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Hollywood promueve un ambicioso plan contra el acoso sexual

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Miembros de la Organización Nacional para las Mujeres. 
Miembros de la Organización Nacional para las Mujeres. AFP 


  • 300 actrices, directoras o productoras impulsan un fondo legal y cambios legislativos para ayudar a mujeres de cualquier estrato social

Un grupo de 300 personalidades de Hollywood ha anunciado la creación de un ambicioso plan de acción contra el acoso sexual en la meca del cine y en todo Estados Unidos para ayudar a mujeres de cualquier estrato social. El colectivo, llamado Time’s Up Now (El tiempo se ha acabado ahora), supone un salto cualitativo en el movimiento #metoo (yo también), que en los últimos dos meses ha logrado tumbar a un reguero de hombres poderosos del espectáculo, periodismo y la política acusados de acoso.

La iniciativa, coordinada por una amalgama de organizaciones sociales, persigue que el clamor contra una enquistada cultura de abusos, que ha logrado rebajar el umbral de tolerancia y ha llevado a las empresas a despedir fulminante a los hombres acusados, se traduzca ahora en iniciativas concretas que deriven en cambios estructurales. Incluye, por ejemplo, la creación de un fondo legal y de un grupo de presión en busca de objetivos legislativos y laborales definidos.

Time’s Up Now también intenta alejarse del estereotipo de que esta lacra solo afecta a mujeres conocidas cuando en realidad abarca todo el arco social y las mujeres menos poderosas son las que sufren mayores dificultades y represalias para alzar la voz. En esa búsqueda de transversalidad, también ofrece asistencia a hombres víctimas de acoso.

“Debe terminar la lucha de las mujeres para entrar, para escalar en los rangos y simplemente para ser escuchadas y consideradas en puestos de trabajo dominados por hombres. Se ha acabado el tiempo para este monopolio impenetrable”, reza una carta abierta publicada ayer en los diarios The New York Times y La Opinión.

Algunas de las firmantes y promotoras de la iniciativa son las actrices Ashley Judd (que denunció los abusos de Harvey Weinstein, el poderoso productor de Hollywood, lo que desató el dominó de acusaciones contra él), Eva Longoria, America Ferrera, Natalie Portman, Rashida Jones, Emma Stone, Kerry Washington y Reese Witherspoon. También respaldan el plan de acción Donna Langley, presidenta de Universal Pictures, Shonda Rhimes, productora de las series televisivas “Anatomía de Grey” y “Scandal”; y Tina Tchen, que fue jefa de gabinete de la ex primera dama Michelle Obama.

Time’s Up Now cuenta con un fondo legal de 13 millones de dólares, gracias a donaciones, para ayudar a mujeres con pocos recursos -como trabajadoras agrícolas, de limpieza, industriales o camareras- a costear las denuncias por acoso. También promueve un proyecto de ley que penalice a las compañías que toleren abusos recurrentes de sus empleados, y otro que desaliente el uso de acuerdos judiciales secretos para acallar denuncias. Respalda, además, el objetivo de otro grupo que promueve que las organizaciones de entretenimiento se comprometan a que en 2020 haya paridad de género en sus cúpulas directivas.

FUENTE: El País.

Los abusos a menores copan el 20% de las causas penales del Supremo

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Escenificación de una menor que sufre abusos 
Escenificación de una menor que sufre abusos. / Extra Roos Koole

  • Los agresores suelen estar en el entorno familiar del niño, que tarda años en denunciar

Reyes Rincón Madrid 23 NOV 2015 - 10:11 CET

Alrededor del 20% de todos los asuntos que ve la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo son casos de abusos sexuales, en su inmensa mayoría sufridos por menores. En octubre, la sala emitió 93 sentencias, de las que 16 (un 17%) resolvían recursos de casación contra fallos dictados por abusos a niños y adolescentes. A lo largo del mes de noviembre, el tribunal tiene señaladas otras 25 vistas. Aunque hasta ahora no se habían hecho estadísticas sobre estos casos, los expertos alertan de la llamativa incidencia de estos delitos en niños y, sobre todo, en niñas, que en muchas ocasiones no se atreven a denunciar hasta llegar a la mayoría de edad.

Las últimas sentencias dictadas por la Sala de lo Penal dibujan una desgarradora radiografía de las situaciones que viven muchos menores, en la mayoría de los casos dentro de su propia familia o en su entorno más cercano. Padres que aprovechan las noches o el momento del baño para abusar de sus hijas, padrastros siempre dispuestos a cuidar de la hija de su pareja mientras esta está en el trabajo y que acaban convirtiendo los abusos en una infernal rutina o tíos o amigos de la familia que convencen a la niña de que todo es un "juego" que no debe contar. Los pisos compartidos por familias extensas víctimas de la crisis son también un escenario coincidente para estos abusos en varias de las sentencias dictadas en los últimos meses por el tribunal.

Las sentencias revelan que la mayoría de los menores soportan los abusos durante años y, si nadie de su entorno los descubre, pueden no contarlos hasta mucho después. Cuando el autor de los delitos es un familiar, a menudo amenaza a la víctima para que no hable ("si lo cuentas, la familia se romperá") o le soborna con regalos. Como los cinco euros de recarga para el móvil que le daba a su sobrina de 12 años cada vez que abusaba de ella un hombre condenado en octubre por la Sala de lo Penal. También le regaló un perro, “y cuando la niña le dijo que no aguantaba más esos juegos le amenazó con quitarle el animal”, explican los jueces. La pequeña un día no pudo más y llamó a su hermana, cuatro años mayor y que había dejado hace meses la casa familiar para ir a la Universidad. Cuando la niña le contó lo que le ocurría, su hermana le confesó que ella había sufrido lo mismo durante seis años. Las dos se habían criado con su abusador desde que fallecieron sus padres, pero la mayor nunca se atrevió a contar lo que ocurría.

"Muchos niños no hablan porque sienten vergüenza, creen que tienen culpa de lo que ha pasado", advierte Margarita García Marqués, psicóloga clínica de la Asociación para la Sanación y la Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia (Aspasi). A finales de octubre, el Supremo confirmó la condena de 13 años y seis meses de prisión por delito continuado de agresión sexual de un padre sobre su hija desde que la niña tenía 13 años. Le denunció con 21. La sentencia relata cómo por las noches el padre bajaba las escaleras de la casa y aprovechando que el resto de la familia dormía se metía en el dormitorio de la chica, que estaba en un semisótano.

Aunque cada vez se denuncian más estas situaciones, García apunta que son muchos los casos que se quedan ocultos. "Hay adultos que llegan a saber que un familiar cercano está abusando de un menor de la familia y no lo cuentan porque no quieren que su padre, su hijo o su hermano acaben en la cárcel", advierte la psicóloga. A su asociación llaman adultos que han descubierto una situación de abusos en su entorno, pero algunos se quedan en una primera y única llamada para pedir consejo y nunca llegan a poner el caso en concreto en conocimiento de Aspasi para evitar identificar y denunciar al autor.

Los jueces en sus sentencias dan también cuenta de las secuelas que sufren los menores. Estas dependen, sobre todo, de la edad y el tipo de abusos. En las víctimas de más edad o que han sufrido abusos con violencia, las secuelas suelen incluir un complejo cuadro que abarca desde angustias e insomnio crónico a agresividad e incluso automutilaciones. En el caso de las dos hermanas abusadas durante años por su tío y tutor, el tribunal detalla situaciones de ansiedad, miedo a salir solas a la calle, pánico a los hombres, pesadillas, depresión, confusión entre sexualidad y afectividad o tendencia a evitar en la medida de lo posible el contacto físico.

Cuando los abusos se han planteado como un juego, sobre todo en niños pequeños, la víctima a veces llega a normalizar esa situación. “El menor puede sexualizarse y buscar esa conducta con otros adultos. Esos niños son carne de cañón para otros abusadores”, advierte la psicóloga, en cuya asociación (www.aspasi.org) imparten talleres en los colegios para enseñar a los niños a detectar una situación de abusos. En más de una ocasión, cuenta la psicóloga, tras uno de estos talleres, un menor ha levantado la mano y ha advertido: "Eso me ha pasado a mí".
 
FUENTE: El País. 
 
FORMACIÓN RELACIONADA: 

El Ejército castigará el acoso sexual con hasta cuatro años de cárcel

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  • El nuevo Código Penal castrense protege la “intimidad y dignidad” de los militares

Miguel González Madrid 1 JUL 2013 - 00:19 CET



Mujeres militares durante un acto en la base de El Goloso (Madrid) en 2006. / ULY MARTÍN

Las Fuerzas Armadas quieren atajar los casos de acoso sexual y laboral en su seno. Y erradicar los brotes de xenofobia, islamofobia, racismo u homofobia. Así será, al menos, si se aplica a rajatabla el borrador del nuevo Código Penal Militar —al que ha tenido acceso EL PAÍS— en el que, por vez primera, se tipifica como delito la conducta del superior que comete contra un subordinado “actos de acoso tanto sexual y por razón de sexo como profesional”. La pena son seis meses a cuatro años de cárcel, así como la posible expulsión del Ejército.

Los tribunales militares ya han dictado varias condenas contra mandos que acosaban sexualmente a sus subordinadas, pero lo han hecho aplicando el delito de “abuso de autoridad”, en su modalidad de trato degradante o inhumano, penado con hasta cinco años de cárcel. La novedad consiste en que este artículo se mantiene y amplía, para incluir también los atentados contra la “libertad o indemnidad sexual” del inferior. Y se le añade otro artículo que específicamente castiga el acoso sexual o profesional; así como las amenazas, coacciones, injurias, calumnias y, en general, atentados graves contra la “intimidad y dignidad personal o en el trabajo” de la víctima.

También penaliza cualquier “discriminación grave por razón de nacimiento, origen racial o étnico, sexo, orientación sexual, religión, convicciones, opinión, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. La enumeración es ilustrativa de la heterogeneidad de las Fuerzas Armadas donde, como en la propia sociedad española, hay mujeres, extranjeros, musulmanes u homosexuales.

El acoso o la discriminación no solo pueden darse entre superiores y subordinados, sino también entre militares del mismo empleo o graduación, por lo que el nuevo Código Penal castiga también esta conducta cuando no hay relación jerárquica entre delincuente y víctima, aunque la pena prevista es menor: de seis meses a dos años de cárcel.

La elaboración de un nuevo Código Penal Militar —el vigente data de 1985— responde a un mandato de la ley de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas de 2011 y complementa la nueva ley disciplinaria militar, en tramitación parlamentaria. En coherencia con esta última —que redujo a dos meses la duración máxima del arresto— fija en tres meses y un día la pena mínima de prisión, pero permite al tribunal rebajarla hasta dos meses y un día.

El reconocimiento de los derechos de los miembros de las Fuerzas Armadas se refleja en el castigo al militar que “impidiere o limitare arbitrariamente [a otro militar] el ejercicio de los derechos o libertades públicas”; y también en la despenalización de hacer reclamaciones “con publicidad”. No obstante, las peticiones colectivas, propias de las asociaciones profesionales, seguirán siendo delito, castigado con seis meses de prisión, “si pusieran en grave riesgo el mantenimiento de la disciplina”.

Los militares no incurrirán en delito de desobediencia cuando la orden recibida “entrañe la ejecución de actos que manifiestamente constituyan delito o una infracción manifiesta, clara y terminante de normas esenciales del ordenamiento jurídico”.

El nuevo Código Penal Militar refleja los 28 años transcurridos desde la aprobación del vigente en novedades como la alusión a las misiones internacionales del Ejército; el castigo a quien introduzca drogas en un buque o aeronave militar; o la sanción al militar que dejase de socorrer a una persona en peligro “en los supuestos de grave riesgo, catástrofe o calamidad”, en los que actúa la Unidad Militar de Emergencias.

En muchos casos, el Código Penal Militar se remite a los delitos previstos en el Código Penal común, pero aumentando su pena. Ello le sirve para justificar que los juzgue la jurisdicción castrense, en vez de la ordinaria.

Fuente: El País.

El Cairo, capital árabe del acoso sexual

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  • Casi la mitad de las egipcias declara sufrir agresiones sexuales a diario
  • Se culpa a la manera de vestir de las víctimas, pero el 72% usaba ‘hiyab’

Ricard González El Cairo 6 ENE 2013 - 20:52 CET




Dalia Youssef nunca sale de casa sin sus auriculares. Y no es solo porque a esta joven cantante y compositora amateur le apasione la música, sino porque los utiliza como escudo protector ante una de las más extendidas epidemias que padece Egipto: el acoso sexual. "Antes me costaba salir a la calle. Me agobiaba y deprimía escuchar cada día los comentarios soeces que me lanzaban desconocidos. Ahora, con los cascos, ya ni me entero", comenta en un popular café de El Cairo.

El acoso sexual suele suceder a plena luz del día y, aunque parezca ilógico, los lugares de mayor riesgo son los más concurridos, como las manifestaciones. Recientemente, una corresponsal de la cadena France24 tuvo que ser rescatada de una turba que se abalanzó sobre ella tras un directo desde la plaza Tahrir. Un momento especialmente peligroso es el fin del aid el adha, la fiesta del cordero. En la de este año, varias asociaciones de mujeres denunciaron cientos de actos de agresión sexual, realizados sobre todo por grupos de adolescentes.

Según un estudio publicado en 2010 por el Centro Egipcio por los Derechos de las Mujeres (CEDM) y el UNFPA, un fondo de la ONU, casi la mitad de las egipcias declara sufrir el acoso sexual de forma diaria, y hasta un 83% lo ha experimentado alguna vez en su vida. La cifra asciende hasta el 98% en el caso de las mujeres extranjeras que viven en la capital egipcia. A pesar de que no existe un estudio comparativo, numerosas mujeres que han vivido en varios países de la región sostienen que El Cairo es la ciudad donde está lacra es más aguda.

"El acoso puede adoptar aquí muchas formas diferentes: miradas lascivas, piropos desagradables, silbidos, tocamientos, e incluso el seguimiento, ya sea en coche o a pie", explica Dalia, de 22 años. "Un tipo muy característico de Egipto es el acoso telefónico. Hay hombres que marcan números al azar, en busca de alguna chica. Cuando dan con ella, pueden llamarla hasta 30 o 40 veces al día", añade. Ante la ineficacia del auricular protector, ha desarrollado otras técnicas para estos casos, como la simulación de voces masculinas, o la descarga de una aplicación de móvil que permite bloquear las llamadas de números concretos.

Si bien el acoso sexual no es un problema nuevo, se ha ido agravando progresivamente durante las últimas tres décadas hasta convertirse en una verdadera plaga. Entre los factores que se suelen apuntar para explicar este fenómeno, figura la frustración sexual que genera una sociedad cada vez más conservadora, mezclada con la amplia difusión de vídeos eróticos a través de la televisión por satélite o de Internet. Por ejemplo, en el popular satélite Hotbird existe al menos una quincena de canales eróticos en árabe.

Asimismo, se señala al hecho que el elevado desempleo juvenil haya retardado sustancialmente la media de edad de matrimonio, sobre todo entre los hombres. Sin embargo, algunos expertos discrepan de estas explicaciones. "El verdadero motivo es la falta de respeto y consideración hacia la mujer y sus derechos. Los acosadores no son solo jóvenes solteros, sino también casados, maduros, e incluso niños", asevera Rasha Hassan, una de las investigadoras que realizó el estudio del CEDM.

"El acoso cuenta con alto grado de aceptación social, y por lo tanto, de impunidad. Para muchos, es una especie de demostración de hombría", apostilla. Ante una situación de acoso, explica Rasha, la mayoría de mujeres opta por un silencio incómodo. Pero aquellas que alzan la voz, y reprueban al agresor su conducta, raramente encuentran el apoyo de sus conciudadanos. Tampoco cabe esperar mayor comprensión por parte de la policía, pues los informes señalan a los agentes como uno de los colectivos más propensos al acoso, junto a estudiantes o taxistas.

Una de las más manidas justificaciones de quienes disculpan estos comportamientos pasa por atribuir la responsabilidad a las víctimas, sobre todo a su manera de vestir. No obstante, los datos refutan este lugar común. En el completo estudio del CEDM, un 72% de las víctimas usaban el hiyab o velo islámico. Ni tan siquiera las que usan el niqab, el velo integral, se libran. De hecho, parece difícil recurrir al argumento de la provocación cuando es muy raro ver algún hombro desnudo en las calles de El Cairo, por no hablar de pantorrillas...

Sin embargo, poco a poco, la sociedad está empezando a concienciarse del problema. "En 2006, cuando empezamos nuestro trabajo, era un auténtico tabú. Ahora, muchas organizaciones han lanzado campañas, y los medios de comunicación, e incluso el cine, lo han abordado. Las actitudes están empezando a cambiar", se felicita Rasha, que colabora como voluntaria en Harassmap, una de las múltiples nuevas iniciativas que proporciona ayuda a las mujeres agredidas. Y como muestra de este nuevo clima, El Cairo 678, un atrevido filme egipcio de una mujer que, harta del acoso diario, decide tomarse la venganza por su mano.

A pesar de que la solución pasa por un profundo cambio cultural, más allá de las campañas de sensibilización, es necesario también un cambio legal. "En el código penal, no está tipificado un delito de acoso sexual. Lo está la violación y el "asalto", pero este ni tan siquiera está claramente definido", explica Dina Hussein, una abogada miembro del Consejo Nacional para las Mujeres. Tras una petición oficial del Consejo, el primer ministro, Hisham Kandil, anunció en noviembre que el gobierno estaba preparando una ley que establezca el acoso sexual como delito, castigándolo con severas penas.

Parte de la solución puede surgir también de la actitud rebelde de las chicas de las nuevas generaciones, como Dalia. "La próxima vez que sufra algún tocamiento, no me quedaré de brazos cruzados. Pienso presentar una denuncia. Tenemos que luchar por nuestros derechos", dice con una mirada que destila determinación.

Fuente: El País.

Arrestados dos menores por acosar a una musulmana en un instituto de Alicante



La policía nacional ha arrestado a dos menores por un supuesto acoso moral a una compañera de clase, una alumna musulmana, en el Instituto de Educación Secundaria El Pla, ubicado en el barrio del mismo nombre de la ciudad de Alicante.

Los detenidos, dos varones, están acusados de dar durante varios meses un trato vejatorio a la chica, de 16 años, mediante insultos con sus hábitos culturales y religiosos, así como otros, inclusive, de índole sexual. Los arrestos, según han confirmado fuentes oficiales de la comisaría de Alicante, se produjeron el pasado lunes. Los supuestos acosadores fueron puestos a disposición de la Fiscalía de Menores. Esta institución, según aseguran fuentes del ministerio público, no ha adoptado aún ninguna resolución sobre los menores detenidos, es decir, si los deja en libertad u ordena su internamiento en un centro.El trato denigratorio de estos estudiantes hacia su compañera de aula se remonta al comienzo del presente curso escolar, según amplían fuentes del caso. La investigación policial comenzó a raíz de una denuncia cursada por los padres de la adolescente, de origen marroquí, al observar sus progenitores la decaída moral y los temores que progresivamente mostraba la chica a la hora de ir a clase.


Fuente: http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/Arrestados/menores/acosar/musulmana/instituto/Alicante/elpepusoc/20110224elpval_2/Tes



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Vicente Sanz Monlleó secretario general de Radio Televisió Valenciana en el juzgado por abusos sexuales reiterados

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Las declaraciones a la juez de las tres periodistas que denunciaron a Vicente Sanz detallan el terror al que se sintieron sometidas

JOSEP TORRENT / LYDIA GARRIDO - Valencia - 21/03/2010
 
Vicente Sanz ha controlado durante 15 años Ràdio Televisió Valenciana (RTVV). Desde su puesto de secretario general técnico, que llevaba aparejado el cargo de jefe de personal, se comportó como un auténtico sátrapa, un señor feudal que se creía con derecho de pernada, al que sólo le faltó pasearse a caballo por las instalaciones de Burjassot para que quedara claro, por si acaso no lo estaba, quién mandaba en realidad en Canal 9. Sanz fue una suerte de sheriff de Nottingham ante unos directores generales que, como el Juan sin Tierra de la leyenda de Robin Hood, se mostraron tolerantes, pusilánimes y acobardados ante el poder, real o ficticio, que emanaba de la figura de su teórico subalterno, reforzado por la leyenda de que era el custodio de inconfesables secretos del PP que podrían acabar con la carrera de más de uno y más de una política relevante del PP.

Sanz presumía ante sus víctimas de que Camps y Rambla eran sus amigos
A las denunciantes les hizo creer que su trabajo dependía de su voluntad -
Hacía saber a sus acosadas que conocía qué pasaba en su vida personal:
"Le dije que me dejara, me ponía a llorar, lo rechazaba, pero le daba igual"
Las denunciantes le mandaban fotos y mensajes para que las "dejara en paz"
Sanz alardeaba ante las denunciantes de que conquistaba a otras periodistas
Toda la fachada se derrumbó el viernes 19 de febrero cuando tres periodistas, hartas de soportar las humillaciones, los abusos sexuales, la prepotencia, las amenazas y las sevicias del sátrapa de Burjassot decidieron denunciarle ante los juzgados de Paterna. La titular del número uno, encargada de la investigación, sólo con las declaraciones de las demandantes, tuvo motivos suficientes para dictar orden de alejamiento contra Vicente Sanz. Entendió que existían indicios suficientes para acreditar que las denunciantes "durante diferentes periodos, comprendidos entre octubre de 2007 y febrero de 2010, recibieron continuas llamadas y mensajes de Vicente Sanz Monlleó en que alardeando del poder que él tenía en RTVV y de las dificultades laborales en que podría poner a las perjudicadas y sus familias, las instó a enviarle fotos de sus partes íntimas y de su ropa interior, las obligó a subir en reiteradas ocasiones a su despacho y les hizo practicar en él actos de naturaleza sexual diversos, siempre bajo dicha amenaza de ejercer el poder que ostentaba en su contra".
La pregunta, obligada, es: ¿Cómo es posible que unas mujeres adultas, con formación universitaria y, en algún caso, con experiencia política se prestaran durante tanto tiempo a las indecencias de su superior sin denunciarle? ¿Cómo aguantaron tanto? ¿Por qué no presentaron una queja formal ante los superiores de Sanz? La respuesta a todas estas cuestiones aparece en el auto de la juez: El miedo derivado del omnímodo poder que de forma impúdica e insultante exhibía el propio Sanz. Un pavor que queda claramente reflejado en las declaraciones de las tres periodistas.
Lo que sigue es el relato de los hechos de acuerdo con las declaraciones realizadas en el juzgado el lunes y el martes pasado por parte de las denunciantes y de Vicente Sanz

LOS ABUSOS DE PODER

Una de ellas narra la siguiente escena: "Llegamos ante la puerta de Canal 9 y me pidió que detuviera el coche. Entonces me dijo que todo lo que veía, el edificio de la televisión autonómica, era suyo porque mandaba en él". Frases como "lo hacía por miedo", "le tenía miedo", "tenía miedo a sus amenazas", "decía que tenía sus tentáculos por todas partes, que quien la hace la paga" menudean en las declaraciones. Otras son muy directas: "Subimos
[a su apartamento en Canet d'En Berenguer] por miedo, porque seguían las amenazas de que tenía mucho poder". "Desde el principio te deja claro que manda mucho, que tiene mucho poder", afirma otra de las periodistas. En una comida celebrada en el restaurante Envero de Valencia llega a decirles a dos de las denunciantes: "Soc Déu". Presume de dirigir desde la sombra: "Paso de buey, ojo de lince, diente de lobo y cara de bobo" era una de sus máximas favoritas. Para que no quede duda de quién es, espeta a una de las denunciantes: "Ací mane jo". Y alardea -siempre alardea- de que el presidente Francisco Camps es muy amigo suyo, lo mismo que el vicepresidente Vicente Rambla.


Pagado de sí mismo, no duda en autocalificarse de "muy guapo", "no sabes las mujeres que están enamoradas de mí", afirma, y se refiere a su pene como "la escopeta". Sanz exhibe su poder como un pavo real. En un restaurante de Valencia les dice que él es el tronco de una olivera y ellas dos sus ramitas. Pero toda esa aparente complicidad y camaradería está trufada de amenazas. A todas ellas les hace ver que su puesto de trabajo depende de su voluntad, pero por si no fuera suficiente, les hace saber que conoce lo que sucede en su ámbito familiar. A una, que estaba casada con un funcionario de Tavernes Blanques, la amenaza con hablar con el alcalde y de que su marido se iría a "fer la mà". Más tarde, cuando ésta se separó, le echó una bronca diciéndole que "no tenía que tener novio". La presión psicológica sobre las periodistas era tan insistente que, cuando una de ellas acaba ingresada en el hospital Clínico, se ve obligada a mandar una foto del gotero para que Sanz la deje en paz.
Una de ellas narra el carácter del secretario general si no cumplía su voluntad: "Montaba en cólera y me amenazaba con hacerme la vida imposible, diciéndome que iba a destrozar mi vida profesional y la de mi familia, que nunca más iba a trabajar en ningún sitio". Un día, incluso, le llegó a levantar la mano; pero no llegó a pegarle. En otra ocasión, Sanz le manda a esta denunciante un mensaje a su teléfono móvil en el que le dice que estaba tomándose un helado junto al trabajo de su hermano. ¿Amenaza? El miedo llega tan hondo que tienen que mostrarse amables con él por temor a que sus familias sufran represalias.
Vicente Sanz, sin embargo, se presentó ante la magistrada como una persona normal, al que no le gusta hacer ostentación del poder. Más aún, asegura que él nunca dijo que tenía mucho poder. Entre otras cosas, porque su capacidad de decisión sobre la plantilla es relativo, toda vez que los contratos, aunque desde 2009 él realiza la propuesta, los firma el director general del ente, José López Jaraba.
El terror que sienten las tres denunciantes es tal que en la actualidad viven juntas en un piso, cuya dirección no conocen ni sus padres. Pero las llamadas telefónicas desde números desconocidos y privados, así como las videollamadas y mensajes eróticos, algunos de contenido sádico, continuaron durante la semana anterior a la presentación de la denuncia.

EL SEXO

El relato ofrecido por las tres periodistas a la juez es muy similar a la hora de explicar las pautas de comportamiento de Vicente Sanz. Las primeras reuniones siempre son para hablar de trabajo. Su comportamiento es educado, amable y elogioso para la labor profesional que vienen realizando, bien en televisión, bien en la radio. En al menos dos casos, se ofrecen mejoras laborales para las afectadas. Uno de estos ascensos se materializará, pero otro no. Esa afabilidad, sin embargo, va desapareciendo a medida que las relaciones se estrechan. Aparece entonces un Sanz obsceno, con una pulsión sexual incontrolable y que las somete a todo tipo de vejaciones, sevicias y humillaciones. Las reuniones de trabajo en su despacho se convierten en sesiones de sexo oral en las que abundan las masturbaciones. Algunos de esos encuentros tienen como escenario el apartamento que el ex alto cargo de RTVV posee en Canet d'En Berenguer. Los hechos descritos por las tres periodistas ocupan la mayor parte de sus declaraciones con detalles repugnantes.
Así fue uno de los acosos sexuales narrados a la juez: "Le dije que me dejara, por favor, lo rechazaba con gestos, tapaba con las manos, me daban arcadas y me ponía a llorar; pero a él le daba igual. Me pedía que me fuera al baño y que regresara con otra actitud, que cuando regresara tenía que estar amable y que si no, ya sabía... No recuerdo si me penetró con el dedo o con el pene porque hay muchas cosas que no recuerdo. En su despacho hay un sofá negro. Me apoyaba sobre él dándole la espalda para no verle mientras se restregaba contra mi cuerpo. Intentaba mirar hacia fuera por la ventana, no pensar que estaba allí, no pensar en lo que estaba pasando. En alguna ocasión subía con una compañera y él cerraba la puerta y nos pedía a una de las dos que nos sentáramos encima de él, luego se tocaba y nos pedía que nos tocáramos. Nosotras nos abrazábamos y fingíamos que hacíamos lo que él nos pedía; pero lo único que pensábamos era que se acabara ya y nos dejara en paz. Una vez vi como le cogía la cabeza a mi compañera para que le hiciera una felación...".
Otro encuentro se produce de la siguiente manera: Dos periodistas acuden al despacho del secretario general. Él les pide que se acaricien: "Toca-li la teteta, intenta que li agrade". Y sí, se abrazaban y lloraban al mismo tiempo. Pero a él le gustaba, "se ponía cachondo", cuentan, mientras ellas estaban medio desnudas. Sanz les pedía que se acariciasen los genitales y, cuando él tenía su orgasmo les pedía que limpiaran el semen con un pañuelo.
Sanz en su declaración negó cualquier tipo de acoso sexual, reconoció que, en efecto, las relaciones con dos periodistas existieron, pero que fueron consentidas. Más aún, de sus palabras se deduce que el acosado era él, que eran ellas quienes le buscaban enviándole fotos o hacían alarde de su cuerpo ante él en su despacho. En un momento dado, narra incluso que los juegos sexuales se atenían a guiones que escribía una de las periodistas. El primero de ellos, según Sanz, estaba basado en la película Instinto básico.
Una de las denunciantes fue taxativa en su declaración: "Nunca fue una relación consentida".
El contacto de Sanz con alguna de las denunciantes duró de octubre de 2007 a febrero de este año. Con otra fue de junio de 2008 hasta hace unas semanas y con la tercera duró algo más de doce meses. Durante todo ese tiempo se produjo una extensísima correspondencia a través de mensajes remitidos desde los correos electrónicos o desde los móviles de las tres periodistas con Sanz y viceversa. De hecho, el abogado del ex secretario general de RTVV esgrimió durante la declaración de su defendido un acta notarial de 35 folios en la que aparecían las transcripciones de esos mensajes. Y no sólo mensajes, también fotografías.
Tanto las imágenes como el texto son de alto contenido erótico. En algún caso, contienen expresiones soeces, burdas, del estilo de "me pongo caliente cuando te veo". "Me duelen los huevos, qué hago". "La tengo dura, chorretosa". Ellas también reconocen haberle enviado mensajes de texto por correo electrónico o a su móvil desde Brasil, donde se encontraban de vacaciones. En uno de ellos se dice: "Tus ramitas te adoran". Hay un mensaje del 4 de febrero en el que una le llama a Sanz "novio perfecto, eterno y clandestino".
Las periodistas insisten en que si le mandaron estos mensajes fue por el pánico que le tenían y para que las dejara en paz. Con idénticos argumentos justifican el envío de imágenes de sus partes íntimas o de posar en ropa interior. Imágenes de bragas, de genitales y de los pechos de las tres mujeres fueron a parar al móvil de Sanz en cantidades realmente asombrosas. Una de ellas reconoce haberle enviado entre 40 y 50 "porque no paraba". Incluso llegó a hacerle fotos a una prostituta para enviárselas. Otra asume que le mandó 15 ó 20 fotos seguidas: "Porque no me dejaba en paz".
La presión y la violencia psicológica ejercida sobre estas mujeres llega a tal punto que tienen que solicitar la baja laboral y, en la actualidad, se encuentran bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico.

EL VÍDEO

Y en eso apareció Stieg Larsson. A finales de 2009, una de las denunciantes está leyendo Los hombres que no amaban a las mujeres. Una de las escenas del libro le llama poderosamente la atención. Aquella en que la protagonista, Lisbeth Salander, graba los abusos a los que la somete su tutor para poder demostrar el grado de violencia que ejercía sobre ella. A partir de ese momento, dos de las periodistas deciden registrar en vídeo los abusos que ocurren en el despacho de Vicente Sanz para mostrarlos a la dirección de RTVV. Ambas viajan a Madrid con el novio de una de ellas y compran una cámara oculta.
En diciembre de 2009, Sanz las llama de nuevo a su despacho y empieza "el juego". Él se sienta en su sillón como si fuera el profesor de unas becarias. Al poco tiempo les dice que tiene mucho calor y se acerca a ellas, sacándose el pene. Una de ellas se aparta, la que graba tiene que apagar la cámara para evitar salir en las imágenes desnudas haciéndole felaciones. La historia, relatan, acabó como tantas veces: Un ménage à trois. Pero esto no lo registra la cámara.

¿HAY MÁS VÍCTIMAS?

La narración ante la juez de las tres periodistas no sólo presenta a un acosador que se mueve entre el paternalismo, la violencia psicológica y el abuso sexual. También describe a un Vicente Sanz bocazas y fanfarrón que alardea de sus conquistas femeninas y del poder que ejerce sobre otras mujeres que trabajan en Canal 9 a muchas de las cuales pone nombre. A la actual directora de Canal 9, Lola Johnson la llamaba La Gacela -y él lo reconoce en su declaración-, Sisoco o La Negra. A una de las periodistas le cuenta que muchas de sus compañeras le hacían regalos y, para demostrarlo, sacaba de uno de los cajones de su mesa de trabajo ropa interior que pertenecía a compañeras suyas de las que daba nombres y apellidos. Entre los obsequios, un reloj de 3.000 euros o una taza para café.
Hasta otras ocho mujeres más aparecen de una u otra forma en el relato como víctimas de los abusos sexuales del ex alto cargo de RTVV. Porque él de eso se jactó constantemente.
Otra de las denunciantes recuerda cómo le hablaba de otras mujeres. "Todas, decía, quieren estar conmigo". Sanz le mostró fotos y un cajón con ropa interior femenina, pero de ella no tenía ninguna. Así que dos de ellas se fueron a un todo a cien y compraron dos tangas que mojaron con orina en un baño para que el las oliese. El ex jefe de personal de RTVV reconocerá que, en efecto, guarda unas bragas de una de las periodistas desde el año 2008. Explica su posesión porque "se le quedaron y afortunadamente aún las conserva". Y añade: "Ojalá hubiera conservado otras muchas cosas". Aunque no precisa el qué. La fanfarronería de Sanz parecía no tener límites, a una de las periodistas le contó que una de sus compañeras "sí que era cariñosa con él", presumiendo que al día siguiente acudiría al trabajo con un vestido rojo, como así ocurrió.
Fue precisamente la incontinencia verbal la que puso en contacto a las tres denunciantes. Dos de ellas eran amigas, pero de la tercera supieron por el propio secretario general de RTVV. Él mismo les había mostrado sus fotos. Tras una reunión el 5 de febrero en Ràdio 9, siempre con el miedo de estar siendo espiadas, las tres decidieron presentar la denuncia por acoso sexual. El bocazas, fanfarrón, autoritario y sátrapa de Canal 9 tenía las horas contadas.
Ahora que Vicente Sanz ya no trabaja en RTVV no son pocas las voces que, perdido el miedo, al menos en parte, cuentan a quienes quieran oírles que estas cosas se sabían, que en Burjassot, en Canal 9, se conocía el comportamiento del ex secretario general. Y cuando se les pregunta por qué no hicieron nada, la respuesta siempre es la misma: Por miedo.


José López Jaraba, el director general de RTVV conocía el acoso sexual a periodistas desde octubre de 2009

Una de las tres periodistas se lo hizo saber, pero López Jaraba dio largas al asunto

José López Jaraba, director general de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV), supo el 29 de octubre pasado del supuesto acoso sexual de Vicente Sanz. Se lo advirtió una de las tres periodistas que ante el abandono de la dirección puso la denuncia en febrero de este año. Se dirigió a Jaraba en nombre propio y de otra de las denunciantes. Así consta en la declaración efectuada ante la juez de instrucción de Paterna el pasado lunes 15 de febrero:

"La primera vez que el director general supo de un presunto acoso fue en octubre de 2009", se dice literalmente. La juez entiende que hay indicios del supuesto acoso a las denunciantes desde octubre de 2007.

Un político al que acudieron en busca de ayuda dijo: "Sanz es persona peligrosa"
¿Cómo supo López Jaraba de la existencia de estos hechos?

Para las denunciantes no fue fácil acercarse a él ni, en realidad, a ninguno de los cargos directivos de Canal 9. Una de las periodistas cuenta que, tras rechazar alguno de los cargos que le había ofrecido el jefe de personal de la televisión autonómica, aceptó el de jefa de relaciones externas por entender que tendría más posibilidades de hablar con el nuevo director general (el anterior, Pedro García, dimitió, y Sanz se jactaba de su amistad con él). Con anterioridad otra de las víctimas ya le había comentado a Jaraba que necesitaba hablar con él, pero no logró concertar una entrevista.
Del miedo que sentían da fe cómo una de ellas logró hacerle llegar a Jaraba la necesidad de entrevistarse con él. Se escondió en un baño y cuando Jaraba, que iba con otra persona, pasó por delante de los servicios le abordó diciéndole que necesitaba hablar con él con urgencia. ¿De qué? Ya se lo explicaría, atinó a responder la periodista. También intentó un acercamiento a su jefe directo, pero no se atrevió a decirle nada.Fue entonces cuando un compañero que conocía los mensajes y los correos electrónicos de contenido pornográfico que Sanz mandaba a las periodistas y sabía del acoso que sufrían les dice que la mejor manera de hablar con el nuevo director general del ente es acercarse hasta el garaje de la casa de éste y esperarle. Así lo hicieron y el 28 de octubre pasado estuvieron haciendo guardia durante cuatro horas en la puerta del garaje sin ningún éxito. Al día siguiente, el director general de RTVV recibe un mensaje de una de ellas y la llama. En una breve conversación la periodista le cuenta que quiere hablar con él de un tema de acoso por parte de Vicente Sanz. El director general se compromete a llamarla; pero los días pasaron y en noviembre de 2009 quedó claro para las denunciantes que no las iba a recibir. Más tarde, según consta en la declaración, Jaraba reconoce que se negó a recibirlas con el argumento de que creía que eran espías de Sanz.


En su comparecencia ante la comisión de RTVV de las Cortes Valencianas el pasado 10 de marzo, López Jaraba aseguró que tuvo conocimiento de los hechos el 12 de febrero. No antes. Ante la insistencia de la diputada socialista Núria Espí para que precisara cuándo supo de los acosos sexuales respondió: "La duda ofende". El director general de RTVV apartó a Vicente Sanz de la secretaría general el 23 de febrero de forma "temporal", después de que EL PAÍS hiciera pública la denuncia de las tres periodistas. Jaraba calificó su decisión de "discreta, modélica y prudente". Y no quiso responder a las preguntas sobre si había visto una grabación realizada en el despacho de Sanz en la que se veía a éste masturbándose.
Hubo otros intentos de contar el calvario en busca de ayuda. Una de las denunciantes realiza una aproximación indirecta a la delegada sindical de USO, comentándole que a Sanz le gustan mucho las mujeres. La respuesta que recibe la disuade de seguir adelante: "Si a Vicente alguien le hace algo, lo mato". Incluso la vía política se intentó como camino para salvarse de una situación insoportable. En enero de este año, una de las denunciantes contactó con un político en el que confiaba, a quien le cuenta que tienen la grabación que le han hecho a Vicente Sanz en su despacho. La respuesta es descorazonadora: Sanz es una persona peligrosa. El político se quita el problema de encima aconsejándole que se ponga en contacto con el Síndic de Greuges o con el jefe de gabinete del presidente de la Generalitat.
Otra de las periodistas que denuncia a Sanz también intenta poner en conocimiento de sus jefes los problemas que padece. Le fue imposible hacerlo con su jefa directa. Ante esa situación, en 2008, intenta hablar con la que era entonces jefa de informativos, Lola Johnson. No tuvo oportunidad de decirle siquiera de qué quería hablar. Para su mayor intranquilidad, la segunda vez que lo intenta recibe una llamada del propio Sanz preguntándole de qué tenía que hablar con Johnson. La pregunta que queda en el aire es: Cómo se enteró Sanz de que quiso reunirse con la ahora directora de Canal 9, quién se lo dijo.
J. TORRENT / L. GARRIDO - Valencia - 22/03/2010