alejamiento, se archivan decenas de denuncias por falta de pruebas... Y el efecto de desánimo que tiene esa falta de respuesta judicial es evidente. La idea de la vuelta a casa con la cabeza gacha es un elemento disuasorio importantísimo. Y eso es lo que muchas mujeres están viendo en su entorno”, dice.

Por eso, tanto Cerrillos como la presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos a Mujeres cree que las condenas por violencia de género deben darse a conocer. “Es importante saber que el delito tiene pena. Contribuye también a crear una conciencia de rechazo al agresor”, apunta la psicóloga Carro. El 31 de enero de este año había 5.461 hombres cumpliendo penas de cárcel por delitos de violencia de género, según datos de la secretaría de Estado de Igualdad. Dar esta estadística, apunta Martínez, desdibuja la sensación de impunidad que, según cree, existe ahora mismo. Esta experta cree también que la Administración debería reforzar las campañas de concienciación. No solo con mensajes para que la víctima y su entorno acudan a las autoridades —no hay que olvidar que alarmantemente solo el 2% de las denuncias proceden de familiares o amigos de las maltratadas—, también para fomentar el rechazo social a los agresores y hacerles ver que sus actos tienen consecuencias.

Porque las campañas publicitarias se han reducido en los últimos tres años. Ahora, la secretaría de Estado de Igualdad estudia reforzarlas de nuevo. Aunque está analizando primero cuáles son más efectivas y cómo. Para ello, ha hecho una encuesta ciudadana que —según fuentes conocedoras del sondeo— revela datos como que solo el 60% de la población conoce la existencia de una ley específica de violencia de género. O que algo más del 70% de la población sabe del teléfono 016 —la línea gratuita de atención a las maltratadas que no deja huella en la factura—.

Entre las asignaturas pendientes, los expertos hablan también de reforzar los mensajes que se dirigen a los colectivos más vulnerables: las mujeres mayores que, como la asesinada ayer en Melilla, pueden tener más obstáculos sociales o incluso de mentalidad para dar el paso y denunciar; y hacia aquellas que carecen de una red social, como la brasileña asesinada el lunes en el País Vasco, que estaba sola en España con sus dos hijos.

Menores huérfanos, familias rotas

Las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas dejan tras de sí una estela de familias rotas. Desde 2013, cuando empezó el conteo, se han registrado 52 menores huérfanos. 42 el año pasado y nueve en lo que va de 2014. Niños que en muchos casos han observado situaciones de malos tratos graves en sus hogares, y a quienes queda un complicado proceso de recuperación. Los expertos dicen que en algunos casos repetirán el comportamiento vistos en casa.

La estadística de incidencia de estos delitos revela también que alrededor de 800.000 menores conviven con situaciones de violencia de género. De estos, algo menos de 200.000 son hijos de mujeres que están bajo órdenes de protección. Porque los menores son en ciertas ocasiones el acicate que las lleva a denunciar, pero también el elemento que las hace permanecer —por miedo a represalias o por dependencia económica— al lado de sus agresores.

Los menores también son, en ocasiones, el arma que utilizan los criminales contra sus víctimas. En 2013, seis hijos de víctimas de malos tratos fueron asesinados por sus padres.

Fuente: El País.

Un tercio de las mujeres europeas sufre violencia de género

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Marga (nombre ficticio), víctima de violencia machista, en el local de la asociación Generando Igualdad de Madrid. JAIRO VARGAS

  • España, donde casi una de cada cinco mujeres ha sufrido agresiones machistas, es uno de los países con menor incidencia.

EFE Viena 05/03/2014 08:16 Actualizado: 05/03/2014 10:02
 

Un 33% de las mujeres europeas han sufrido violencia física o sexual. Sólo una de cada tres víctimas denuncia las agresiones. Estas son algunas de las cifras del mapa de la violencia de género que dibuja un estudio de la Unión Europea, publicado este martes. Estos datos son la expresión estadística de un problema que el propio estudio denuncia como "un vasto abuso de los derechos humanos que la Unión Europea no puede permitirse ignorar".

Para sacar a la luz la gravedad de la situación, la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) ha realizado una encuesta entre 42.000 mujeres de los 28 países de la Unión Europea (UE). Un tercio de las europeas entre 18 y 74 años (unas 62 millones) ha sufrido algún tipo de abuso físico, una de cada diez ha sido agredida sexualmente y una de cada 20 ha sido violada alguna vez en su vida.

Pese a lo terrible de estos porcentajes, la FRA señala que apenas el 14% de las víctimas de violencia de género denuncia a la Policía la agresión más grave sufrida. "Muchas mujeres no denuncian sus experiencias de abuso a las autoridades, así que la mayoría de la violencia contra las mujeres sigue oculta y, por tanto, los delincuentes no son confrontados", advierte el director de la FRA, Mortem Kjaerum, con sede en Viena.

El estudio de la FRA revela que en los 12 meses previos a la realización de la encuesta, entre abril y septiembre de 2012, 13 millones de mujeres de la UE de entre 18 y 74 años de edad fueron víctimas de violencia física, desde empujes o puñetazos a quemaduras y estrangulamientos. En un 67% de los casos en los que la agresión tuvo lugar fuera de la pareja, el atacante fue un varón, un porcentaje que se dispara al 97% cuando el abuso es sexual.

Aunque la violencia y los abusos, ya sean físicos o psicológicos, en pareja o en el trabajo, son un problema en toda la UE, el informe señala grandes diferencias entre unos países y otros. El porcentaje de mujeres que aseguran haber sido víctimas desde la edad de 15 años de violencia física o sexual por una pareja actual o pasada es del 52% en Dinamarca, del 47% en Finlandia y del 46% en Suecia. Holanda (45%), Francia (44%) y Reino Unido (44%) son otros de los países donde más mujeres reconocieron haber sido víctima de violencia. Polonia (19%), Austria (20%), Croacia (21%), Chipre (22%) y España (22%) son, por contra, los socios UE con menor incidencia.

Con todo, la FRA recuerda que esas diferencias puede deberse a factores como el tabú que para muchas mujeres supone admitir que han sido agredidas o la consideración de que la violencia de género es un asunto familiar que no debe airearse.

La FRA no sólo pone el foco en la violencia en el ámbito familiar, sino que insiste en que el fenómeno se da "todos los días en todas partes". Así, un 45% de las europeas afirma haber sido objeto de las formas más duras de acoso sexual, como abrazos y toqueteos, bromas ofensivas o recepción de material pornográfico. Más de un tercio de las víctimas aseguraron haber sufrido esas agresiones en el ambiente laboral, bien por parte de jefes, compañeros o clientes. Cuanto mayor es la responsabilidad profesional y el grado de formación académica, mayor es también el riesgo de ser objeto de ese tipo de ofensas sexuales, asegura la FRA.

En este panorama de violencia, nadie queda a salvo, ni siquiera las embarazadas. Un 42% de mujeres agredidas por una pareja anterior siguieron siendo maltratadas durante el período que esperaba un bebé.

El informe analiza también el impacto que este escenario de violencia tiene en las vidas de las mujeres, no sólo por las agresiones, sino por el miedo a sufrirlas, lo que lleva a muchas europeas a evitar determinadas situaciones o lugares. De hecho, la FRA señala que un marcado temor a ser asaltada es una señal de alarma al que deben estar atentos los profesionales de la salud como forma de identificar a una posible víctima.

La percepción de que la violencia de género es un problema muy o bastante extendido es compartida por el 78% de las europeas. El problema radica en que una de cada cinco mujeres no sabe ni siquiera a dónde podría dirigirse en busca de ayuda en caso de que fuera víctima de maltrato. En relación a la necesidad de que se conozca la realidad y la gravedad de la violencia contra las mujeres, hasta un 87% de las encuestadas se declara a favor de que los médicos pregunten a una paciente con un determinado tipo de heridas si ha sido víctima de agresión.

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Un 12% de las niñas europeas ha sufrido algún tipo de abuso sexual

La generalizada violencia contra las mujeres en la Unión Europea comienza en la infancia, con un 27% de europeas que asegura haber sufrido castigos físicos y un 12% haber ido víctimas de violencia sexual antes de los 15 años, según un informe sobre violencia de género presentado este miércoles. La agresión más generalizada es que un adulto les mostrara los genitales o bien haber sido manoseadas por uno.

Episodios más graves, niñas siendo obligadas a mantener relaciones sexuales con un adulto, fueron reconocidas por un 1% de las encuestadas, lo que trasladado a la población general supone 1,8 millones de víctimas de violaciones infantiles.

Agresiones como bofetadas, empujones, puñetazos o cortes fueron reconocidas por casi un tercio de las mujeres, mientras que la violencia psicológica afecta a una de cada diez niñas. En los casos de asalto sexual, el 97% de los agresores son hombres, mientras que en otras formas de maltrato físico los autores se reparten casi al 50% entre hombres y mujeres.

El informe señala que una de cada tres mujeres que son víctimas de violencia sexual por parte de sus parejas, sufrieron ese maltrato también de niñas. La violencia contra las niñas se ejerce también a través de la agresión a sus madres, advierte la FRA. Así, un 73% de las madres víctimas de abuso dicen que sus hijas son conscientes de esa situación. Por eso, el estudio pide crear programas de atención específicos para "niños y familias en riesgo de violencia para detener el ciclo del abuso".

Respecto al abuso psicológico, con amenazas de palizas, abandonos o comentarios como "no te quiero" o "deseo que no hubieras nacido", un 10% de las europeas dice haber sufrido ese tipo de maltrato por parte de un adulto de la familia

Fuente: Público.

Violencia machista: caen las denuncias y aumentan las renuncias

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  • Las denuncias por violencia de género se redujeron un 2,3% en el tercer trimestre de 2013, pero la tasa de mujeres que decidieron no seguir con el proceso judicial aumentó un 0,9%

EUROPA PRESS Madrid 27/01/2014 12:51 Actualizado: 27/01/2014 13:39

 La cifra de denuncias por violencia de género se redujo un 2,3% en el tercer trimestre de 2013 en comparación con el mismo periodo del año anterior, mientras aumentó un 3,2% la tasa de renuncias por cada denuncia presentada: 3.984 decidieron no seguir adelante con el proceso judicial, un 0,9% más que en el año anterior.

Según los datos del Observatorio de la Violencia Doméstica y de Género adscrito al Consejo General del Poder Judicial, en el tercer trimestre de 2013 se presentaron 33.050 denuncias por violencia machista en los 106 Juzgados exclusivos para estos fines (JVM) y en los 355 que cuentan con competencias compartidas en la materia.

En cuanto a las renuncias a continuar con el proceso judicial, entre julio y septiembre se produjeron 3.984 casos, lo que supone un aumento del 0,9% respecto del mismo trimestre del año anterior. Así, la tasa se sitúa en 12,1 renuncias por cada 100 denuncias presentadas, un 3,2% más que en 2012, cuando la ratio era de 11,7% por cada centenar.

El 70,13% de las denuncias fueron presentadas por las víctimas, frente al 14,85% que resultaron de actuaciones policiales y un 11,51% derivadas de parte de lesiones. Sólo el 1,56% fueron presentadas a instancias de los familiares de la víctima, un 0,28% más que en el trimestre anterior.

Fuente: Publico.

Los efectos de la crisis falsean los datos de violencia de género

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  • La reducción del número de denuncias y de víctimas mortales es un espejismo; una "bolsa oculta de maltrato" ligado a la violencia económica, según las expertas.

PAULA DÍAZ/ANNA FLOTATS Madrid 18/11/2013 07:05 Actualizado: 18/11/2013 11:59

Menos denuncias y menos víctimas mortales de la violencia de género. Este es el mapa que dibujan las estadísticas de violencia machista de los últimos años. Podría parecer alentador, pero no es oro todo lo que reluce. Tanto el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad como los expertos en este ámbito recelan de estas cifras porque, afirman, son un efecto provocado por la crisis que dista mucho de ser positivo.

2012 fue el año con menos mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas desde que el Gobierno empezó a contabilizarlas en 2004, cuando entró en vigor la Ley integral contra la violencia de género. El año pasado, fueron 52 las víctimas mortales de la violencia machista, nueve menos que en 2011, 21 menos que en 2010, cuatro menos que en 2009 y 24 menos que en 2008. Este año parece que las cifras van por el mismo camino que el anterior porque, a falta de un mes para que finalice 2013, han sido 44 las mujeres que han muerto asesinadas. Pero, según expertos en esta materia, este descenso no es más que un espejismo.

Y es que la crisis y las políticas de austeridad que se han llevado a cabo desde entonces han tenido como consecuencia el recrudecimiento de la llamada violencia económica. Es decir, que las mujeres afectadas por la reforma laboral, los recortes en Dependencia o los despidos en el empleo público han vuelto a depender de sus maridos, reconvertidos, como en épocas pasadas, en los principales sustentadores de la economía familiar. Además, las políticas de recortes también están poniendo en peligro los recursos para las víctimas. De hecho, el último borrador de la reforma local obligaría a cerrar a los centros municipales de asistencia a mujeres maltradadas. Todo ello, unido al aislamiento, el maltrato psicológico que anula a las víctimas y las deja sin voluntad, o el miedo a los golpes y la muerte tiene un resultado final tramposo: se reduce el número de denuncias, pero no porque hayan disminuido los casos de violencia.

Las cifras así lo demuestran: el número de víctimas mortales que había denunciado a sus agresores también se ha reducido en los últimos años. En 2010, tres de cada 10 víctimas lo había hecho. Un porcentaje que se redujo al 24,6% en 2011 y cayó al 19,2% el año pasado. En lo que llevamos de 2013, sólo un 18,2% de las mujeres asesinadas había denunciado previamente a su agresor. De hecho, las denuncias por violencia de género han disminuido en un 9,6% en los últimos cinco años, según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Una caída que la institución atribuye a la crisis, dado que "el empeoramiento económico tiene un efecto disuasorio en las víctimas", como afirmó la presidenta del Observatorio, Inmaculada Montalbán, al presentar estos datos a finales de septiembre.

La dependencia económica de las víctimas de violencia de género hacia sus maltratadores sigue siendo un obstáculo para denunciar y la crisis no ha hecho más que agravarlo. "Las mujeres creen que contarán con menos recursos económicos y tienen miedo de no poder alimentar o pagar el colegio de los hijos", ejemplificó Montalbán. 

Menos medidas cautelares


El número de denuncias por violencia machista lleva disminuyendo desde 2008. En el primer semestre de este año cayó un 4,2% respecto al mismo período de 2012: de 63.665 a 60.981, aunque ha habido un incremento puntual, de 29.487 a 31.494 casos, en los últimos tres meses. En consecuencia, también han disminuido las medidas cautelares impuestas por los juzgados de violencia de género. Por ejemplo, las 7.750 órdenes de protección acordadas en el primer trimestre de 2012 se han quedado en 4.583 en el mismo periodo de este año, lo que supone un descenso de casi el 40%.

Por todo ello, tanto el Observatorio como los expertos en violencia machista coinciden en dar la voz de alarma ante lo que consideran una "bolsa oculta de maltrato". Los datos son los que son, pero advierten de que no hay que pensar que la violencia de género está retrocediendo porque hay menos víctimas mortales y menos denuncias. Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación Mujeres Progesistas, resalta además otro escenario alterado por la crisis: "Las mujeres se separan y se divorcian menos que antes porque tienen menos recursos económicos". Eso también hace disminuir el número de asesinatos porque "el peligro de sufrir una agresión aumenta cuando ellas abandonan a sus parejas", recuerda.

En la misma línea se expresan también la exsecretaria de Estado de Igualdad, Laura Seara, o la directora de la cátedra de Género en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Laura Nuño. Ambas enumeran las consecuencias que el "austericidio" ha tenido en la situación de las mujeres y que ha provocado el recrudecimiento de la violencia económica.

"Al principio la crisis afectó más a los hombres, género mayoritario en el sector más afectado, el de la construcción, pero a lo largo de los años se ha visto que las mujeres han sido las grandes perjudicadas", explica Seara. "Como son ellas las que tienen más contratos temporales, a tiempo parcial, etc., son ellas las que han vuelto a ocuparse de la casa y el cuidado familiar mayoritariamente", argumenta. "Luego llegó la reforma laboral y esa situación se agravó aún más", denuncia la diputada del PSOE en el Congreso.

"Estas pérdidas las hacen volver a depender de sus parejas y las envuelven, a ellas y a sus hijos, en una sumisión y un silencio intolerables", lamenta."Ahora volvemos a hablar —aunque nunca hemos dejado de hacerlo— de la necesidad de emancipación de las mujeres", agrega la socialista. "El impacto del desempleo en las mujeres ha sido mucho mayor, su precarización es también mayor y todo eso hace que ellas tengan menos recursos para salir de la violencia", resume también Laura Nuño, que lamenta los recortes "no tanto en materia de violencia de género, pero sí en políticas de igualdad". "Al final una cosa lleva a la otra: si no se fomenta la igualdad, eso influye en la violencia", explica la experta.

"La violencia económica es muy difícil de detectar y, de hecho, no está reconocida como tal en la Ley Integral contra la violencia de género, aunque sí en otras leyes internacionales", apostilla Nuño. "Para demostrarla, además, la víctima tiene que encontrar a un juez que sea capaz de reconocer los síntomas de la violencia psicológica", lamenta. "Una (la económica) lleva a la otra (la psicológica), pero ambas son difíciles de probar", lamenta. Seara, por su parte, alerta de este tipo concreto de "arma de dominación masculina": "La violencia económica es muy agresiva, terrible, porque no se ve y lo que no se detecta, no se combate", concluye.

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Fuente: Público.

El peor arranque de año en crímenes machistas: cinco asesinadas en sólo 18 días

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  • En las dos primeras semanas de 2011 murieron por esta causa tres mujeres
  • En 2010, hubo una asesinada en el mismo periodo y cuatro en 2008
  • En ninguno de los casos constaban denuncias previas por violencia de género
  • Sin embargo, la última fallecida sí había solicitado ayuda psicológica
  • En los últimos meses también pidió apoyo en los trámites de separación
  • Ana Mato muestra su 'absoluta repulsa' por el último crimen machista
  • Impulsará reformas, 'desde el consenso, para evitar más asesinatos'
Un total de cinco mujeres han sido asesinadas por otros tantos hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación sentimental en lo que va de año, lo que convierte a estos 18 primeros días de enero en los más negros desde el año 2006.

En concreto, en las mismas fechas del año pasado se habían computado tres homicidios machistas, uno en 2010 y ninguno en el año 2009. En 2008, a 18 de enero el balance oficial arrojaba cuatro mujeres asesinadas, que eran dos en el mismo plazo de 2007 y un total de seis en 2006.

La última víctima es una mujer jienense de 54 años a quien habría asesinado su marido en plena calle, tal y como él mismo confesó a la Guardia Civil cuando poco después de cometer el crimen fue a entregarse. Sucedió este miércoles, poco antes de las diez de la noche en Noguerones, Alcaudete (Jaén). Estaban en trámites de separación.

Las otras cuatro mujeres asesinadas en estas dos semanas largas también eran españolas, tres fallecieron en Cataluña y una en Extremadura. La más joven de las víctimas tenía 41 años y la mayor, que murió en Badajoz, contaba 80. El resto estaban entre los 55 y los 57 años de edad.

Según las informaciones oficiales, en ninguno de los casos constaban denuncias previas por violencia de género. No obstante, la mujer fallecida en Jaén se había puesto en manos del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), primero, en 2008, para solicitar ayuda psicológica y después, en los últimos meses, para pedir apoyo en los trámites de separación.

Los mismos datos revelan que en todos los casos, los supuestos asesinos han sido detenidos por las fuerzas policiales para ser puestos a disposición judicial.
Igualdad impulsará 'reformas'

La ministra de Sanidad, Ana Mato, bajo cuyo departamento depende el área de Igualdad, ha condenado el último asesinato ocurrido en Jaén, un crimen por el que ha mostrado su "absoluta repulsa".

Mato ha avisado de que "no tolerará la violencia contra las mujeres" y ha anunciado que impulsará "reformas legales necesarias, desde el consenso, para mejorar las medidas de protección y evitar más asesinatos de mujeres".

Fuente: El Mundo.

LOS UNIVERSITARIOS REPRODUCEN LAS MISMAS CREENCIAS SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO QUE LA POBLACIÓN GENERAL

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Un estudio de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) sobre formación en violencia de género en universitarios concluye que tienen los mismos mitos y creencias que el resto de la población. El equipo de investigación reivindica programas de formación específicos en estos centros de estudio.
Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)
“Esta investigación forma parte de un estudio que realizamos sobre formación del alumnado universitario en violencia de género. La muestra la recogimos en nuestra propia universidad, a partir de un cuestionario, y lo que observamos es que los universitarios tienen las mismas creencias que la población general sobre este problema social”, declara a SINC Victoria Ferrer, investigadora de la UIB y autora principal del estudio.

La muestra estuvo integrada por 1.395 estudiantes (33,7% varones y 64,4% mujeres –el 1,9% restante no lo indicó–) de la UIB. La edad media fue de 23 años. “Analizamos los factores predictivos que diferencian al alumnado universitario que ha cursado asignaturas con contenidos de violencia de género de aquel que no las ha cursado”, apunta la investigadora.


Entre las variables predictivas sobre el interés en este campo están la educación previa, la percepción de la frecuencia y causas del problema, las creencias en torno a él y factores sociodemográficos. Además, existen diferencias según el género.


El perfil del alumnado que participó en la encuesta era de nivel económico medio, con dedicación exclusiva al estudio. La mayoría habían recibido en casa una educación de género igualitaria en lo relativo a libertad de horarios y a continuar con los estudios, pero en la que, sin embargo, las tareas del hogar recaían en mayor medida sobre las chicas.


“Del total de encuestados, tan solo un 28% había cursado asignaturas con contenidos relativos a violencia de género. De estos, un 81,3% eran mujeres y un 18,7% varones (el 1,8% restante no lo indicó)”, explica la investigación.


Enfermedad mental, considerada causa principal del maltrato


Respecto a la frecuencia y causas de la violencia de género, la mayoría del alumnado considera que este problema es, en general, bastante o muy frecuente en España, particularmente los abusos psicológicos, las restricciones de libertad, las amenazas y los abusos físicos –y algo menos los abusos sexuales –.

La mayoría del alumnado considera como bastante o muy responsable de esta violencia el abuso de alcohol o drogas, la enfermedad mental, los antecedentes de maltrato, la consideración social de las mujeres, el reparto del poder entre mujeres y hombres, el bajo nivel cultural o el paro.


“Asimismo, consideran que las leyes para castigar esta violencia y la protección y ayuda que reciben las mujeres que la padecen son insuficientes”, añade Ferrer.


Finalmente, en lo que se refiere a actividades del alumnado en relación a la violencia de género, la mayoría no había asistido a formación previa, ni realizado actividades de voluntariado, ni manejado literatura especializada relacionada con violencia contra las mujeres, pero sí había seguido las noticias sobre el tema.


“Estos resultados nos sirven para argumentar la necesidad de incorporar formación sobre esta cuestión en los nuevos planes de estudio que se elaboren en las universidades. De hecho, en la legislación vigente ya se solicita su inclusión”, concluye Ferrer.


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Referencia bibliográfica:


Victoria A. Ferrer Pérez, Esperanza Bosch Fiol y Capilla Navarro Guzmán. “La violencia de género en la formación universitaria: análisis de factores predictores”. Anales de psicología 27(2): 435-446, mayo 2011.