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¿Es compatible el Islam con la igualdad de la mujer?

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Joven iraní con el pelo descubierto, en Urmia (Irán). Fotografía, por Ferran Barber (todos los derechos reservados).

Barcelona | Diásporas / Público.

“¿Es compatible el Islam con la igualdad de género?”, preguntaba ayer Diásporas a sus lectores en un sondeo de opinión abierto hasta el lunes próximo. Esta escurridiza cuestión, a menudo tabú, resulta apasionante, dado que todos los países árabes, a excepción de Túnez, otorgan a la Sharia o Ley Islámica un papel más o menos significativo en su ordenamiento jurídico. En última instancia, el asunto no es sólo si el Islam es compatible con la igualdad de la mujer. Lo que en el fondo se debate es si la aplicación estricta del Corán es compatible con los valores laicos de las democracias occidentales. Los lectores de Diásporas que deseen opinar pueden emitir su voto a través de la herramienta de sondeo que aparece en la portada de nuestra web.

Por poner un ejemplo, el ordenamiento legal iraní contempla penas diferentes en función de la religión o del género de la persona que ha cometido el delito. La pregunta que se plantea es si ese sistema jurídico es el resultado de una rigurosa y justa aplicación de la Sharia o, por el contrario, es la consecuencia de una interpretación concreta (y masculina) de la Ley Islámica. Incluso las propias mujeres de los países musulmanes se encuentran divididas en torno a esta controversia. Mientras las secciones árabes de Femen afirman categóricamente que el Islam es incompatible con la igualdad de género, un sector significativo de feministas islámicas acusan a los hombres de haber sesgado en su beneficio el mensaje del profeta.

Entender las razones por las que la aplicación estricta de la Sharia es o no compatible con el modelo occidental de democracia nos obliga, de entrada, a recordar las circunstancias en las que el Corán fue revelado a Mahoma y la significación y alcance de las enseñanzas que contiene. En primer lugar, a diferencia de la Biblia, el Corán es considerado por los musulmanes como un dictado sobrenatural recogido por un profeta con la mediación del arcángel Gabriel. El Corán no expresa la voluntad de Dios de acuerdo a la transcripción más o menos ajustada que llevaron a cabo en épocas diversas un grupo de humanos; es la palabra de Dios misma.

La única versión oficial de ese texto sagrado universalmente aceptada fue redactada en 652, durante el gobierno del califa Otmán, con arreglo a las revelaciones recibidas y transmitidas por Mahoma, quien había fallecido veinte años antes. La obra consta de 6.226 versículos agrupados en 114 suras o capítulos. En palabras del escritor Eric Santoni, «los fieles de esa religión contemplan la historia del mundo, las relaciones de los hombres con Dios y entre ellos mismos a través de ese libro sagrado».

En segundo lugar, el Corán no es tan sólo para los musulmanes una referencia religiosa. Contiene, además, un código de vida revelado. No sólo dice a sus creyentes en qué deben creer, sino que además prescribe qué deben hacer.

El Islam aspira a regular todos los aspectos de la existencia individual de las personas y el Corán se reveló en su día insuficiente para dar respuesta a las cuestiones que comenzaron a plantearse tras la muerte del profeta. Para resolver ese problema, comenzaron a recuperarse los dichos de Mahoma no contenidos en la revelación (Hadiz), además de sus conductas y actitudes ante situaciones semejantes (la Sunna). La Sunna vino a llenar todos los huecos que no cubría el libro sagrado y se convirtió, a la postre, en el segundo pilar de la jurisprudencia. Y así hasta el día de hoy.

Así pues, el objetivo último de cualquier musulmán es el establecimiento de la ley coránica que rige tanto los vínculos entre los hombres y Dios como entre ellos mismos. En el Islam no hay iglesia, ni sacerdotes, ni jerarquías a la manera cristiana; sólo existe una comunidad o umma que a veces tiende a confundirse con el propio estado.

Por el mismo motivo, entre los musulmanes no puede ni debe haber conflictos entre los asuntos temporales y los espirituales. De hecho, como sostiene el estudioso Louis Gardel, los musulmanes no pretenden distinguir entre lo temporal y lo espiritual, «sino adecuar lo secular a los fundamentos de las normas divinas».

En tal caso, ¿se puede bendecir un trato jurídico y social diferente en función del género o la religión del ciudadano sin dejar de ser un buen musulmán? Las feministas de organizaciones como Femen consideran que sí. En su opinión, el Corán es difícilmente compatible con los valores laicos de las democracias occidentales dado que, en tanto que palabra de Dios, no puede ni debe estar sujeto a interpretaciones ni a negociaciones con el fin de adaptarlo a los valores "cuasi universales" de los europeos.

Por el contrario, la iraní Shirín Ebadi, premio Nobel de la Paz, considera que el problema no se halla en la religión, sino en las interpretaciones que han hecho los varones. Esta iraní sostiene que la discriminación de las mujeres es producto de la costumbre y «de una cultura patriarcal secular». De idéntica opinión son las feministas islámicas de la organización Mushawar, para quien sí es posible luchar por los derechos básicos de las mujeres sin volver la espalda a Alá.

En el mismo sentido, la musulmana hispano-francesa Natalia Andújar recuerda que existen ulemas disidentes que interpretan los preceptos islámicos de un modo mucho más heterodoxo y cercano a los derechos humanos modernos. Andújar señala a este respecto que todos estos doctores de la ley "coinciden en que ‘hiyab’ aparece ocho veces en el Corán, y que en ninguna de ellas se hace referencia al pañuelo para cubrirse el pelo, sino que se le otorga un sentido de ‘cortina’”. Es decir, en ningún lugar del Corán se especifica de forma explícita e imperativa que las mujeres deban cubrirse el cabello. Recientemente, Sheik Zaki Badawi emitió una fatwa (o pronunciamiento legal) en la que dispensaba de ocultarse el pelo a las musulmanas de Gran Bretaña para evitar que fueran víctimas de agresiones.

Por último, si en algo coinciden todas las feministas, es en que la posibilidad de que las mujeres elijan si cubren o no su cabello es sólo una variable (y no la más importante) a la hora de determinar la situación de la mujer en los países que se rigen por la Sharia. Lo importante, en todo caso, es que sirve para evaluar si el Islam brinda o no margen de maniobra. A la postre, queda por determinar también qué preceptos son de ineludible cumplimiento y cuáles son la consecuencia de una tradición secular hecha a la medida de los hombres. Obviamente, el Corán no dice nada acerca de si las mujeres deben conducir o no vehículos. Pero en él se ha resguardado la paleodinastía saudí para justificar esa y otras prohibiciones.

Los lectores de este suplemento que quieran dar su opinión sobre este asunto pueden hacerlo a través de la herramienta de votación situada en la portada de Diásporas (en la parte superior de la columna derecha). Transcurridas veinticuatro horas desde que se abrió la votación, más de un 70 por ciento de los lectores que se han pronunciado creen que Islam e igualdad de género no son compatibles.
 
 
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PROHIBICIÓN DEL BURKA EN FRANCIA

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Fuente: El País.


El Tribunal Europeo de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo ha avalado la ley francesa que en 2010 prohibió el velo integral en los espacios públicos, a petición de una joven francesa que defiende el uso del burka y del niqab, que considera que el hecho de que las mujeres deban descubrir el rostro a petición de la policía es un atentado a la vida privada y la libertad religiosa.

Francia, Bélgica, Luxemburgo, Reino Unido, Holanda y España son de los pocos países que han legislado contra el velo integral, que suele utilizar una parte reducida de las creyentes musulmanas, ya que por ejemplo en Francia, donde se estima que hay una población musulmana de más de seis millones de personas, apenas unas 2.000 mujeres lo utilizan.

España renunció a legislar a nivel nacional sobre el velo integral, salvo algunos ayuntamientos catalanes, que incluyeron la prohibición en sus ordenanzas municipales, lo que el Tribunal Supremo no estimó pertinente, ya que entiende que prohibir el velo integral limita el derecho a la libertad religiosa, lo que debe ser competencia exclusiva del parlamento, que sí estaría legitimado para dictar una ley en este sentido.

FUENTE: El País.

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La Generalitat prohibirá por ley el uso del ‘burka’ en los espacios públicos

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  • El consejero de Interior catalán argumenta motivos de seguridad y el deseo de lograr un texto de consenso con todos los grupos

Pere Ríos Barcelona 3 JUL 2013 - 17:01 CET


El Gobierno catalán tiene la intención de prohibir por ley el uso del burka en espacios públicos. Lo anunció ayer en el Parlamento autonómico el consejero de Interior, Ramon Espadaler, quien justificó la iniciativa “por motivos de seguridad pública” y argumentó que nada tiene que ver con “una limitación ligada a cuestiones religiosas”.

La iniciativa del Gobierno catalán llega cuatro meses después de que el Tribunal Supremo anulase una prohibición similar acordada por varios Ayuntamientos, entre ellos, el de Lleida. Los jueces consideraron que ese veto suponía precisamente una limitación del derecho fundamental a la libertad religiosa. En todo caso, decía la sentencia, la prohibición del burka en espacios públicos debería realizarse a través de una ley reservada a la cámara legislativa, no con una modificación de las ordenanzas municipales, como hicieron los consistorios.

El consejero de Interior invocó ayer esa sentencia y dijo que “el camino que tomaron los Ayuntamientos no fue el apropiado, pero no queremos mirar para otro lado y pensar que ya lo arreglarán ellos”. Espadaler razonó que el Gobierno catalán tiene atribuidas competencias en materia de seguridad pública, tanto en el Estatuto de autonomía como en la ley que regula los Mossos d'Esquadra, la policía ordinaria en Cataluña.

En base a esas atribuciones, dijo el consejero, la redacción de la ley está justificada porque “la ocultación del rostro puede alterar la seguridad de otros usuarios del espacio público”. El consejero dijo que la ley no solo afectará al uso del burka, sino también, por ejemplo, a los manifestantes que se tapen la cara. “No se trata de una prohibición general, sino solo cuando se produzca una ocultación o disimulación del rostro”, insistió.

El Gobierno catalán no tiene prisas en la elaboración del texto y dijo que escuchará todas las voces porque considera que se trata de “un debate sensible que afecta a muchos derechos fundamentales”. En ese mismo sentido dijo que no se buscará una mayoría aritmética de diputados para que la ley salga adelante, sino el máximo consenso posible para afrontar un problema que afecta especialmente a algunos municipios de Cataluña con un alto porcentaje de población árabe.

La prohibición del uso del burka en espacios ha generado un debate desde hace años en diversos países europeos, que lo han regulado de manera distinta. En el caso de España no se ha aprobado todavía ninguna ley de ámbito estatal y la ley que impulsa la Generalitat catalana será la primera de un gobierno autónomo.

Fuente: El País.

Francia estrena hoy la ley que prohíbe usar el velo integral

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Los gendarmes podrán multar a las musulmanas, pero no descubrirlas

ANA TERUEL | París 11/04/2011

A partir de hoy, no debería poder verse a ninguna mujer con velo integral en las calles francesas. Pasado el tiempo de la reflexión, ha llegado el de la aplicación del veto, aprobado el pasado otoño por el Parlamento tras más de tres años de acalorado debate. La legislación dejó entonces un periodo de pedagogía de seis meses. Cumplido el plazo, son ahora los agentes de seguridad los encargados de velar por aplicar la norma de la forma más adecuada.

Para responder a las numerosas dudas prácticas, el Ministerio del Interior ha enviado una circular que sirve de modo de empleo. Pese a todo, los sindicatos de policía advierten de las dificultades de aplicación y consideran "inevitables" los incidentes.

La ley prohíbe llevar cualquier vestimenta que "disimule el rostro y por lo tanto haga imposible la identificación de la persona", recuerda la circular de nueve páginas firmada por el ministro del Interior, Claude Guéant. La multa será de 150 euros. El documento, que en ningún momento menciona directamente al velo integral -esencialmente niqab y burka- que visten algo menos de 2.000 mujeres en el país, estipula que no se ven afectadas por la medida ni el uso de pañuelos, gafas o bufandas, siempre y cuando no dificulten la identificación.

La segunda aclaración que realiza es la del ámbito de aplicación. La legislación prevé que el veto se extienda a todo el espacio público, incluida la calle. Quedan descartados los domicilios privados, las habitaciones de hoteles, así como los locales de las asociaciones y empresas que no estén abiertos al público. En cuanto a los coches, el interior del vehículo releva del ámbito privado, pero el uso del velo integral conduciendo puede ser sancionado por peligroso.

En caso de encontrarse a una infractora, los agentes deberán "invitar a la persona a mostrar su rostro para controlar su identidad (...) y poder establecer un acta de multa". En caso de que esta se niegue a retirar la vestimenta para ser identificada, los agentes tendrán que explicarle con "persuasión" que se expone a ser llevada a comisaría. Esta opción no debe suponer más que un "último recurso". En cualquier caso, los policías o gendarmes carecen de la autoridad para obligar a la persona a retirar la prenda a la fuerza.

"Una vez más serán los policías en el terreno los que tendrán que gestionar una situación que no va a ser fácil", advierte Philippe Capon, secretario general del sindicato UNSA de la policía. "La persona que escoge llevar el velo integral lo hace por compromiso y no creo que un funcionario de la policía sea el que consiga hacerle ceder", añade con resignación. "Además, tenemos otras cosas que hacer, nuestra misión es asegurar la tranquilidad y la seguridad de los ciudadanos... Le aseguro que el lunes y el martes no se va producir una caza a la mujer con burka", concluye.

La circular introduce también un matiz interesante: recomienda a los agentes hacer prueba de tolerancia en los alrededores de los "lugares de culto" y evitar así dar la sensación de restringir la libertad religiosa. Pero la definición de esta suerte de zona transitoria queda abierta a la libre interpretación del policía. "¿Dónde acaba esa zona? ¿En la parada de metro, la del autobús?", interroga Capon.

Pero sobre todo, los sindicatos temen que la aplicación de la ley dé lugar a situaciones de enfrentamientos, en particular en zonas sensibles y de mayor concentración de población musulmana. "Tarde o temprano estaremos en portada de la prensa porque habrá algún tipo de incidente grave, es inevitable", advierte Capon.

Kenza Drider, una joven madre francesa de 32 años que participó en el debate parlamentario sobre la prohibición, asegura que no se negará a ser identificada pero que no abandonará su niqab. "Seguiré llevando mi velo como antes, no pienso cambiar nada de mi vida", explica. Dice que casi está deseando que la verbalicen para poder recurrir, sola o con otras mujeres afectadas, ante la justicia europea. "Como francesa no tengo ninguna gana de que mi país sea condenado, pero no me queda otra opción si quiero que se respete mi libertad de religión".

Fuente: El País.

El estado del debate sobre el 'burka'

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JESÚS GARCÍA / FERRAN BALSELLS - Barcelona / Tarragona - 09/06/2010

Los líderes musulmanes más radicales de Cataluña pretenden llevar la batalla del burka al terreno judicial. Once mezquitas próximas a la corriente salafista, que defiende la ruptura con Occidente, anunciaron ayer medidas legales para impugnar las mociones de diversos ayuntamientos contra el uso del velo integral. La comunidad islámica de Reus -uno de los municipios que prohibirá, en los próximos días, que las mujeres lleven burka y niqab- es el principal bastión del fundamentalismo y ha capitaneado la rebelión contra la oleada prohibicionista, por considerarla "inconstitucional".



"Recurrimos a la justicia porque la decisión atenta contra la libertad de nuestras mujeres a vestir como quieran", precisó Farid Katthouti, miembro de la junta gestora de la mezquita de Reus y coautor del manifiesto conjunto al que se han adherido nueve oratorios de Tarragona y otros dos del área de Barcelona (Rubí y Sant Boi). "Estas leyes crearán problemas y dividirán a los musulmanes y a la sociedad. Llegaremos al final porque nos avalan la justicia y la libertad democrática", advirtió Katthouti.

A pesar de que Lleida se convirtió en la primera ciudad española que prohíbe las prendas (sólo en edificios públicos), es en Tarragona donde el debate ha prendido con mayor fuerza. Aunque el burka (típicamente afgano) es casi inexistente, el niqab -un velo que cubre el cuerpo por completo, pero deja un pequeño espacio descubierto a la altura de los ojos- sí tiene cierto predicamento en las comunidades más conservadoras.

El debate en torno al burka, que algunos expertos juzgan inoportuno, se ha extendido como la pólvora. El PP ha llevado el debate al Senado, donde los grupos deberán pronunciarse. Seis municipios catalanes debatirán la prohibición. Y en al menos tres de ellos (Tarragona, Reus, El Vendrell) las mociones tienen todas las papeletas para ser aprobadas en unos días, ya que los acuerdos PSC-CiU dibujan una mayoría favorable.

En todos los casos, las iniciativas circunscriben el veto a los equipamientos municipales. Prohibir el burka en la calle presenta serias dudas legales. Y es en ese punto donde las demandas de los imanes ante la justicia podrían tener éxito.

Los líderes espirituales actúan como un filtro. El debate ha llegado a la comunidad a través de ellos. Más aún: son ellos quienes orientan (y, en la práctica, deciden) el camino a seguir, que en este caso pasa por una oposición frontal y activa a la prohibición. "Se sienten atacados y convierten la polémica en una campaña de promoción del burka", lamenta Abdennur Prado, de la Junta Islámica de Cataluña, que agrupa a los conversos.

Frente a los elementos más radicales, los musulmanes moderados rechazan el velo completo porque no casa bien con la integración. E incluso comprenden que se restrinja su uso en ciertas situaciones, en aras de la seguridad. Y, aunque también viven la ofensiva política contra el niqab como un ataque a su libertad religiosa, prefieren tomarlo con calma. En vez de demandas judiciales, dicen, conviene que el asunto se enfríe poco a poco.

"Hay que zanjar la polémica, ignorarla. Caerá por su propio peso", reflexiona Taoufik Cheddadi, líder de la comunidad musulmana en el área de Barcelona, que recrimina a los partidos políticos el uso electoralista del burka. "No estamos al margen, pero sí a la espera. En Reus, las cosas son más complejas y el ritmo, más acelerado", puntualiza Mimoun Jalich, de la Unión de Centros Islámicos de Cataluña.

Los expertos en el estudio del islam en España critican que, por lo general, sus únicos interlocutores son varones. Con el hombre fuerte de Reus y uno de los más influyentes salafistas afincados en España, Said Hamdouni, ocurre algo similar. Hamdouni explica que su esposa luce niqab porque quiere. "Tiene total libertad para llevarlo. Nuestras mujeres no son niñas, han de respetar la religión", asegura el hombre que, no obstante, evita que su mujer lo explique en primera persona. "Es que no habla castellano". Hamdouni asegura que "si a una mujer le obligan a llevar burka, debe denunciarlo", pero añade que la prenda "no hace daño a nadie".

Las mujeres musulmanas, según Hamdouni, también se están movilizando contra la prohibición. En Lleida, la resolución del Ayuntamiento ha hecho que algunas mujeres, por solidaridad y para defender su identidad y religión, se hayan puesto niqab. Y en Valls (Tarragona), la esposa de un líder espiritual optó hace tiempo por lucir esta prenda como forma de advertir contra el uso, excesivamente llamativo, que se hace del hiyab, el velo que cubre solo la cabeza y que algunas mujeres combinan con el color de sus zapatillas. Tal coquetería no está bien vista por los integristas, que lanzan así un doble mensaje: a las mujeres occidentales, que no quieren ser como ellas; a las musulmanas, que deben seguir la senda ortodoxa.

La vida en el seno de las comunidades, sin embargo, sigue igual. Más allá de las proclamas de los líderes y de una cierta indignación generalizada, no hay un gran revuelo. En el barrio del Carrilet de Reus, cuyos balcones atestados de parabólicas radian locuciones árabes a gran volumen, el debate pasa casi inadvertido. El grueso de vecinos apenas entiende castellano y quienes sí lo hablan viven pegados a la actualidad que dictan las televisiones de ámbito musulmán. "No podemos interferir en las cuestiones de Alá, es un asunto mezquino. Os parece normal tener a prostitutas en la calle, pero prohibís a una mujer taparse el rostro. No pueden salir con niqab, pero sí mantener relaciones sexuales en la esquina", tercia molesto Yusuf, de 31 años, que ha consultado el asunto con los líderes de la mezquita de Reus. "Nos han orientado, pero yo nunca estuve de acuerdo en la prohibición", asegura. El asunto llega a la calle tamizado por los líderes de opinión de cada comunidad, subraya Elhassane Jeffali, líder de una entidad local moderada. "Eso es muy peligroso, porque algunos centros fomentan el integrismo".

La mezquita de la calle del Nord de Lleida, la que alberga un mayor número de fieles, está dirigida por Abdelwahab Houzi, un imán que predica la doctrina salafista más radical, que ha lanzado en sus sermones soflamas incendiarias contra la cultura occidental y que ha protagonizado en los últimos años numerosos enfrentamientos con su comunidad y con el vecindario, informa Lluís Visa. Houzi, que ha sido denunciado por malos tratos y poligamia por su segunda esposa española, defiende el uso del velo integral porque, a su juicio, no discrimina a las mujeres. "La misma mujer, ella por su propia voluntad, con su propia libertad, elige este tipo de vestimenta. Nadie la obliga".

Los líderes conservadores del islam ven la regulación como una amenaza a su influencia en el seno de las comunidades. De ahí su respuesta furibunda y de ahí, también, que el conflicto esté servido. El Ayuntamiento de Reus, sin embargo, confía en que se trate sólo de una medida de presión. "Están en su derecho, pero se equivocan: valdría más que no tensaran la situación porque pueden crear conflictos", asegura el portavoz socialista, Eduard Ortiz. Y advierte: "Seremos inflexibles con la prohibición, a menos que un juez nos diga lo contrario".

El estado del debate sobre el 'burka'

- Francia. El Gobierno de Nicolas Sarkozy está empeñado en prohibir el velo integral en los espacios públicos, a pesar de que el Consejo de Estado, alto órgano consultivo del país, ha rechazado la propuesta de ley porque presenta fuertes "incertidumbres inconstitucionales". El proyecto del Gobierno prevé sancionar el uso del burka y el niqab (y toda prenda "destinada a disimular el rostro") en todo el espacio público. El texto prevé multas de hasta 150 euros y castigará a quien lo imponga con 15.000 euros y un año de cárcel por atentar contra la dignidad humana. El texto será sometido a la votación del Parlamento en julio.

- Bélgica. El pasado mes de abril, la Cámara baja de Bélgica votó a favor de prohibir toda vestimenta que oculte el rostro de las mujeres musulmanas en espacios públicos, bajo multa de 25 euros. La justificación es que ese complemento enmascara una condición de esclavitud, aseguran. La norma no ha entrado en vigor porque la convocatoria de elecciones no permitió que la ratificara el Senado. El proceso tendrá que iniciarse desde el principio tras los comicios, pero con toda seguridad saldrá adelante, a juzgar por el amplio apoyo que recibió en la votación del pasado mes de abril.

- Holanda. Las universidades prohíben el acceso a las aulas de jóvenes completamente cubiertas por razones de seguridad. El Parlamento debate desde 2006 si aceptar o no una propuesta para pedir el veto del burka en lugares públicos. - España. El Ayuntamiento de Lleida aprobó, con una amplia mayoría (PSC, CiU y PP), una moción que prohíbe el velo integral (burka y niqab) en las dependencias municipales. La iniciativa motivó una cascada de mociones similares en seis ayuntamientos catalanes, cuatro de Tarragona (Reus, Tarragona, El Vendrell y Cunit) y otros dos de Lleida (Cervera y Tàrrega). Entre esta semana y la próxima, tres de los consistorios (Reus, Tarragona y El Vendrell) aprobarán con toda probabilidad resoluciones similares a la de Lleida, ya que los partidos que optan por la prohibición son mayoría.

Más allá del debate municipal, el PP ha llevado el asunto al Senado y al Parlamento de Cataluña a través de su líder en esa comunidad, Alicia Sánchez Camacho. El resto de partidos no lo considera un asunto prioritario.


Burka muerte en vida- Un delito impune

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La introducción de esta prenda se produjo en Afganistán a principios del siglo XX, durante el mandato de Habibullah (1901-1919),quien impuso su uso a las mujeres que componían su numeroso harén,para evitar que la belleza del rostro de estas tentara a otros hombres.

 El  burka se convirtió en una vestimenta utilizada por la clase alta, quien de este modo se "aislaba" del pueblo llano,evitando así su mirada.

En la década de los 50 su uso se generalizó en la mayoría de la población, si bien seguía siendo una prenda de las clases acomodadas.Como ya se ha dicho se extendió entre todas las capas sociales en un acto de imitación de clase alta, ya que se consideraba un símbolo positivo de estatus social.

El burka no es un vestido, es una cárcel que somete a las mujeres a la terrible dificultad de no ver con claridad nada que no se encuentre a un metro de distancia frente a sus ojos. Produce una visión de "anteojeras", que les hace perder la vista de los ángulos laterales estrechando el campo visual que aparece,
detrás de las celdas del tejido que se abre a la altura de los ojos,"enrejando" todo lo percibido.


A las mujeres sólo se les permite viajar en los maleteros de los taxis.


Ropa hospitalaria , hasta en las operaciones.


Nacer con burka.

La Maternidad Malalai está rodeada por un muro de cemento construido por los talibanes, con dos ventanucos diminutos.Del otro lado acampan los hombres que esperan a las mujeres internadas; sigue sin permitírseles entrar,como durante el gobierno de los talibanes,y hablan con sus esposas por los diminutos ventanucos."El régimen talibán ya no está -dice Suraya Dalil, una médica afgana que participa en la Iniciativa Maternidad Segura,de Unicef-, pero su muro sigue en pie."Cuando una mujer está embarazada, los afgailos dicen que está enferma. En la Maternidad Malalai, la mayor del país, las mujeres son dadas de alta pocas horas después del parto por la enorme demanda de camas. Pero el 97% de las mujeres afganas da a luz en sus casas porque tienen prohibido consultar a médicos varones y casi nunca disponen de medios de transporte para llegar a un tratamiento médico.

Un informe reciente de Médicos por los Derechos Humanos indica que el 40% de las mujeres que mueren durante su período de fertilidad es por complicaciones en el parto.


Hasta para bañarse en público tienen que ir tapadas totalmente.

A menudo, la poca visibilidad que permite la pequeña apertura provoca, al cruzar las calles, serios accidentes que llevan a estas mujeres a la muerte

LAPIDACIÓN

El adulterio está penado con la lapidación.La mujer es metida en el suelo en un agujero y tapada con tierra hasta el pecho. A continuación los “hombres” le arrojan piedras hasta matarla.Las piedras no deben ser ni tan grandes como para causarle la muerte rápida, ni tan pequeñas que no se puedan considerar “piedras”

Debajo de la burka, la mirada de la madre no existe. No existe su rostro, su voz se distorsiona y es imposible el contacto con su piel. Tampoco existe para estas mujeres la mirada del hijo al amamantar.

No hay vínculo ni sostén a través de este soporte básico y constituyente de un Otro. No hay mirada.


Dibujo hecho por un niño afgano

 Por:     Patricia's Daily News

Afganistán se olvida de las mujeres


Tras ocho años de intervención internacional, la discriminación de las afganas es similar.

Las mujeres afganas son víctimas de una mentalidad medieval. No existen leyes ni justicia, sólo tradición y la voluntad inapelable de unos hombres embrutecidos por 30 años de guerras que se amparan en el nombre de Dios para ejercer la violencia. En muchas zonas rurales se rapa el pelo a los niños durante la celebración de las bodas con la esperanza de que su fealdad les salve de una violación, a menudo por parte de un familiar. Ocho de cada 10 mujeres sufren violencia doméstica y un 60% es obligada a contraer matrimonio antes de cumplir 18 años, según datos de Naciones Unidas y de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán. El presidente Hamid Karzai, financiado por la comunidad internacional -incluida España-, aprueba leyes que permiten a los maridos chiíes castigar a sus esposas sin comida si éstas no les complacen sexualmente.

"El burka no es el problema si es ella quien decide libremente llevarlo", afirma Fatana Ishaq Gailani, premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 1998 y presidenta de una ONG que defiende sus derechos. "El gran problema de las mujeres afganas es el trato inhumano que reciben. Nadie las protege de la violencia. Ni el Gobierno ni la comunidad internacional han hecho nada en ocho años por cambiar la situación. Es imposible condenar a nadie por violación; los jueces liberan a los acusados tras el pago de un soborno. La mujer afgana apenas tiene acceso a la educación y en las zonas rurales vive en condiciones de extrema pobreza".

Faima tiene 23 años, es de Kabul y afortunada: pudo terminar la enseñaza secundaria, algo vedado al 95% de las niñas que inician la escuela. Aguarda su turno en una sala del centro ortopédico que el Comité Internacional de la Cruz Roja tiene en la capital desde 1988. Es por su hijo Rahnan, con una malformación en el pie. "No me gusta el burka. Me siento en una cárcel y debajo hace mucho calor. El hiyab es la prenda que exige mi religión y es la que llevo sobre la cabeza. Mucha gente piensa así en Kabul, pero sé que en las provincias es diferente. Allí, muchas mujeres tienen que llevar el burka por fuerza".

Salima es una de ellas. Procede de la norteña provincia de Takhan y lleva el burka levantado sobre la frente. Al principio se niega a conversar. Dice que necesita el permiso de su marido. Con la ayuda de una de las fisioterapeutas accede cubriéndose la boca con los pliegues: "Nadie me obliga a llevarlo. Debajo de él me siento más segura. No me gusta que los hombres me miren en la calle".

Malalai Joya tiene 35 años y es una de las 64 diputadas del Parlamento, pero no puede acudir a su escaño porque fue expulsada pese a que la ley no contempla esa posibilidad. Está amenazada de muerte y vive en la clandestinidad. En su caso, el burka es un seguro de vida. "La mayoría de nuestros políticos y parlamentarios son unos narcotraficantes y criminales de guerra que deberían ser detenidos y llevados ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya", explica en uno de sus refugios. Opiniones como ésta, que expresó en la Loya Jirga (Gran Asamblea) en 2003, le han colocado en la mira de demasiadas armas.

"La situación de la mujer en Afganistán es un infierno", prosigue. "Muchas optan por el suicidio para escapar de la violación legalizada en la que se han convertido muchos matrimonios. No pueden salir sin permiso de sus maridos. Tampoco educarse. Vivo en un país de misóginos que temen a la otra mitad. Dicen que somos el 25% de los diputados, pero es mentira: las mujeres apenas pueden hablar en el Parlamento, son insultadas y atacadas. A mí, por ejemplo, me intentaron violar. Las cosas no han cambiado desde que se fueron los talibanes y el país fue ocupado por tropas extranjeras". Malalai maneja papeles y muestra fotografías; es una mujer entregada a una causa. "Sé que un día me matarán. Ya lo han intentado cinco veces, pero no me voy a rendir", dice.

Sdika tiene 12 años. Se levanta a las seis de la mañana. Una hora después entra en el colegio pero a las diez debe regresar a su casa para ayudar y hacer la comida. Le gustaría ser pintora. Dibuja jardines y casas grandes. Deben ser sus sueños desde un Kabul envuelto en una neblina de polvo y arena que daña los ojos. Dice que no le gusta el burka. "No me lo pondré hasta que me case. Después dependerá de lo que decida mi marido".

La diputada Fawzeja Kofi se queja de que los candidatos a la presidencia no han dedicado su atención a los problemas de la mujer. También cree que el burka no es el problema, sino la representación del problema. Confía en que los jóvenes y las nuevas tecnologías rompan el cerco. "Poco ha cambiado la calidad de vida de las mujeres desde la salida de los talibanes. Aquí se mata a la mujer por ser mujer. Sólo en Kabul hay 60.000 viudas que deben llevar el peso de la casa y que carecen de derechos. La única vía es la educación, que el 85% de mujeres analfabetas aprenda a leer y a exigir sus derechos. Tenemos un Gobierno corrupto que lo único que ha hecho es legalizar la tradición. Vivimos en una cultura de la impunidad que nada tiene que ver con la sharia [ley islámica]".


Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.
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