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Las violaciones serán consideradas delitos de violencia de género en un año

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  • Consenso en el Congreso para un acuerdo unánime que erradique el machismo
Celeste López, Madrid

Primer acuerdo unánime de la legislatura para alcanzar un pacto en una materia que levanta ampollas en determinados sectores de la sociedad, el de la violencia de género. El Congreso dio ayer luz verde a la proposición no de ley para alcanzar un acuerdo de todos los grupos parlamentarios para luchar contra esta lacra, batalla que pasa por reformar ley del 2004 y ampliar su marco de actuación: no sólo se considerarán delitos de violencia de género aquellos cometidos por la pareja o ex pareja sentimental de la víctima, como hasta ahora, sino también aquellos ataques a la mujer por el hecho de ser mujer, sea cual sea el campo en el que produzca (ámbito laboral, social...). De esta manera, delitos como las violaciones, abusos sexuales o forzar a una mujer a la prostitución serán considerados delitos machistas.

La propuesta aprobada ayer por unanimidad establece el plazo de un año para que el pacto sea una realidad y para que se mo­difiquen las normas precisas. Lo primero, sin embargo, será ­constituir una subcomisión en el seno de la comisión de igualdad antes de que termine el año.

Ese pacto responde en buena parte a la necesidad de adecuar en el contexto legal y social español el convenio de Estambul, que incluye otras formas de violencia sobre la mujer por razón de género, más allá de los malos tratos en el seno de la pareja o ex pareja. Un convenio suscrito por España y unos 40 países más y que aboga por incrementar las actuaciones de sensibilización para intensificar el compromiso por una sociedad libre de violencia contra la mujer, apoyando a las víctimas y rechazando a quienes provocan el maltrato.

La proposición no de ley que presentaron ayer PP y PSOE prevé también algo que para la diputada Ángeles Álvarez (PSOE) es fundamental: la dotación de partidas presupuestarias suficientes, sobre todo los recursos destinados a la prevención y a la asistencia social de las víctimas de violencia de género y de sus hijos. Sobre todo, tal y como recordó la diputada, después de una anterior legislatura en la que el dinero destinado a este fin se redujo casi un 30%.

El Congreso también aprobó reforzar el funcionamiento de las unidades de coordinación y de violencia sobre la mujer, dependientes de las delegaciones del Gobierno, para garantizar el seguimiento personalizado de las víctimas y sus hijos impulsando la coordinación con las comunidades y los ayuntamientos. Asimismo, los grupos están de acuerdo en establecer protocolos de intervención a las mujeres que han retirado la denuncia por violencia de género.

El Congreso tomó nota de una de las quejas más repetida en el VI Congreso de Violencia de Género organizado por el Consejo General del Poder Judicial: la falta de acompañamiento legal personalizado desde el primer momento en el que una mujer decide interponer una denuncia, algo que ya establece la ley, pero sobre la que no se informa a las víctimas. En ese foro, los juristas reconocieron que esa falta de apoyo legal va en detrimento de las víctimas y a favor del maltratador.

Escenificada la disposición de todos los grupos parlamentarios a alcanzar el tan esperado pacto, la realidad es que el camino no será tan fácil. Se alcanzará, sí, porque el convenio de Estambul suscrito por España en el 2014 obliga, como también las recomendaciones de la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw). Pero no será fácil porque, como explicaron ayer diputados de Unidos Podemos, Ciudadanos, PNV, PDEcat o ERC, el pacto no puede ser sólo un acuerdo institucional, sino un compromiso que incluya dotación económica para prevenir desde todos los campos (especialmente en los centros escolares) y para atender a las víctimas (mujeres e hijos). Así como medios para la formación de todos los profesionales implicados en esta lucha, incluyendo a jueces, forenses y policías. También apuestan por un compromiso sin dudas ni fisuras para erradicar el machismo de la sociedad española, origen de la violencia contra la mujer.

LA VIOLACIÓN DE MUJERES EN TAILANDIA

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La violación y asesinato de Nong Kaem, una niña de 13 años que viajaba en tren nocturno abarrotado con destino Bangkok el 6 de julio, ha conmocionado a Tailandia. Numerosos movimientos de protesta piden el endurecimiento de las penas para los agresores sexuales, incluida la pena de muerte:

http://elpais.com/elpais/2014/07/25/planeta_futuro/1406299675_832482.html

La violación es una agresión de tipo sexual que se produce cuando una persona tiene acceso sexual hacia otra, mediante el empleo de violencias físicas o psicológicas o mediante el uso de mecanismos que anulen el consentimiento de los ofendidos. También se habla de violación cuando la víctima no puede dar su consentimiento, como en los casos de incapaces mentales, menores de edad, o personas que se encuentran en estado de inconsciencia.

La violación tiene una importancia trascendental dentro del esquema jurídico mundial, siendo considerado un delito grave porque compromete una serie de tutelados que forman parte de los derechos fundamentales del ser humano.

Quienes cometen este delito son denominados «violadores sexuales». Estos agresores hacen uso de la fuerza (física o emocional) para dominar o amedrentar a sus víctimas, con el fin de satisfacer su deseo o impulso sexual. Un factor determinante para que se tipifique el delito de violación es la falta de consentimiento por parte de la víctima.

En el marco jurídico, la violación difiere de otros delitos sexuales tales como el estupro, el acoso sexual, atentado contra el pudor y la zoofilia. Las circunstancias que rodean el acto se analizaran de acuerdo a las agravantes o atenuantes que existan en cada caso. Dentro de la doctrina jurídica se considera que han existido agravantes cuando concurren ciertas circunstancias tales como la autoridad del agresor sobre la víctima (circunstancias tales como ser el tutor, patrón, empleador de la víctima, de entre otros).

FUENTE: El País.

FORMACIÓN RELACIONADA:

-Máster en Violencia Doméstica y de Género.

“Mi marido me secuestró”

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Una joven pareja recién casada visita a la familia de la novia en Bishkek, capital de la república de Kirguistán. / Daniel Burgui Iguzkiza

  • Una de cada tres mujeres que contrajo matrimonio en Kirguizistán lo hizo contra su voluntad: la mayoría fueron secuestradas de forma violenta y por un desconocido.
  • La antigua tradición que se usaba para evitar pagar la dote de la novia sigue siendo socialmente muy aceptada y, pese a los esfuerzos de activistas y asociaciones, impune ante la ley.

Daniel Burgui Iguzkiza 26 MAY 2014 - 18:28 CET

Cuando Bermet salió de su casa por la mañana, camino de la universidad, nada le hizo sospechar que por la noche sería ya una mujer casada. Al terminar las clases unos jóvenes la asaltaron, la tomaron por la fuerza en mitad de la calle y la metieron dentro de un coche. Ella forcejeó durante las casi tres horas que duró el trayecto en automóvil, rodeada por desconocidos. “Luego, dejé de luchar porque pensé que me quedaría sin fuerzas”, cuenta hoy en casa de su suegra, con el pañuelo blanco de recién casada sobre la cabeza y embarazada de cuatro meses. Aquella tarde la trasladaron hasta esta misma casa, en un pueblacho a varios cientos de kilómetros de Bishkek, la capital de Kirguizistán. De madrugada contrajo matrimonio con uno de los jóvenes que la había raptado. Hoy, su marido.

Las bodas por secuestro son una retorcida práctica que, con falsos tintes de antigua tradición, condena a una de cada tres mujeres del país a contraer matrimonio por la fuerza. Jóvenes esposas obligadas a casarse súbitamente y por sorpresa con un hombre, a menudo un desconocido y habitualmente de forma violenta.

“Lo más duro fue explicárselo al que entonces era mi novio, el hombre al que amaba. Él simplemente no pudo hacer nada”, dice a solas Bermet, de 19 años. Majabat, de 18 años, también forcejeó y trató de zafarse de sus captores pero no tuvo tanta suerte y en uno de esos tiras y afloja fue estrangulada. El joven que la raptó se suicidó unas semanas más tarde. La tía de Majabat narra cómo ambas familias, la de la víctima y la del secuestrador, han acordado que con la muerte del muchacho la familia ya tiene suficiente castigo. Por tanto, no irán a los tribunales.

A pesar de que hace años que la legislación de esta república castiga y persigue las bodas por secuestro, apenas ha habido condenas contra los raptores. De hecho, tan solo se ha sentenciado a dos en los últimos 20 años.

La condena más reciente en el país se produjo hacia finales de octubre de 2013. Un hombre de 30 años que había violado dos veces y había intentado secuestrar hasta en tres ocasiones a la misma chica, una joven de 17 años, en la región de Bakai-Ata.

La primera vez que intentó llevársela fue el 27 de agosto de 2012, los parientes de ella lograron rescatarla. Esa misma tarde él volvió a intentar secuestrarla sin éxito. Durante semanas, él la amenazó mediante mensajes de móvil para que no delatase la agresión sexual, que por vergüenza ella tampoco contó a sus padres. Esperó hasta el 9 de septiembre de 2012 para volver a raptar a la joven. Esta vez sí, la retuvo en una cabaña durante varios días, gracias a la colaboración de su familia, y volvió a violarla. Esta suele ser una forma de justificar el matrimonio argumentando que ya ha sido consumado, a la fuerza. Los padres de ella lograron que el 11 de septiembre de 2012, a medianoche, un operativo de la policía local atrapara al agresor y dejase libre a la chica.

Munara Beknazarova, directora de la fundación Open Line, que ha estado siguiendo el caso afirma que el largo proceso judicial y su rocambolesco desarrollo da cuenta de la tremenda aceptación social que tiene esta práctica. Durante el proceso, la juez –“sí, una mujer”, aclara– llegó a preguntar al acusado: “¿Estaría dispuesto a reconciliarse con la víctima y casarse?”. O peor, a la víctima se le preguntó durante el juicio: “Te ofrecen una buena familia, una buena suegra, un marido guapo, ¿por qué haces esto? ¿Por qué necesitas seguir este proceso?”. Finalmente el agresor fue condenado a cinco años de cárcel. Solo se cargó contra él el delito de secuestro. Los médicos forenses nunca pudieron probar la agresión sexual.

El primer hombre encarcelado por secuestrar a una chica en la historia del país fue Shaimbek Imanakunov, de 34 años. Ocurrió en octubre de 2012. Fue condenado a seis años de cárcel por el secuestro de la joven Kisimbai Yris, de 20. Ella, una vez secuestrada y casada, logró ser rescatada por sus padres, volvió a su hogar materno y allí se suicidó. “Deseo elegir libremente a mi compañero y si me quedo al lado de este hombre, mi vida nunca tendrá sentido”, dejó escrito.

Aunque estas dos condenas dan un poco de aire a las activistas, los suicidios entre jóvenes cada vez son más habituales en el país. Un lugar en el que aunque se estima que entre 8.000 y 15.000 mujeres contraen matrimonio a la fuerza cada año, tan solo 10 casos fueron denunciados y llegaron a los tribunales el año pasado, en 2013. Un país, en el que sin embargo, se celebraron en las cortes más de 600 juicios por robo de ganado. Un código penal que castiga más severamente a los ladrones de ovejas que a los de mujeres: el artículo 165 impone hasta 11 años de cárcel a aquellos que hurten ganado, pero que tan sólo condena con tres o seis años de prisión los que hayan secuestrado o intentado secuestrar a una mujer con el fin de contraer matrimonio.

Aparentemente, la república de Kirguizistán es la vanguardia de la modernidad y la democracia parlamentaria en Asia Central. Tanto, que en 2010, una mujer, Rosa Otunbáeva, se convirtió en la primera presidenta de una exrepública soviética islámica como esta. Sin embargo, desde que cayó la URSS, los raptos de novias han aumentado considerablemente. “Al parecer, tras la independencia de la Unión Soviética en 1991, aumentaron los secuestros en el país como una forma de reafirmación cultural, como símbolo de identidad nacional”, explica Russell Kleinbach, profesor emérito de la Universidad de Filadelfia.

Kleinbach ha dedicado los últimos 15 años de su vida a recorrer todas las aldeas del país, puerta por puerta, y conducir suficientes encuestas y trabajos de campo hasta convertirse en uno de los mayores expertos del mundo sobre este asunto. De hecho, gracias al esfuerzo investigador de este sociólogo norteamericano existen hoy algunas de esas cifras y estadísticas que dan cuenta sobre la incidencia real de estas bodas forzosas. “Aún más de 10 años después sigo conociendo casos terribles y sufriendo por mis propias alumnas”, cuenta Kleinbach, que también da clases en la Universidad Norteamericana de Bishkek, donde algunas de sus doctorandas e investigadoras han sido secuestradas.

La doctora Turganbubu Orunbaeva, que colabora con Kleinbach, fundó en el año 2000 la organización Bakubat –que significa “confort”, en lengua kirguís–. Desde una pequeña oficina aneja a su consulta ginecológica trata de dar apoyo a mujeres y sobre todo combatir la aceptación social que tiene el secuestro. También imparte talleres a adolescentes sobre relaciones de pareja, salud sexual y donde explican desde la menstruación hasta el orgasmo.

La doctora Orunbaeva trabaja estrechamente con el clero islámico y con policías y militares. Los primeros condenan fervientemente esta práctica que se aleja de la bondad coránica y colaboran mucho y bien con ella. El segundo colectivo, el de los de uniforme, es bastante más díscolo: A pesar de los esfuerzos de activistas, ONG y el propio gobierno, la mayoría de los secuestros cuentan con el habitual beneplácito o la vista gorda de la policía local. Y los militares son un colectivo bastante prolijo en practicarlo ellos mismos. “Muchos jóvenes raptan a una chica y la obligan a contraer matrimonio antes de marcharse a hacer el servicio militar, así cuando regresen ya se han asegurado tener una esposa en casa esperándoles”, relata la doctora.

Los secuestros de novias no tienen encaje en el Islam ni en la tradición nómada. Sólo en tiempos de pastoreo cuando dos jóvenes se amaban y el novio no podía pagar la dote a la familia de la chica, los dos enamorados convenían en organizar un secuestro por amor. El método se llamaba Ala-Kachuu, que literalmente significa: “Cógela y corre”.

La boda de Mariam y Solo sí se hizo de esa manera, fue en la primavera de 2011. Pero es una rareza. Solo no quería secuestrar a Mariam, él es un joven muy religioso y estaba convencido de que casarse así no es de buen musulmán. Pero fueron pasando los años de noviazgo y él no conseguía ahorrar suficiente dinero como para pagar la boda. Su suegro se dedica a la construcción, tiene varias empresas y exige una boda por todo lo alto y una buena dote. Un buen día ella se lo propone a su novio: “Ya estoy harta de esperar, secuéstrame esta semana y nos casamos”.

Durante toda la boda, Solo no bebe más que zumos de frutas, mientras sus amigotes se emborrachan primero a champán y luego a vodka, en uno de los mejores restaurantes de Bishkek. Las nupcias las ha pagado su suegro. La cara de los padres de él es de resignación, de vergüenza. A ella su suegra le regala unos pendientes, sencillos y humildes: una reliquia familiar. A él, su suegro, les entrega la propiedad de una casa.

Kuban Kurmanbecovich tiene 32 años y es nómada. Pasa el año pastoreando ovejas arriba y abajo en las montañas. Algunos meses con la única compañía de su mujer y sus hijos, en una yurta a 4.000 metros. El resto del año vive en una aldea con otras tres familias. A pesar de que lo único que conecta a Kuban con el resto del mundo es una enorme antena parabólica, que le costó el sueldo de un mes, y sus hijos se encargaron de romper a pedradas hace poco mientras jugaban, él lo tiene muy claro: “Eso de las bodas por rapto ni es una tradición ni es nada, es de malas personas”.

Tiene una hija, Adelina, de apenas tres años que quiere que estudie y marche a Europa, a París. “Nunca permitiré que secuestren a mi hija”, sentencia. Kuban conoció a su mujer, Elnura, en una discoteca cuando estudiaban en la universidad. Pese a ser cabrero, obtuvo el título de ingeniero agrónomo en tiempos de la URSS. Y ella, se licenció en Económicas. Él se enamoró, sedujo a la que hoy es su mujer y se casó por amor.

En tiempos de la URSS, el amor era motivo de propaganda. Se hacían campañas que fomentaban “bodas por amor” y si eran interétnicas (rusos eslavos con kiguises, por ejemplo), se premiaba a la pareja con un buen apartamento o un coche.

“¿Sabes? El amor es algo complicado en este país”, me dice Gulnisa, una joven de 26 años que es aquí profesora de inglés, de ruso y además tiene nociones de francés.

Es el día de los enamorados y la mayoría de las alumnas y alumnos adolescentes de la escuela de idiomas donde trabaja Gulnisa en el centro de Bishkek, andan muy revueltos y risueños. Los pasillos han sido decorados con corazones y otros motivos bastante horteras con la excusa de San Valentín. Se ve a algún mozo kirguís desfilar con un ramo de flores en las calles de al lado, revestidas en tremendas carcasas de hielo, del frío de los días anteriores.

Al ser preguntada por este asunto, por el amor, Gulnisa no titubea, se señala contundente el anillo de su dedo anular, la alianza de bodas, y sentencia: “Mi marido me secuestró”.

Gulnisa estudió traducción e interpretación de lenguas modernas en la universidad pero dejó la carrera a medio terminar por su inminente boda. Mientras era universitaria aprovechaba las vacaciones de verano para trabajar como guía de viaje. Junto a un muchacho de su edad, que hacía de chófer, paseaban en furgoneta a turistas holandeses, alemanes, americanos y franceses por las montañas y valles de Kirguizistán. Juntos pernoctaban con ellos en yurtas y se mondaban con las caras que ponían al probar el avinagrado y tradicional licor de leche de yegua. “Nos reíamos mucho, era un trabajo divertido”, cuenta.

Un día su compañero de trabajo le confesó que estaba enamorado de ella y le pidió matrimonio. “Era un chaval simpático, pero nada más”, relata. Gulnisa pronunció entonces esa sentencia, extendida por todo el planeta, para romper corazones con cierta cortesía: “Es mejor que seamos amigos”. Aunque escoció, el muchacho parece que entendió lo que le tocaba y siguieron con normalidad. Unas semanas más tarde, como era habitual, él le propuso acercarla desde su casa hasta la universidad en coche.

Gulnisa pronto se percató de que el trayecto era otro. Acababan de secuestrarla. Sin violencia, pero sí mediante engaños, el muchacho la llevó hasta su hogar familiar, donde esperaban la madre, la tía y la abuela del joven. La mayoría de los secuestros son exitosos porque cuentan con la colaboración necesaria de la familia del secuestrador. Así se reproducen capítulos de violencia entre mujeres.

Encerrada en el hogar de su amigo y pretendiente, despojada del teléfono móvil, no tenía escapatoria. Además una vez que pasase esa noche en casa del joven, su honor siempre sería puesto en entredicho. El padre del Gulnisa era un viejo agente de Policía retirado. “Pero es que mi padre también secuestró a mi madre y hemos sido una familia feliz, ¿qué iba a hacer yo?”, relata Gulnisa. Aceptó casarse.

Hoy es madre de un niño de dos años por el que se desvive. Pero reconoce la envidia que siente de una amiga suya que acaba de regresar de Alemania y terminó la carrera. “Yo quería ser traductora”, dice con resignación.

- ¿Amas a tu marido? ¿Le quieres?

- “Es un hombre bueno. Me cae bien”, acierta a contestar Gulnisa.

“Un viejo refrán kirguís dice que todo buen matrimonio debe comenzar con lágrimas y aun hoy no dejan de repetirlo mujer tras mujer: debemos desterrarlo”, afirma contundente la doctora Turganbubu.

La ginecóloga habla como un huracán mientras despacha con brío a las pacientes que a veces entran literalmente de dos en dos en su consulta, se hacen exploraciones, revisiones y sobre todo muchas ecografías, como si fuese un bazar, a un ritmo loco.

Desde la ventana de su precario consultorio local en Naryn unas montañas oscuras, moles de piedra antigua, ásperas y desnudas enladrillan el horizonte. Hay lugares en los que parece se termina el mundo. Este es uno de ellos. Pese a que el mapa confirma que al otro lado de esas montañas quedan otros 10.000 kilómetros de tierra para aburrirse gastando suela. Los lugareños explican que al otro lado sólo queda el desierto chino, el Taklamakán y la cordillera del Pamir. La nada.

Los de Naryn lo saben, viven en un margen. Casi todas las carreteras mueren aquí. Es uno de los lugares más remotos del país y desde este bastión la doctora Turganbubu lanzó su ofensiva de llevar al parlamento nacional el debate sobre los secuestros de mujeres.

Lo intentó en 2005, mientras gobernaba Askar Akayev, pero la revuelta de los Tulipanes que lo derrocó y puso como presidente al déspota Bakiev interrumpió el proceso. La doctora consiguió finalmente visitar la cámara legislativa junto a otras activistas el 13 de marzo de 2009, pero la transcripción de aquella propuesta quedó en entre los papeles que la revolución popular del 7 de abril de 2010 se llevó por delante. Aquel año, cientos de ciudadanos tomaron el parlamento y echaron a Bakiev. Al menos, se redactó una nueva constitución y llegó una mujer al gobierno. Aquel nuevo ejecutivo duró tan solo un año.

Para la doctora este convulso ambiente político de Kirguizistán, en el que unos se usurpan el poder a otros mediante golpes, amotinamientos y revueltas populares, solo es reflejo de lo que ocurre en los hogares: “La violencia doméstica nunca es una prioridad para los gobiernos, pero mientras no hay felicidad, ni confort, ni en las parejas ni en las familias, es imposible que lo haya en el país”.

Fuente: El País.

Miss Mundo contra la violencia sexual

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 Linor Abargil, miss y ahora defensora de los derechos de las mujeres violadas. / AP

  • Linor Abargil se quitó la corona para defender como abogada a las mujeres.
  • La hija de Gregory Peck ha llevado su historia, incluida una violación, al cine.

Carmen Rengel Jerusalén 25 MAR 2014 - 00:54 CET

Los ojos de Linor Abargil –sombra lila, rímel negro, exceso de purpurina- estaban cargados de lágrimas. Su boca tan pronto se congelaba, apretando los labios, como dejaba escapar una extraña sonrisa. Con la corona de Miss Mundo sobre su cabeza, su reacción parecía natural, el desconcierto de la ganadora. Pero había más: apenas seis semanas antes de ganar el concurso en las Islas Seychelles en 1998 la joven israelí había sido brutalmente violada a punta de navaja. Solo su familia y la Policía lo sabían. Desde el mismo juicio, en el que hizo un ejercicio de valor muy poco común en un país acostumbrado a no airear estos casos, se convirtió en el símbolo nacional contra los abusos sexuales. De modelo y actriz pasó a ser abogada penalista y a representar a mujeres que han atravesado una experiencia como la que ella tan bien conoce. Su labor ahora ha quedado reflejada en un documental, La valiente Miss Mundo (Brave Miss World), que se encuentra de gira mundial.

Abargil –de 34 años, hoy trocada en judía ortodoxa y madre de tres hijos- explica que llevar a la luz el drama de la violación es la única “píldora” que conoce para “sacar del cuerpo” algo tan “duro, tan malo” y evitar que se convierta en un “tumor”. “Siento que tengo el privilegio de poder ayudar a otras mujeres”, ha declarado a la agencia Associated Press. Lo tuvo claro desde el principio gracias, sobre todo, a su madre, Aliza. Fue a ella a la que llamó entonces. “Me ha engañado. Me ha violado. Ha tratado de matarme”, recuerda la madre en el documental, dirigido por Cecilia Peck -hija del actor Gregory Peck- y que estos días se proyecta en una decena de ciudades de Estados Unidos y ha pasado ya por ocho festivales internacionales.

Linor, una chiquilla de Netanya de origen marroquí, no tenía aspiraciones de miss. No le gustaba el concurso, por rancio. Pero el premio era bueno: un viaje a Tailandia y un coche. Así que se presentó a la edición nacional y la ganó. Era marzo del 98. En septiembre ya estaba en Milán con una agencia de modelos. Acabado el primer mes de trabajo quiso volar a Israel para ver a su familia. Acudió al propietario de una agencia de viajes del que le dieron buenas referencias, un israelí de origen egipcio llamado Uri Shlomo Nur. El vendedor le dijo que no había vuelos disponibles desde Milán a Tel Aviv pero se ofreció a llevarla en coche a Roma, donde habría más posibilidades. En el camino se apartó de la autovía, paró el coche tras unos matorrales, apuñaló a la joven y, navaja en mano, la violó. Trató de estrangularla, pero ella logró escapar. No se ocultó. Fue a la Policía y fue sometida a los determinantes análisis de muestras y ADN que luego mandarían a Nur a la cárcel. Al llegar a Israel tramitó otra denuncia. En noviembre ganaba Miss Mundo. “Lo último que quería hacer era estar en ese escenario”, confiesa.

Durante semanas guardó silencio, “un tiempo especialmente duro, con miedo hasta a salir a la calle”, porque las autoridades habían planeado una estrategia para su agresor: Israel e Italia se coordinaron para hacer que el hombre, también judío, viajase a Tel Aviv y, entonces, detenerlo para ser juzgado en el país de su víctima. La jugada salió bien y Nur fue condenado a 16 años de prisión. Saldrá libre este verano. Abargil, en el juicio, no usó un nombre falso, no ocultó su rostro ni distorsionó su voz. “La violación no me define, no puede hacerlo”, repite ahora. A ello sumaba el convencimiento de que por su visibilidad en la sociedad podía convertirse en el altavoz de otras víctimas, a las que “nadie” cree. “Esa estúpida corona no habría significado nada para mí si no me hubiera dado una plataforma para denunciar”, reflexiona. Reconoce que romper el “tabú” y mostrarse “herida” ante todos ha sido muy difícil, pero se siente compensada.

Durante un tiempo siguió conectada a la moda, luego se casó con el jugador de baloncesto Sarunas Jasikevicius (Barcelona, Maccabi, Indiana Pacers) y se fue a Estados Unidos a vivir. Tras un año de matrimonio, se separó y regresó a Israel. Fue directa a la Facultad de Derecho. Tenía que ser de ayuda para las víctimas en “todas” las facetas posibles. En 2008 abrió una web de denuncias. Hoy es una de las principales letradas de la jurisdicción de Tel Aviv. Hace cuatro años se casó de nuevo y accedió a rodar el documental que Peck le proponía, en el que hablan ella, su familia y decenas de mujeres de todo el mundo víctimas de violaciones. Algunas confiesan su drama por primera vez. La cinta incluye a actrices como Joan Collins, que se casó con el hombre que la violó a los 17 años, o Fran Drescher, abusada con una pistola en la sien por unos ladrones que entraron en su casa.

La Asociación de Centros de Crisis por Violaciones de Israel constata que gracias a su juicio se “dispararon” las nuevas denuncias, un fenómeno similar al que se dio en 2011 cuando el expresidente del país, Moshe Katsav, fue condenado a siete años de prisión por violación y acoso sexual a varias de sus funcionarias. Un impulso en un país donde el 39% de las violaciones aún no se revelan. Según este centro, una de cada tres israelíes ha sido violada o asaltada sexualmente y cada año se denuncian unos 2.000 casos, pese a que reciben llamadas por más de 8.000. Hay 300 casos anuales, además, de agresiones a menores de edad.
 
Fuente: El País.

Marruecos elimina la ley que absuelve a los violadores que se casan con sus víctimas

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  • La reforma del Código Penal fue impulsada por el suicidio de una joven que fue obligada a contraer matrimonio con el hombre que abusó de ella.

EUROPA PRESS Madrid 23/01/2014 08:54 Actualizado: 23/01/2014 09:18

El Parlamento de Marruecos ha aprobado este miércoles por unanimidad una enmienda que prevé la supresión de un párrafo del capítulo 475 del Código Penal que contempla la absolución de un violador si se casa con su víctima menor de edad, según ha informado el portal de noticias Morocco World News.

El miembro de la primera cámara del Parlamento y miembro del Partido del Progreso y el Socialismo (PPS) Abdelatif Ouammu, redactor de la enmienda, ha detallado que "la nueva ley eliminará el párrafo que permite a un violador evitar el enjuiciamiento y la cárcel si se casa con su víctima, menor o adulta, a menos que ésta última opine lo contrario". Así, y en base a la enmienda, "cualquier persona que engañe a una menor de edad para violarla sin usar la violencia será castigado con una pena de cárcel de entre uno y cinco años y una multa de entre 200 y 500 dirhams (entre 18 y 45 euros)".

La enmienda del artículo 475 del Código Penal fue impulsada a consecuencia de la oleada de indignación popular en torno al caso de Amina al Filali , una joven de 16 años que fue forzada por su familia y un juez a casarse con el hombre que presuntamente la violó para proteger el honor de la familia. Al Filali se suicidó siete meses después del matrimonio.

La organización no gubernamental Amnistía Internacional (AI) ha considerado que la aprobación de la enmienda "es un paso en la buena dirección", si bien ha matizado que "es necesario hacer mucho más (en este sentido) en el país y en toda la región". "La votación de hoy es un buen paso, pero Marruecos aún necesita una estrategia exhaustiva para proteger a las mujeres y las niñas de la violencia, recogiendo aportaciones de los grupos de Derechos Humanos de la mujer, que han sido excluidos del proceso", ha dicho la subdirectora de AI para Oriente Próximo y Norte de África, Hassiba Hadj Sahraui. En este sentido, ha lamentado que "haya sido necesario el suicidio de Al Filali y casi dos años de tiempo para que el Parlamento cierre la rendija que permitía a los violadores no rendir cuentas". "Es el momento de que las leyes protejan a las personas que sobreviven a los abusos sexuales", ha agregado.

Así, Hadj Sahraui ha indicado que la definición de violación que contempla el Código Penal no reconoce la realidad de que "la violación es cometida de distintas formas, incluyendo circunstancias coercitivas que no requieren necesariamente la existencia de violencia física, con perpetradores y víctimas de todos los géneros, y también dentro del matrimonio".

La subdirectora regional de AI también ha recordado que la enmienda "hace que la dureza del castigo dependa de si las víctimas eran vírgenes y encuadra la violencia sexual en términos de 'decencia' y 'honor', en lugar de centrarse en las víctimas y su derecho a la protección, la justicia y la rehabilitación". "Las mujeres y las niñas tienen Derechos Humanos intrínsecos y su valor no debe ser definido por su virginidad, estado civil o situación familiar", ha sostenido, antes de recalcar que las víctimas siguen siendo disuadidas a no denunciar por miedo a ser enjuiciadas por las leyes que criminalizan las relaciones sexuales extramatrimoniales y las relaciones homosexuales.

Por otra parte, Hadj Sahraui ha manifestado que "Argelia y Túnez deben seguir esta línea y eliminar las provisiones similares existentes en su legislación, así como adoptar estrategias exhaustivas que protejan a las mujeres y las niñas contra la violencia sexual". "Los retrasos están costando vidas", ha agregado. "Esperemos que la votación de hoy (en el Parlamento marroquí) sea un signo de un giro completo en la manera en la que son tratadas las víctimas de violación y que se aprueben nuevas medidas posteriormente", ha remachado.

Fuente: Público.

India: No es país para mujeres

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Varias mujeres en la parada en la que Jyoti Singh Pandy fue capturada.| Reuters

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El sistema judicial indio tiene 32 millones de casos pendientes

Rafa Gassó | Nueva Delhi

Cuando se cumple un mes exacto de la espeluznante violación en Delhi de Jyoti Singh Pandy, la joven estudiante de Fisioterapia de 23 años que días después fallecía en un hospital de Singapur víctima de heridas terribles, India trata de recuperarse del golpe mientras se siguen sucediendo nuevas y crueles agresiones que mantienen a la opinión internacional con el corazón encogido.

El caso de esta joven, que parecía ser el tope de la barbarie, ha destapado un grave problema endémico que ha situado a India, de un día para otro, en el mapa mediático de la más feroz violencia de género.

Así, mientras muchos pensaban que un caso tan bárbaro como el de la estudiante no podría darse de nuevo –estos días su madre reveló detalles como el desgarro de los intestinos de su hija con una barra de hierro a manos de un menor de 17 años-, la historia se repetía.

El viernes pasado seis hombres violaban, en el estado de Punjab –y ajenos a las bravas olas de indignación que han provocado un inédito revuelo mediático internacional-, a una mujer de 29 años en circunstancias muy similares.

Viajaba en autobús, era de noche y fue agredida sexualmente en grupo antes de ser arrojada a la calzada. Por fortuna, y a diferencia de la primera, esta última está con vida.

El sábado era detenido, en el estado de Maharastra, otro hombre acusado de la violación y asesinato de una niña de nueve años. Se da la circunstancia de que acababa de ser puesto en libertad tras haber cometido el mismo delito en 2003.

El domingo, la policía recuperaba de un huerto de mangos, en el estado de Bihar, el cadáver semi desnudo de una mujer de 32 años. Había sido violada, también en grupo, y esta vez, en lugar de arrojarla, la habían colgado de un árbol.

Además, este martes miles de ciudadanos se manifestaron en el estado de Goa por la violación de una niña de siete años en el baño de su escuela.

Todo, casi un mes después de las primeras y masivas protestas por el primer caso que terminaron con varios días de disturbios en la capital y un policía muerto.

Una gran parte de la sociedad ha dicho 'basta' a una ignominia que en este país se repite cada 20 minutos. El sistema judicial indio, que tiene 32 millones de casos pendientes que necesitarían 320 años para ser resueltos, ya está juzgando a los agresores de la estudiante Singh Pandy y los trámites para hacer lo mismo con el resto de casos tratan de acelerarse.

El gobierno indio ha escuchado el toque de atención no sólo de sus mujeres, sino también el grito de una sociedad que quiere subirse ya, de pleno derecho, al siglo XXI.

India es un país todavía muy rural, con 1.200 millones de habitantes -de los que un 60% son analfabetos-, y un sistema de castas abolido hace más de 60 años pero muy presente todavía en los usos actuales de la sociedad.

Los delitos por agresión sexual en India representan sólo una parte más de un amplio espectro de violencia y discriminación que, según algunos investigadores, provocaría la muerte de entre uno y dos millones de mujeres al año.

Al año son quemadas vivas 100.000 mujeres y otras 125.000 fallecen víctimas de agresiones físicas. Entre 25.000 y 100.000 de esas defunciones son resultado de causas relacionadas con litigios sobre la dote -una tradición ilegal aunque vigente-, cuya consecuencia última dejaría un saldo de unos 130.000 infanticidios anuales.

Pese a que en la actualidad la tasa de escolarización de las mujeres coincide con la de los hombres, una encuesta gubernamental revela que un 54% de las mujeres acepta la violencia de género como práctica habitual, sobre todo si tiene que ver con una falta de respeto a los suegros. Siguiendo la tradición, la mujer se traslada a la vivienda familiar del marido después de casada en calidad de 'señora de la casa suplente'.

K. Srinath, presidente de la Fundación de Salud Pública de la India, cree que efectivamente "están aumentando las tensiones". La razón, sabia y concluyente, es que las mujeres se están abriendo paso en una sociedad patriarcal.

Fuente: El Mundo.

Detenidos 10 pedófilos por posesión o distribución de pornografía infantil en la Red








La Brigada de Investigación Tecnológica del Cuerpo Nacional de Policía ha detenido a diez personas e imputado a otras dos por tenencia y distribución de material pornográfico en Internet, entre ellas un hombre de 31 años, de Alicante, que reconoció haber grabado en numerosas ocasiones a su cuñada, de 13 años de edad, en el cuarto de baño de su domicilio. Entre los arrestados destaca también una quiosquera de Segovia, de 42 años, soltera, que había acumulado numeroso material videográfico con imágenes de niños y adolescentes, según fuentes policiales.

En esta operación, los agentes han utilizado una novedosa herramienta forense denominada Gnuwatch, desarrollada en EEUU, que cuenta con un listado de miles de archivos de contenido inequívocamente pedófilo de extrema dureza y rastrea las redes de intercambio de archivos para identificar a los usuarios que los comparten en la Red. Este software permitió a los investigadores identificar a varias personas que habían compartido y descargado estos archivos pedófilos en una de las redes peer to peer más utilizadas (la red Gnutella).

Tras identificar a los usuarios, la policía ha detenido a diez de ellos y ha practicado doce registros en Alicante (3), Barcelona, Cantabria, Ciudad Real, Guipúzcoa, Las Palmas, Madrid, Pontevedra, Segovia y Vizcaya en los que ha sido intervenida gran cantidad de material pornográfico infantil. Entre los detenidos hay un desempleado, un reponedor de mercancía, un barrendero, un jubilado, un inspector de Hacienda de 57 años, un mozo de almacén, un informático, y un operario en una cadena de montaje fabril. El reponedor, domiciliado, en Cantabria, ha ingresado en prisión por orden judicial a tenor del "enorme volumen de material pedófilo que poseía", según fuentes de la investigación.

El más destacado de los detenidos es el hombre de Alicante que grababa con cámara oculta a su cuñada utilizando para tal fin una cámara de video digital que había instalado subrepticiamente en la rejilla de ventilación del cuarto de aseo de su domicilio, donde también residía la menor. Los investigadores están rastreando si estas películas fueron distribuidas en la Red por el acusado.

Los agentes se han incautado de 38 discos duros, nueve ordenadores portátiles, una cámara de fotos, 150 CD y DVD, ocho pendrive, seis tarjetas de memoria y diversa documentación. La operación ha sido dirigida por la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) con el apoyo de las diferentes plantillas policiales donde se han practicado los registros y detenciones.


Fuente: http://www.elpais.com/articulo/espana/Detenidos/pedofilos/posesion/distribucion/pornografia/infantil/Red/elpepusoc/20110301elpepunac_7/Tes



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“La violencia sexual en las guerras sigue siendo un tabú”

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“No es el violador el que vive el rechazo, es a la mujer a la que se la señala con el dedo”

“En La Haya, la violación se trata como un delito de segundo rango”

“Si al mundo le importaran las violaciones, el Congo hubiera sido el lugar perfecto para demostrarlo”

“La violencia no acaba de la noche a la mañana porque alguien diga ‘se terminó la guerra’”, asegura Monika Hauser. Y la guerra desata una violencia que afecta especialmente a las mujeres.

Esto vale para la República Democrática del Congo, donde desde mediados de los años 90 se cuentan alrededor de 200.000 violaciones, y la cifra continúa al alza; para Ruanda, donde se calcula que el conflicto civil dejó un balance de entre 250.000 y 500.000 violaciones; pero también para Alemania, donde las agresiones sexuales cometidas por soldados (aliados, soviéticos o alemanes) siguen siendo uno de los capítulos por tratar de la II Guerra Mundial.

Monika Hauser (medica mondiale).

Pero empezar, empezó todo con los Balcanes. En 1992 alcanzaban Europa occidental terribles relatos de violaciones masivas en Bosnia. En aquel momento, Hauser trabajaba en un proyecto interdisciplinar que ofrecía asistencia ginecológica y psicológica a mujeres que habían pasado por diversos tipos de experiencias traumáticas. “Estaba totalmente metida en el tema. Y me indignó muchísimo el modo en el que los medios de comunicación presentaron el asunto, dando gran cantidad de detalles y dejando a las mujeres en un segundo plano. Lo importante no eran ellas, sino lo que habían hecho con ellas. Entonces decidí que tenía que ayudar”, recuerda.

Meses después, esta ginecóloga suizo-italiana fundó medica mondiale, una ONG que desarrolla proyectos de apoyo a largo plazo dirigidos a mujeres y niñas víctimas de agresiones sexuales en situaciones bélicas o de crisis.

P. ¿Definiría usted las violaciones como un arma de guerra?

R. Sí, pero no sólo. Las violaciones también se dan en tiempos de paz, y en tiempos de guerra hay que tener cuidado de no reducirlas a una mera cuestión de estrategia bélica, como si en todos los casos fueran parte de un plan esbozado por el gobierno o los cabecillas de una milicia determinada.

Diferenciar es importante: no cabe duda de que las violaciones se utilizan como una táctica más sobre el campo de batalla, pero también hay vecinos, policías, soldados que violan simplemente porque se les ofrece la oportunidad, porque llevan un arma en la mano y porque las normas sociales que podrían evitar que lo hicieran han perdido su valor.

Monika Hauser (izq.) conversa con un comandante bosnio, 1993. (Cornelia Gürtler/ medica mondiale).

P. “Entre 1993 y 2009, el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) ha acusado a 166 hombres y a una mujer”, puede leerse en uno de sus informes. ¿Es la guerra un asunto de hombres en el que las mujeres sufren especialmente?

R. Sí. Las mujeres viven el terror de la guerra como el resto de los implicados: viven la ocupación y la destrucción de sus pueblos, de sus casas; viven la separación de sus maridos y la muerte de sus hijos. Pero, además, sufren la violencia sexual. Y son al mismo tiempo las responsables de la subsistencia de la familia.

Finalizado el conflicto, y a pesar de que suelen ser las que mayores esfuerzos realizan en la reconstrucción del país, no forman parte, por lo general, de la elite que negocia la paz, con lo cual puede decirse que padecen de manera destacada bajo unos acontecimientos dominados por hombres. Pero también es importante subrayar que las mujeres son fuertes, son actores aunque traten de relegarlas y son capaces de reunir los recursos necesarios para superar gran cantidad de obstáculos.

P. Su organización ha documentado multitud de casos en los que las mujeres víctimas de la violencia sexual son, además, condenadas a la estigmatización y a la vergüenza, y pasado el conflicto ni siquiera reciben reconocimiento político y jurídico…

R. Cierto. Todavía existen tabúes sociales y estos no afectan al violador, sino a la víctima. No es el autor de la violencia el que vive el rechazo, sino que es a la mujer a la que se la señala con el dedo, lo que supone para ella un trauma adicional. El aislamiento se torna a veces insoportable, y aquí nos encontramos con una cuota de suicidios muy alta.

Aparte, está lo que usted señala: la medicina, la Justicia, la política y también los medios, o bien instrumentalizan este tema y recurren a él cuando les conviene, o bien lo silencian y lo ignoran, como está sucediendo ahora mismo en La Haya.

P. Debe ser muy frustrante conseguir que una mujer supere todos sus miedos, dé el paso de ir hasta el TPIY, hable en público de su violación y señale al culpable, y que ese testimonio sea rechazado por algún motivo jurídico-técnico…

R. Sí, es muy amargo. Pero la cosa va más allá: no son pocas las veces en las que el fiscal llega a un trato con el acusado ofreciéndole retirar los cargos por violación. La violación cae una y otra vez víctima del proceso legal y se entiende como una especie de delito de segundo rango del que se puede prescindir.

A la hora de la verdad, muchos prefieren que les acuse de asesinato a que les acuse de violación. Yo eso lo puedo entender, lo que no entiendo es que fiscales internacionales acepten jugar a este juego.

Una mujer afgana frente al Centro de Mediación Jurídica de medica mondiale en Kabul. (Lizette Potgieter/ medica mondiale).

P. Cuando asisten a mujeres en países como Liberia o Afganistán, ¿cómo reacciona la población?

R. Depende del lugar. Pero en Afganistán, por ejemplo, hemos logrado con mucho esfuerzo cierto nivel de aceptación: a veces, son incluso la autoridad tribal del pueblo o el vecino de al lado los que aconsejan a las mujeres que nos visiten. Al mismo tiempo, Afganistán es un país en el que observamos un empeoramiento de la situación. Cada vez son más los fundamentalistas con puestos en el gobierno y en otras instituciones públicas, lo que dificulta considerablemente nuestro trabajo.

P. Y ustedes están presentes también en países como la República Democrática del Congo, en los que hay cascos azules desplazados, ¿son un apoyo?

R. Si no tienen inconveniente alguno en comprarse una niña de 13 o 14 años por 10 dólares, los cascos azules, los soldados de la OTAN y el personal masculino de las organizaciones humanitarias se convierten en parte del problema. Con eso fomentan la prostitución por motivos de pobreza, y las familias ya no mandan a sus hijas a la escuela sino a las puertas de los cuarteles.

La política de “tolerancia cero” dictaminada por Kofi Annan supuso a este respecto un cambio de mentalidad, pero sólo existe sobre el papel: en Sudán, Sierra Leona, Kosovo… estas prácticas continúan.

P. Pero, en teoría, los casos azules podrían servir de protección a las mujeres…

R. Podrían. En junio de 2008, la ONU aprobó la Resolución 1820 [PDF], que incluye la violación entre los crímenes de guerra y le otorga potestad al organismo para intervenir allí donde se den casos. Pero esta Resolución no se ha usado nunca. Y precisamente en el Congo se siguen cometiendo violaciones: si al mundo le importaran, hubiera sido el lugar perfecto para demostrarlo.

Ayudar a las mujeres a largo plazo es el objetivo de medica mondiale. En la foto, una mujer congolesa participa en un curso de alfabetización. (Cornelia Suhan/ medica mondiale).

P. ¿Por qué cree usted que no se interviene?

R. Para responder a eso hay que preguntarse primero por qué se interviene en general, y todos sabemos la decisión está relacionada con la defensa de intereses económicos.

Por otro lado, se trata de un tipo de violencia que sigue siendo un tabú: para el presidente del Congo y para nuestros políticos aquí en Europa. Hace años, por ejemplo, que le pedimos al jefe del Estado alemán y a la canciller que en las fechas conmemorativas recuerden a las mujeres que fueron violadas en Alemania por soldados aliados y soviéticos durante los últimos días de la II Guerra Mundial y después de la capitulación. La respuesta siempre ha sido negativa, ¡y eso en un país desarrollado que asegura colocar la defensa de los derechos humanos por encima de todo!

P. Algunas de las historias que se narran en sus informes son espeluznantes, ¿cómo hace para mantener el equilibro en medio de tanto horror?

R. Es algo que te enseñan los años. Al principio cometes muchos errores. Yo llegué a sufrir un colapso bastante grave y aprendí de una manera muy dolorosa a cuidar de mí misma. Practico hobbies- salgo a correr, toco el saxofón, hago cosas con mi hijo- y no porque sí, sino siendo muy consciente de que son un contrapeso al peso de la violencia, que sin lugar a dudas influye sobre mí.

Defender los derechos de la mujer

“La violencia contra las mujeres me interesó desde siempre. Ya con 12 o 13 años escuchaba las historias que contaba mi abuela surtirolesa y pronto me quedó claro que la violencia forma parte con frecuencia del día a día de las mujeres. Por eso decidí hacerme ginecóloga: no sólo por motivos médicos, sino también para contribuir a defender los derechos de la mujer”, cuenta Monika Hauser [PDF].

Desde su fundación en 1993, medica mondiale ha ido extendiendo su actividad. Hoy está presente en Afganistán [PDF], Israel, Liberia [PDF], Ruanda y la República Democrática del Congo [PDF], además de en Albania, Kosovo y Bosnia. Algunos de sus proyectos se han convertido con el paso del tiempo en entidades independientes, y los hay, como Medica Zenica, el programa original bosnio, que se encuentran en peligro por falta de financiación.

“Durante mi formación y al poco de empezar a trabajar como médica, volví a verme confrontada con el tema de la violencia y ya entonces pude comprobar lo agradecidas que responden las mujeres cuando les ofreces un lugar en el que poder hablar de sus traumas”, dice Hauser. Medica mondiale otorga asistencia sanitaria, psico-social y jurídica a mujeres [PDF], especialmente a aquellas que han sido víctimas de agresiones sexuales, allí donde más sufren y menos posibilidades encuentran de recibir ayuda: en situaciones de guerra o crisis. Paralelamente, la organización trata de concienciar a la opinión pública internacional sobre estos destinos y de cambiar las estructuras que los hacen posibles.

“Apoyar a las mujeres y ayudarlas a que retomen las riendas de su vida es una parte de nuestro trabajo. La otra consiste en luchar contra la jerarquía masculina. Ambas cosas van unidas porque, sin lo segundo, tampoco se daría lo primero”, sostiene Hauser.

Entrega del Premio Nobel Alternativo en Estocolmo, 2008. (Cornelia Suhan/ medica mondiale).

En 1996, el gobierno alemán le concedió a Monika Hauser la Medalla Federal al Mérito, pero ésta la rechazó en señal de protesta ante la decisión de Berlín de iniciar la repatriación de los refugiados bosnios que habían buscado cobijo, huyendo del conflicto en los Balcanes, sobre suelo germano. En 2008, la ginecóloga se encontró entre las ganadoras del Premio Nobel Alternativo, y esta vez sí que acudió a recibir el galardón.

Chile. Villarrica: Un padre de 40 años muere mientras violaba a su hija

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Este padre chileno de Villarrica violaba a su hija y abusaba de ella desde hace años, y a los 12 años la niña tuvo un bebe.

* Sufrió un derrame cerebral tras ingerir dos pastillas.
* Tuvo un bebé con su hija hace casi dos años.
* Su esposa y el resto de la familia conocían los hechos.

Un hombre de 40 años murió este martes en Chile debido a una sobredosis de Viagra, medicamento que consumió para abusar sexualmente de su hija de 14 años, con quien ya tenía una hija de casi dos años, informaron fuentes policiales.

El fallecido sufrió un derrame cerebral tras ingerir dos pastillas del fármaco para mantener relaciones con la menor en un motel de Villarrica, al sur de Chile, indicó el subprefecto de la Policía de Investigaciones (PDI) Braulio Contreras.

El policía agregó que "lo peor es que el resto de la familia y su esposa estaban en conocimiento de la relación".

MALTRATOS Y ABUSOS SEXUALES CONTRA MENORES

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Seguimos hablando sobre abuso sexual a niños y niñas. En concreto del caso de abusos sexuales a una niña de tres años que hoy tiene ya 7. Este caso nos ocupa desde hace meses pero de momento no se ha resuelto,  por causas que están en proceso de denuncia ante las instituciones y administración de justicia.

Objetivo del blog es contribuir a que la ignorancia no sea el recurso de algunos  juristas y peritos... para NO proteger a una menor que ha sufrido abusos desde los dos años de edad y que manifestado por activa y pasiva. Y que ha sido atendida en el servicio de urgencias con lesiones que dan lugar a dudas.

Artículo de:

Rocío Toledo
Licenciada en Psicología

Actualmente vivimos un periodo donde se comienza a estudiar el problema de los efectos de la violencia, sea ésta del tipo que sea, sobre las personas y, dentro de este problema, el abuso sexual sobre menores es tan sólo un problema más, particular, acotado y con sus propias connotaciones y características.

El primer motivo para la represión legal del abuso sexual sobre menores es que existe una evidencia clínica creciente de que el abuso sexual durante la infancia afecta verdaderamente al desarrollo psicológico ulterior del adulto.
La hipótesis del abuso sexual como “trauma” dentro del desarrollo evolutivo del niño ha adquirido peso específico durante los últimos años. En este sentido, Mullen et al., demuestran que existen secuelas en las víctimas infantiles que les afectará en su desarrollo adulto y que son:

· Declive del status socioeconómico
· Problemas sexuales crecientes
· Propensión a percibir a sus parejas como poco cariñosas e hipercontroladores.

Mullen también asegura en su artículo que existen otros factores de deprivación y desventaja asociados al abuso sexual y que, por tanto, sería inadecuado realizar intervenciones terapéuticas centradas exclusivamente en el trauma sexual. Esto es completamente coherente con los datos que aportó: 

“Las reacciones de las víctimas son mucho más complejas y multidimensionales, y se trate del tipo de abuso que se trate, y en su conjunto, tan sólo el 50% de los niños nos informarán de alguna consecuencia para su salud mental a largo plazo”.

Maltratos sexuales:

implican la explotación de niños mediante actos tales como incesto, abusos y violación. Los abusos sexuales se definen como la implicación de niños y adolescentes dependientes e inmaduros en cuanto a sudesarrollo , en actividades sexuales que no comprenden plenamente y para las cuales son incapaces de dar un consentimiento voluntario o que violan los tabúes sociales o los papeles familiares. Incluyen:




        -  Paidofilia: supone el contacto sexual, no violento, de un adulto con un niño, y puede consistir en manipulaciones, exhibiciones de genitales, o contactos buco-genitales. La edad del niño suele oscilar entre los dos años y el comienzo de la adolescencia.

        -  Incesto: corresponde  a individuos con personalidades psicopáticas y sexualidad indiscriminada, que consideran a sus hijos como objetos, siendo frecuentemente violentos (relación materno/paterno-filial). Se puede iniciar a la edad de uno o dos años y continuar hasta la adolescencia. 

        -  Proxenetismo: explotación de menores con fines lucrativos por parte de individuos con o sin parentesco con ellos (p. ej.: la  prostitución infantil).

        -  Violación: es un abuso sexual violento, sin consentimiento por parte del menor.

         -  Maltratos institucionales: se pueden definir como “cualquier legislación, programa, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos, o bien derivada de la actuación individual del profesional o funcionario de las mismas. Comporta abuso, negligencia y detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicosdel niño y de la infancia”. También como institución, nos referimos a los medios de comunicación ya que tienen la suficiente fuerza como para poder modificar, aleccionar y formar hábitos en la población en general y también en la infancia. 

      A diferencia de los otros tipos de abusos cometidos contra el niño, en la variedad institucional, no es necesario el contacto directo entre el niño y las personas que van a dictar las disposiciones, normativas, etc., que pueden constituir malos tratos. Detrás de una mesa de despacho también se puede ser responsable de malos tratos. Tampoco hay que olvidar que el profesional o funcionario también pueden actuar directamente sobre el niño y producir un mal trato. Hay dos diferencias fundamentales: mientras que en el maltrato familiar aparecen síntomas evidentes a corto plazo o desde el momento de la agresión, en el maltrato institucional son raras las manifestaciones a corto plazo, provocandose las alteraciones a medio y largo plazo.

En el tema de los abusos sexuales infantiles, al igual que en todos los demás temas tabúes, existen numerosas creencias erróneas. A continuación apuntaré las más comunes, las cuales, de forma más o menos consciente, contribuyen a ocultar el problema, así como a tranquilizar a quienes no desean afrontarlo:

·  Muchas personas piensan que los abusos sexuales no existen o son muy infrecuentes y, sin embargo, la frecuencia es muy elevada.

·  La mayor parte de las personas creen que los agresores son personas con graves patologías o con desviaciones sexuales y, sin embargo, casi todos los abusos sexuales son cometidos por sujetos aparentemente normales.

·  Es usual creer que si los abusos sexuales ocurrieran en nuestro entorno inmediato, nos enteraríamos. La realidad es que la mayor parte de los casos de abusos sexuales no son conocidos por las personas más cercanas a las víctimas y estas tienden con mucha frecuencia a ocultarlos.

·  Se suele creer también que los abusos sexuales a menores sólo ocurren en ambientes muy especiales, asociándolos con la pobreza, baja cultura, etc. Aunque es posible que en determinados ambientes sean más frecuentes, los datos confirman que están presentes en todas las clases sociales, zonas geográficas, etc.

·  Es también muy frecuente la tendencia a creer que los niños, cuando los cuentan, no dicen la verdad o que están fantaseando. Por el contrario, cuando un niño dice que ha sido objeto de estas conductas, prácticamente siempre dice la verdad y, por consiguiente, debemos creerle.

·  También parecería razonable creer que si la madre de un niño se enterara de  que su hijo ha sido objeto de un abuso sexual, no lo consentiría y lo comunicaría a alguien o lo denunciaría. Sin embargo, la realidad nos demuestra que si el agresor es un miembro de la propia familia, bastantes madres reaccionan ocultando los hechos.

·  Otro error consiste en creer que en la actualidad hay más abusos a menores que antes, lo que pasa es que ahora son estudiados.

·  Tampoco es correcto creer que los agresores son casi siempre familiares o casi siempre desconocidos. Los agresores pueden tener relaciones de muy diversos tipos con la víctima y no conviene hacer simplificaciones erróneas.

Los abusos sexuales contra niños se cobran al año un número desconocido de víctimas. No podemos arrancar las raíces de los abusos sexuales contra los niños, pero lo que sí podemos hacer es, a través de programas de prevención y tratamiento, educar al público sobre los peligros de estos abusos sexuales y sobre la necesidad de denunciar dichos abusos y los intentos de abuso. 

Estos programas de prevención pasan, en primer lugar, por educarnos a nosotros mismos como padres o futuros padres, a nuestros hijos y a los profesionales que les rodean sobre los peligros y las consecuencias de los abusos sexuales. Esto será vital porque la experiencia demuestra que los niños alertados sobre la posibilidad de ser atacados sexualmente están mejor preparados para protegerse de ello que los que no son conscientes de dicho peligro. Además, tendrán más probabilidades de revelar un incidente que los niños que sólo reconocen vagamente lo que les ha ocurrido.

En segundo lugar, los padres deben crear un ambiente en el que los niños sean libres de comunicar y discutir cualquier situación que les haga sentirse incómodos, y de revelar cualquier ataque sexual que hayan podido sufrir. 

Se ha de romper la barrera de silencio que rodea a este delito porque únicamente cuando se es consciente de la gravedad del problema y de sus consecuencias, disminuirán los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que suelen experimentar las víctimas de este tipo de delitos. 

Solo entonces se romperá el silencio y dejarán de considerarlo un profundo y oscuro secreto.