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Hollywood promueve un ambicioso plan contra el acoso sexual

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Miembros de la Organización Nacional para las Mujeres. AFP 


  • 300 actrices, directoras o productoras impulsan un fondo legal y cambios legislativos para ayudar a mujeres de cualquier estrato social

Un grupo de 300 personalidades de Hollywood ha anunciado la creación de un ambicioso plan de acción contra el acoso sexual en la meca del cine y en todo Estados Unidos para ayudar a mujeres de cualquier estrato social. El colectivo, llamado Time’s Up Now (El tiempo se ha acabado ahora), supone un salto cualitativo en el movimiento #metoo (yo también), que en los últimos dos meses ha logrado tumbar a un reguero de hombres poderosos del espectáculo, periodismo y la política acusados de acoso.

La iniciativa, coordinada por una amalgama de organizaciones sociales, persigue que el clamor contra una enquistada cultura de abusos, que ha logrado rebajar el umbral de tolerancia y ha llevado a las empresas a despedir fulminante a los hombres acusados, se traduzca ahora en iniciativas concretas que deriven en cambios estructurales. Incluye, por ejemplo, la creación de un fondo legal y de un grupo de presión en busca de objetivos legislativos y laborales definidos.

Time’s Up Now también intenta alejarse del estereotipo de que esta lacra solo afecta a mujeres conocidas cuando en realidad abarca todo el arco social y las mujeres menos poderosas son las que sufren mayores dificultades y represalias para alzar la voz. En esa búsqueda de transversalidad, también ofrece asistencia a hombres víctimas de acoso.

“Debe terminar la lucha de las mujeres para entrar, para escalar en los rangos y simplemente para ser escuchadas y consideradas en puestos de trabajo dominados por hombres. Se ha acabado el tiempo para este monopolio impenetrable”, reza una carta abierta publicada ayer en los diarios The New York Times y La Opinión.

Algunas de las firmantes y promotoras de la iniciativa son las actrices Ashley Judd (que denunció los abusos de Harvey Weinstein, el poderoso productor de Hollywood, lo que desató el dominó de acusaciones contra él), Eva Longoria, America Ferrera, Natalie Portman, Rashida Jones, Emma Stone, Kerry Washington y Reese Witherspoon. También respaldan el plan de acción Donna Langley, presidenta de Universal Pictures, Shonda Rhimes, productora de las series televisivas “Anatomía de Grey” y “Scandal”; y Tina Tchen, que fue jefa de gabinete de la ex primera dama Michelle Obama.

Time’s Up Now cuenta con un fondo legal de 13 millones de dólares, gracias a donaciones, para ayudar a mujeres con pocos recursos -como trabajadoras agrícolas, de limpieza, industriales o camareras- a costear las denuncias por acoso. También promueve un proyecto de ley que penalice a las compañías que toleren abusos recurrentes de sus empleados, y otro que desaliente el uso de acuerdos judiciales secretos para acallar denuncias. Respalda, además, el objetivo de otro grupo que promueve que las organizaciones de entretenimiento se comprometan a que en 2020 haya paridad de género en sus cúpulas directivas.

FUENTE: El País.

El Senado de EE UU aprueba la ley para la reforma del sistema de inmigración

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Antonio Caño / Cristina F. Pereda Washington 27 JUN 2013 - 23:17 CET

 

Los senadores John McCain (Izda.) y Charles Schumer se felicitan este jueves. / JIM LO SCALZO (EFE)

Estados Unidos ha dado un paso de gigante en su confirmación como gran nación de emigrantes: el Senado aprobó este jueves definitiva y contundentemente la reforma que permite la legalización de más de 11 millones de indocumentados, lo que puede conducir a una honda transformación con implicaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Aunque la votación de esta tarde está todavía pendiente de su ratificación en la Cámara de Representantes, el debate se desenvuelve en un contexto histórico que permite vaticinar su éxito final.

El resultado final de la votación -68 contra 32- supone un respaldo mucho mayor de lo que hubiera sido posible anticipar hace solo unos meses y confirma el surgimiento de una sólida coalición parlamentaria que podría ser suficiente como para vencer las resistencias que esta ley, de alcance histórico, puede aún encontrar en su camino hacia el Despacho Oval.

"El Senado de Estados Unidos ha servido hoy a los ciudadanos, llevándonos un paso más cerca a la resolución definitiva del sistema de inmigración", aseguró Obama en un comunicado adelantado por la Casa Blanca. El presidente afirmó que el proyecto de ley "es un compromiso" y que ninguna de las partes implicadas logró todo lo que querían. "Ni los demócratas, ni los republicanos, ni yo. Pero la ley es consistente con los principios de sentido común que, como tantos, he defendido en tantas ocasiones".

Esta reforma migratoria ha sido, durante décadas, la aspiración de millones de familias que viven en una dura clandestinidad, sin acceso a la mayoría de los servicios sociales, sin perspectivas de una vida estable, discriminados y marginados, cuando no perseguidos o confundidos con delincuentes. Pero no solo eso. La reforma ha sido un constante campo de batalla en el que los partidos políticos han rivalizado por cada vez más atractivos intereses electorales. Por más de 30 años, los intentos de poner en orden un sistema migratorio a todas luces quebrado se han estrellado con la oposición de quienes pretendían conservar su escaño o su criterio estrecho sobre la nacionalidad o las tradiciones norteamericanas.

Los inmigrantes indocumentados llevan muchos años contribuyendo de forma determinante a la creación de riqueza en Estados Unidos. Su aportación es vital en algunas áreas, como la de la agricultura, la industria o el trabajo doméstico, y visible y creciente en otras muy diversas, desde la tecnología hasta la educación.

Aunque la necesidad de reformar el sistema migratorio era ya acuciante durante la anterior Administración, fueron las dos últimas elecciones presidenciales, particularmente la de 2012, en las que Barack Obama obtuvo el 71% de los votos latinos, las que acabaron de convencer a los republicanos, los principales oponentes de la reforma, de que su futuro como partido dependía de su actitud respecto a esta ley.

La reforma sale del Senado como muchas limitaciones. Plantea regularizar a los ‘sin papeles’ previo pago de una multa y de sus impuestos atrasados, duplica el número de agentes que protegen la frontera con México, invierte 30.000 millones de dólares en vigilancia de los puntos de entrada al país, limita el acceso a la ciudadanía para los indocumentados que residan en EE UU desde antes de diciembre de 2011, establece un plazo mínimo de 10 años para poder aspirar al pasaporte norteamericano y obliga a demostrar conocimientos de inglés y un historial limpio de antecedentes penales.

Como compensación, se crea un nuevo sistema de visados temporales, se permite un acceso más rápido a la ciudadanía norteamericana a los llamados ‘dreamers’ –estudiantes indocumentados- y trabajadores agrícolas, se aumenta el número de visados para los empleos en la ciencia y la tecnología y se imponen mayores controles para evitar casos de abusos y explotación, ahora frecuentes, en las empresas.

El éxito obtenido en el Senado -con el voto a favor de 14 republicanos- ha sido laboriosamente trabajado desde hace seis meses por una coalición de legisladores demócratas y republicanos que, con el apoyo de Obama en la Casa Blanca, han conseguido finalmente conformar una mayoría que ahora esperan reproducir en la Cámara. El presidente emplazó a los legisladores a "hacer lo mismo" que el Senado y advirtió de los obstáculos que puede encontrar la reforma. "Este es el momento en el que sus oponentes intentarán con más fuerza destruir esta iniciativa bipartidista de manera que impidan que esta reforma se convierta en realidad", dijo Obama. "No podemos dejar que eso pase".

El senador republicano John McCain, líder en las negociaciones, instó a los representantes a estudiar el proyecto de ley nada más ser aprobado. "Apelamos a su consideración y estamos dispuestos a sentarnos y negociar con ustedes", afirmó.

El texto de esta reforma ha recibido críticas, tanto de grupos de derechos humanos, que se quejan de la militarización de la frontera, como de los sectores más conservadores, que se temen la disolución del carácter y la esencia del estilo de vida americano. Obama advirtió en su momento que, para poderse llegar a un acuerdo, iba a ser preciso que todos hicieran renuncias.

Todos los implicados en el avance de la reforma lo han reconocido. La Asociación por las Libertades Civiles (ACLU) felicitó este jueves al Senado por su trabajo impulsando una ley "histórica" que permitirá a millones de familias "obtener estatus legal para vivir, trabajar y cuidar de sus familias sin miedo, en el país al que llaman hogar".

El resultado ha sido, pues, una muestra de pragmatismo y un raro ejemplo de colaboración entre los dos partidos políticos. El pasado mes de enero, cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas crearon lo que se conoció como “Grupo de los Ocho” para negociar las bases de la legislación. El trabajo de esta coalición bipartidista refleja cómo los intereses de futuro de demócratas y republicanos dependen en gran medida del apoyo de la comunidad hispana, el grupo de población de mayor crecimiento en la última década y, seguramente, en la próxima.

La realidad política coincide, además, con un contexto económico que ha dejado en evidencia la dependencia de EE UU de profesionales extranjeros y la necesidad de recuperar el liderazgo en materia de innovación. Todo ello ha obligado a reconocer que la inmigración sigue siendo la llave de la prosperidad futura de este país.

A la espera de las negociaciones que tengan lugar en la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen la mayoría, el debate en el Senado se ha visto favorecido por la actuación de algunos republicanos determinantes, como John McCain, que apoya la reforma desde hace años, o de la figura emergente de la oposición, el senador de origen cubano Marco Rubio, cuya carrera fue impulsada al inicio por el Tea Party pero se ha convertido ahora en la bisagra entre los defensores y los detractores de una ley cuya aprobación marcará el legado de Obama tanto o más que la reforma sanitaria.

Fuente: El País.

El Tribunal Supremo de EE UU apoya la igualdad de los matrimonios gais

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  • Dos históricas sentencias consagran los derechos de las parejas homosexuales y avanzan la causa de la plena legalización

Antonio Caño Washington 26 JUN 2013 - 20:17 CET



Declaraciones de uno de los demandantes de la causa a favor de los gais tras conocer la sentencia del Supremo. / Reuters

La causa del matrimonio entre parejas del mismo sexo ha recibido un formidable respaldo del Tribunal Supremo de Estados Unidos con dos sentencias que, sin entrar en su legalidad en el conjunto del país, consagran la igualdad de derechos de los homosexuales y despejan el camino para el reconocimiento universal de una realidad que cambiará para siempre la fisonomía de esta sociedad. De paso, los nueve jueces veladores de la Constitución norteamericana aportan argumentos contundentes a favor de un movimiento que avanza incontenible en todo el mundo.

En dos decisiones muy ajustadas que coronan varios años de esfuerzos individuales, apasionado debate público y múltiples procesos judiciales, el Supremo ha declarado inconstitucional la ley que limita el matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer, y ha rechazado la decisión del estado de California de prohibir el matrimonio gay. Con estas medidas –ambas adoptadas por 5 contra 4-, los magistrados están advirtiendo que los homosexuales casados están protegidos por los mismos derechos y amparados por las mismas leyes que los heterosexuales, incluidos todos los beneficios sociales, y, probablemente, aunque esto aún motivo de interpretación, que nadie puede abrogarse el poder de prohibir expresamente los matrimonios gais.

El Supremo no se pronuncia sobre la legalidad de esos matrimonios en todo el país. Es decir, no defiende expresamente la necesidad de una ley federal que permita las uniones entre homosexuales, entre otras razones, porque no era esa la cuestión que había llegado hasta esa instancia. Pero respalda todas las decisiones judiciales previas a favor del matrimonio gay y rechaza todos los argumentos presentados en su contra. Como se hizo visible desde las primeras reacciones, ha sido una histórica victoria para la causa homosexual y una amarga derrota de los defensores del matrimonio tradicional.

Argumentando en nombre de la mayoría, el juez Anthony Kennedy sostuvo que la DOMA, la ley que define el matrimonio como una institución entre hombre y mujer –que fue aprobada en 1996 y firmada por Bill Clinton, quien después expresó su arrepentimiento- “viola la Quinta Enmienda de la Constitución al hacer unos matrimonios más respetados que otros”. En la opinión en nombre de la minoría, Antonin Scalia, dijo que sus compañeros que votaron diferente creen que “esto es una historia en blanco en negro, cuando la realidad es mucho más compleja”. En la decisión contra definición del matrimonio, Kennedy, el centrista que suele oscilar, se sumó a los cuatro progresista. En el caso de la ley de California, la mayoría estuvo conformada por dos conservadores y tres progresistas.

El presidente Barack Obama se felicitó por “esta victoria para las parejas que llevan mucho tiempo luchando por ser tratadas por igual ante la ley, para los hijos de matrimonios que ahora tendrán que ser reconocidos como legítimos, para las familias que tendrán el respeto y protección que merecen, para los amigos y seguidores que han trabajado mucho para convencer a la nación de que este cambio era para mejor”.

Obama, que ha ido evolucionando en los últimos años hasta su pleno respaldo al matrimonio homosexual, tiene ahora por delante una ardua tarea para adaptar todas las leyes del país referidas al matrimonio de forma que se garantice hasta el mínimo detalle el cumplimiento de la decisión del Supremo.

“Hoy es un gran día para Estados Unidos. Hoy vamos a regresar a California y vamos a poder casarnos. Hoy vamos a ser todos un poco más iguales”, manifestó Kristin Perry, una de las demandantes de la ley de California, conocida como Proposición 8. Edith Windsor, la persona que llevó hasta aquí su batalla contra la DOMA, se alegró de que “ahora todos los niños de matrimonios gais tendrán la misma dignidad que el resto”. Otro de los firmantes de la demanda contra la Proposición 8, Paul Katami recordó que, pese al progreso obtenido en el día de ayer, “la igualdad no es aún total y es necesario seguir luchando”.

Con estas sentencias, serán ya 13 los estados que permitan el matrimonio homosexual. Cuando se consume su legalización en California, un 30% de los norteamericanos vivirán en territorios amparados por ese derecho. Pero el Supremo, en efecto, no se pronuncia sobre la situación en los estados en los que no existe aún la posibilidad de casarse para los homosexuales ni les obliga a sumarse a esa iniciativa.

Tampoco era esa su misión en esta oportunidad. Los magistrados tenían que decidir sobre el caso de una mujer a la que se obligaba a pagar unos impuestos sobre la herencia de su difunta esposa de los que están excluidos los matrimonios heterosexuales. La DOMA contiene otro apartado en el que pide a los estados que no reconozcan las bodas gais, pero ese aspecto no estaba a consideración en el tribunal. En el caso de la Proposición 8, lo que hacen los jueces es invalidarla por razones técnicas y negarle a los proponentes la posibilidad de apelación, con lo que, en la práctica, se autoriza el matrimonio en ese estado.

El Supremo ha ido, por tanto, todo lo lejos que podía ir en esta ocasión, y sienta una doctrina que, sin duda, será utilizada por los activistas gais para tratar de extender sus derechos hasta aquellos lugares en los que todavía no los tienen. Las decisiones del Supremo suelen son la base de algunas de las principales transformaciones experimentadas por este país a lo largo de su historia. Fue una sentencia de ese tribunal en 1973 lo que permitió legalizar el aborto o lo que acabó en 1954 con la discriminación racial en las escuelas.

Como en esas y otras fechas históricas, el Supremo se hace eco en esta ocasión de un estado de opinión en la calle que, de forma paulatina, ha progresado hacia la aceptación del matrimonio homosexual. Si en 2004 eran poco más del 30% los norteamericanos que lo respaldaban, en 2008 se avanzó hasta el 44% y hoy ha llegado hasta el 55%.

También, como ocurrió con el aborto, los opositores del matrimonio homosexual buscarán ahora las vías legales para continuar su lucha contra una decisión que, para grupos religiosos y otros, constituye un ataque a las tradiciones y los valores humanos. El líder de los republicanos en el Congreso, John Boehner, declaró que confía en que “el debate sobre el matrimonio continúe en la plaza pública y en que los estados definan el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer”.

Fuente: El País.