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- Dos históricas sentencias consagran los derechos de las parejas homosexuales y avanzan la causa de la plena legalización
Antonio Caño Washington 26 JUN 2013 - 20:17 CET
Declaraciones de uno de
los demandantes de la causa a favor de los gais tras conocer la
sentencia del Supremo. / Reuters
La causa del matrimonio
entre parejas del mismo sexo ha recibido un formidable respaldo del
Tribunal Supremo de Estados Unidos con dos sentencias que, sin entrar
en su legalidad en el conjunto del país, consagran la igualdad de
derechos de los homosexuales y despejan el camino para el
reconocimiento universal de una realidad que cambiará para siempre
la fisonomía de esta sociedad. De paso, los nueve jueces veladores
de la Constitución norteamericana aportan argumentos contundentes a
favor de un movimiento que avanza incontenible en todo el mundo.
En dos decisiones muy
ajustadas que coronan varios años de esfuerzos individuales,
apasionado debate público y múltiples procesos judiciales, el
Supremo ha declarado inconstitucional la ley que limita el matrimonio
a la unión entre un hombre y una mujer, y ha rechazado la decisión
del estado de California de prohibir el matrimonio gay. Con estas
medidas –ambas adoptadas por 5 contra 4-, los magistrados están
advirtiendo que los homosexuales casados están protegidos por los
mismos derechos y amparados por las mismas leyes que los
heterosexuales, incluidos todos los beneficios sociales, y,
probablemente, aunque esto aún motivo de interpretación, que nadie
puede abrogarse el poder de prohibir expresamente los matrimonios
gais.
El Supremo no se
pronuncia sobre la legalidad de esos matrimonios en todo el país. Es
decir, no defiende expresamente la necesidad de una ley federal que
permita las uniones entre homosexuales, entre otras razones, porque
no era esa la cuestión que había llegado hasta esa instancia. Pero
respalda todas las decisiones judiciales previas a favor del
matrimonio gay y rechaza todos los argumentos presentados en su
contra. Como se hizo visible desde las primeras reacciones, ha sido
una histórica victoria para la causa homosexual y una amarga derrota
de los defensores del matrimonio tradicional.
Argumentando en nombre de
la mayoría, el juez Anthony Kennedy sostuvo que la DOMA, la ley que
define el matrimonio como una institución entre hombre y mujer –que
fue aprobada en 1996 y firmada por Bill Clinton, quien después
expresó su arrepentimiento- “viola la Quinta Enmienda de la
Constitución al hacer unos matrimonios más respetados que otros”.
En la opinión en nombre de la minoría, Antonin Scalia, dijo que sus
compañeros que votaron diferente creen que “esto es una historia
en blanco en negro, cuando la realidad es mucho más compleja”. En
la decisión contra definición del matrimonio, Kennedy, el centrista
que suele oscilar, se sumó a los cuatro progresista. En el caso de
la ley de California, la mayoría estuvo conformada por dos
conservadores y tres progresistas.
El presidente Barack
Obama se felicitó por “esta victoria para las parejas que llevan
mucho tiempo luchando por ser tratadas por igual ante la ley, para
los hijos de matrimonios que ahora tendrán que ser reconocidos como
legítimos, para las familias que tendrán el respeto y protección
que merecen, para los amigos y seguidores que han trabajado mucho
para convencer a la nación de que este cambio era para mejor”.
Obama, que ha ido
evolucionando en los últimos años hasta su pleno respaldo al
matrimonio homosexual, tiene ahora por delante una ardua tarea para
adaptar todas las leyes del país referidas al matrimonio de forma
que se garantice hasta el mínimo detalle el cumplimiento de la
decisión del Supremo.
“Hoy es un gran día
para Estados Unidos. Hoy vamos a regresar a California y vamos a
poder casarnos. Hoy vamos a ser todos un poco más iguales”,
manifestó Kristin Perry, una de las demandantes de la ley de
California, conocida como Proposición 8. Edith Windsor, la persona
que llevó hasta aquí su batalla contra la DOMA, se alegró de que
“ahora todos los niños de matrimonios gais tendrán la misma
dignidad que el resto”. Otro de los firmantes de la demanda contra
la Proposición 8, Paul Katami recordó que, pese al progreso
obtenido en el día de ayer, “la igualdad no es aún total y es
necesario seguir luchando”.
Con estas sentencias,
serán ya 13 los estados que permitan el matrimonio homosexual.
Cuando se consume su legalización en California, un 30% de los
norteamericanos vivirán en territorios amparados por ese derecho.
Pero el Supremo, en efecto, no se pronuncia sobre la situación en
los estados en los que no existe aún la posibilidad de casarse para
los homosexuales ni les obliga a sumarse a esa iniciativa.
Tampoco era esa su misión
en esta oportunidad. Los magistrados tenían que decidir sobre el
caso de una mujer a la que se obligaba a pagar unos impuestos sobre
la herencia de su difunta esposa de los que están excluidos los
matrimonios heterosexuales. La DOMA contiene otro apartado en el que
pide a los estados que no reconozcan las bodas gais, pero ese aspecto
no estaba a consideración en el tribunal. En el caso de la
Proposición 8, lo que hacen los jueces es invalidarla por razones
técnicas y negarle a los proponentes la posibilidad de apelación,
con lo que, en la práctica, se autoriza el matrimonio en ese estado.
El Supremo ha ido, por
tanto, todo lo lejos que podía ir en esta ocasión, y sienta una
doctrina que, sin duda, será utilizada por los activistas gais para
tratar de extender sus derechos hasta aquellos lugares en los que
todavía no los tienen. Las decisiones del Supremo suelen son la base
de algunas de las principales transformaciones experimentadas por
este país a lo largo de su historia. Fue una sentencia de ese
tribunal en 1973 lo que permitió legalizar el aborto o lo que acabó
en 1954 con la discriminación racial en las escuelas.
Como en esas y otras
fechas históricas, el Supremo se hace eco en esta ocasión de un
estado de opinión en la calle que, de forma paulatina, ha progresado
hacia la aceptación del matrimonio homosexual. Si en 2004 eran poco
más del 30% los norteamericanos que lo respaldaban, en 2008 se
avanzó hasta el 44% y hoy ha llegado hasta el 55%.
También, como ocurrió
con el aborto, los opositores del matrimonio homosexual buscarán
ahora las vías legales para continuar su lucha contra una decisión
que, para grupos religiosos y otros, constituye un ataque a las
tradiciones y los valores humanos. El líder de los republicanos en
el Congreso, John Boehner, declaró que confía en que “el debate
sobre el matrimonio continúe en la plaza pública y en que los
estados definan el matrimonio como la unión entre un hombre y una
mujer”.
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