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EE.UU.- Las mujeres embarazadas víctimas de violencia doméstica tienen un 50% más de riesgo de aborto, según estudio

Las mujeres embarazadas víctimas de violencia doméstica tienen un 50 por ciento más de riesgo de aborto, según un estudio de la Universidad de Florida del Sur en Estados Unidos que se publica en la revista 'The Lancet'.

El estudio se realizó en más de 2.500 mujeres embarazadas en África ha mostrado que aquellas que experimentan violencia de sus compañeros tienen un 50 por ciento más de posibilidades de perder a su bebé en al menos un embarazo. El estudio apoya la idea de detectar la violencia de género en mujeres embarazadas en África, la región con los niveles más altos de aborto.

Los autores analizaron datos de la encuesta sobre salud en Camerún. En el módulo de violencia se preguntaba a las mujeres si habían sufrido violencia física, sexual y emocional por parte de sus esposos. Las personas también eran preguntadas sobre el nacimiento de bebés muertos o los abortos espontáneos.

De las 2.562 mujeres que respondieron al módulo de violencia, 1.037 estaban expuestas a la violencia por parte de sus parejas y el 50 por ciento de ellas era más propensa a experimentar al menos un aborto en comparación con las mujeres que no sufrían abuso.

Los abortos repetidos se asociaron con todas las formas de violencia de género pero la violencia emocional mostró la asociación más fuerte. Si la prevalencia de abuso se redujera el 50 por ciento, el 25 por ciento o se eliminara por completo, los abortos evitables serían el 17, 25 y 33 por ciento.

Los autores concluyen que la violencia de género aumenta la probabilidad de un aborto o de abortar en repetidas ocasiones. Señalan que una gran proporción del riesgo de mortalidad fetal recurrente se atribuye a la violencia por parte de la pareja y que por ello es prevenible.

Extraído de http://ecodiario.eleconomista.es/salud/noticias/987272/01/09/EEUU-Las-mujeres-embarazadas-victimas-de-violencia-domestica-tienen-un-50-mas-de-riesgo-de-aborto-segun-estudio.html

Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

Instituto Europeo Campus Stellae.

Correo electrónico.

Pequeños testigos de la violencia de género

Por Araceli Medrano. Doctora en Psicología y profesora de la Uned.

El 20 de noviembre de 1989 fue aprobada la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, con la esperanza de ofrecer a todos los niños del mundo derechos efectivos para protegerles de situaciones abusivas e injustas.

Sin embargo, la realidad siempre tozuda se aleja de estas pretensiones, ya que en determinados contextos los adultos transgreden sin pudor los principios mínimos de un código ético de convivencia indispensable para regular la relación entre hombres y mujeres, y con sus actos violentos privan al niño del derecho indiscutible que tiene a crecer en un entorno que le proporcione seguridad física y psicológica, y que no violente el desarrollo de su personalidad.

Éste es el caso de los niños que son testigos de la violencia que ejerce la figura parental masculina hacia su madre, y que sufren en silencio el impacto de la violencia, ya que se derrumban sus principales referentes afectivos en uno de los ámbitos más íntimos para un ser humano, el familiar.

Los menores que durante su infancia presencian repetidamente actos violentos (insultos, vejaciones, amenazas, palizas) entre sus padres, aunque ellos no sean objeto directo de la violencia física, viven inmersos en un contexto familiar en el que predomina la violencia psicológica, que está catalogada como maltrato infantil por la Convención Internacional de los Derechos del Niño, en su artículo 19.

La exposición repetida a la violencia de género en el propio hogar es una forma de maltrato infantil psicológico más difícil de evaluar que los daños que produce el maltrato físico, ya que aparentemente sus síntomas (ansiedad, inhibiciones, alteraciones del sueño, problemas de aprendizaje...) pueden ser semejantes a los que se localizan en diferentes estructuras clínicas. Un problema añadido es que si la madre no interpone denuncia, el maltrato psicológico que padece el menor queda encerrado a modo de secreto, en los muros del hogar. No obstante, el sufrimiento interno que atormenta al niño se plasma en varias preguntas: ¿Por qué aquéllos que me quieren se hacen tanto daño, y me hacen tanto daño? ¿Seré yo el culpable? ¿Habré hecho algo malo?
Para atrapar la angustia que producen estas preguntas y evitar el miedo profundo al otro paterno, supuesto garante del bienestar, algunos niños piensan que el comportamiento del maltratador es normal, y que en el fondo es bueno aunque le haga sufrir, tanto a él como a su madre.

En más de una ocasión he aludido al hecho de que la convivencia larga con un maltratador produce una serie de cambios emocionales en la mujer, como percepción errónea del maltratador, pánico, sentimiento de culpabilidad y confusión emocional. Esta serie de cambios emocionales se producen también en el menor, ya que aprende, tanto por identificación a la víctima como al agresor, que la violencia es una pauta de comportamiento permitida y consentida entre los adultos. Esta dinámica de violencia genera un ciclo de repetición de patrones de conducta aprendidos, que se reflejan en la construcción de la identidad de género y se transmiten de generación en generación.

Hoy, Día Universal de los Derechos del Niño, es una jornada excelente para recordar que una de las maneras más eficaces para detener este ciclo indeseable de violencia -y prevenir el consecuente maltrato infantil- es la intervención educativa temprana y el desarrollo de programas de prevención y asistencia terapéutica para los menores víctimas del maltrato infantil psicológico que genera la violencia de género.

En el contexto educativo se pueden adoptar con decisión estas medidas preventivas con un fin formativo, ya que los niños tienen derecho a construir en libertad su identidad femenina o masculina, en un contexto social que no minusvalore a una persona por su condición de género (sea hombre o mujer), ni limite, aunque sea sutilmente (sexismo ambivalente), su proyección pública o privada. Por esta razón, conviene que los contenidos de igualdad de género se fomenten de manera transversal mediante la adaptación curricular de las diferentes materias a este problema, con el fin de que se construyan valores de igualdad, respeto e independencia, que favorezcan no sólo cambios de orden cognitivo, sino también conductuales. En algunos centros educativos se aborda esta cuestión de manera exhaustiva (con previa formación del profesorado), ya que se entiende que el ejercicio de la desigualdad de poder entre hombres y mujeres perjudica la formación de los menores y genera uno de los conflictos más graves de nuestra convivencia.

Sin embargo, en otros centros educativos, para evitar la proyección de actitudes inconscientes del profesorado, este trabajo se aborda desde diferentes cursos que se organizan en colaboración con el área de igualdad de la mujer del ayuntamiento pertinente, y se imparten a los alumnos de Secundaria por una serie de expertos. Estas conferencias son un éxito si paralelamente las asociaciones de padres organizan cursos de formación para aprender distintas estrategias de intervención que permitan evitar la violencia sexista, que se produce cada vez más entre gente muy joven.

Por otra parte, la detección precoz de la exposición a la violencia implica también que los ámbitos escolares, sanitarios y sociales administren, de manera coordinada y eficaz, los recursos necesarios para realizar un diagnóstico a tiempo, con el fin de derivar el caso a un programa de tratamiento especializado.

Un estudio realizado por la fundación Save the Children (2006) subraya la importancia de desarrollar los recursos necesarios tanto en el ámbito sanitario como en el jurídico, policial o social para atender las necesidades específicas de los menores (mas allá del apoyo a las madres) que sufren el maltrato psicológico generado por este tipo de violencia, ya que además es una medida necesaria para que se hagan realidad los objetivos con los que surgió la Ley integral contra la violencia de género.

De momento, todos los adultos somos los responsables de promover los derechos de los menores que no se hagan efectivos en la realidad, para conseguir, entre otras cosas, que las mujeres y los hombres de las futuras generaciones puedan disfrutar plenamente de ellos y convivir constructivamente, sin violencia.

Extraído de http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20081120/opinion/pequenos-testigos-violencia-genero-20081120.
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Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

Instituto Europeo Campus Stellae.

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Para que nunca ocurra

Valladolid acoge desde hoy el IX Congreso Estatal de Infancia Maltratada, que busca mejorar la lucha contra los casos violentos.

Ocurre. Uno de cada diez niños sufre maltrato físico o emocional en su propio entorno familiar o en el colegio. Una violencia que va más allá del inadecuado azote o de las continuas riñas de sus padres sino que alcanza y daña su estado emocional, su equilibrio psicológico y que suele tardarse en detectar porque los agresores esconden este infierno al que someten a los más pequeños. Vulnerables e indefensos. Al menos en los últimos años ha crecido la sensibilización hacia este problema y hay profesionales entregados a prevenir, detectar y tratar estos casos.

La asociación Rea de Castilla y León trabaja desde 1998 en la defensa de la infancia y lo hace tanto con profesores como padres y alumnos en busca de que el maltrato no llegue o, al menos, se detecte y no pase desapercibido por quienes están más cerca de estos pequeños. Un 10% es la cifra que maneja esta asociación. Dos de cada tres padres desconocen que sus hijos son víctimas de este tipo de violencia y el 42,7% de los estudiantes de Secundaria han sido testigos directos de un acoso ocasional. Éstos son algunos de los datos del estudio más reciente, ya del 2006, realizado en Valladolid por la Facultad de Educación por Inés Monjas y José María Avilés y editado por la Junta.

Una situación que se mantiene y a la que Rea intenta hacer frente con sus programas de sensibilización del maltrato que el año pasado llegaron a 836 personas entre padres y profesores en la región -17 centros escolares en Valladolid-, unos receptores que, a su vez, se convierten en distribuidores de estas conferencias y materiales de trabajo para prevenir la violencia. Estas charlas buscan prevenir y, en su defecto, poner límites. «Cuando se detecta un posible caso por ejemplo de 'bullying' el profesor lo investiga, lo habla con otros responsables de la clase donde ocurre, observan y si se confirma interviene la dirección del colegio, el equipo de orientación, inspección y, si es necesario, la Fiscalía. Habitualmente los casos se corrigen con medidas educativas como reeducar al agresor pero se hace cuanto sea preciso para proteger a la víctima», destaca María Ángeles Manso, técnico y psicólogo de Rea. Este tipo de intervención también se adopta en casos de exclusión social, en los que un niño es aislado por sus compañeros, algo que ocurre más en localidades pequeñas.

El maltrato infantil nos rodea y «hay que hacer un esfuerzo también por proteger al que quiere proteger a un menor, al que denuncia la situación de una víctima para fomentar que la denuncia social crezca», destaca Antonio Rodríguez Marcos, secretario de Rea. Esta organización que suma un centenar de socios, enmarcada en la federación Fapmi, trabaja en programas de sensibilización tanto en el ámbito escolar como familiar y se enfrenta en el futuro a un nuevo reto, el de Internet, la agresión o desprotección del menor a través de la red.

El 30% de los escolares de Valladolid ha sido víctima o agresor en alguna ocasión y los insultos, chantajes, amenazas y daño físico son experiencias ya vividas, según el citado estudio. Una infancia marcada por el maltrato afecta al desarrollo de la persona aunque «se puede superar, ser feliz aunque no se olvida ni hay razones para hacerlo», destaca María Ángeles Manso.

Los menores intimidados suelen tener problemas de adaptación en la vida adulta por el trauma sufrido, padecer depresiones durante su infancia o posteriormente y una baja autoestima que sólo provoca problemas. Respecto al agresor, es frecuente que su conducta durante la etapa escolar se mantenga el resto de su vida y siga siendo maltratador al llegar a la edad adulta, según destacan los responsables de la Asociación Castellano Leonesa para la Defensa de la Infancia y la Juventud.

Congreso.

Para hacer frente a esta lacra y avanzar en caminos de prevención y tratamiento, Rea, con el patrocinio de la Junta, el Ministerio de Educación, Fapmi, el Ayuntamiento de Valladolid y Caja España, ha organizado el IX Congreso Estatal de Infancia Maltratada que se desarrollará hoy, mañana y el sábado en el Palacio de Congresos Conde Ansúrez de Valladolid. La psiquiatra Joana Alegret, experta en la atención de menores en Barcelona, abrirá las jornadas con 'El modelo ecológico. Claves para avanzar'.

El congreso llevará otros nombres como los de Olga Guerra que hablará sobre los abusos sexuales; Concha Vicente Morales, que analizará la situación de menores desprotegidos, o el psicólogo José María Rodríguez de Castro, que analizará las intervenciones en el ámbito familiar.

Fernando Vidal o Félix López Sánchez son también algunos de los más de cuarenta nombres que analizarán estos días las claves del maltrato infantil. Además, el congreso contará con la intervención del escritor Joan Montané Lozoya, víctima de este tipo de agresiones, que contará su experiencia.

El congreso no sólo constará de ponencias y comunicaciones sino también de talleres y una exposición con 42 dibujos de menores en su etapa de maltrato. La muestra de 'La huella del maltrato' acerca la soledad, el sufrimiento y la confusión de estos menores.

Extraído de http://www.nortecastilla.es/20081106/valladolid/para-nunca-ocurra-20081106.html

Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

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El maltrato psicológico, un problema para las mujeres y los hombres


El maltrato psicológico, un problema para las mujeres y los hombres

Si bien el maltrato psíquico es un fenómeno viejo, lo novedoso es su revelación como problema social. El maltrato psicológico se sustenta en comportamientos intencionados, ejecutados desde una posición de poder y encaminados a desvalorizar, producir daño psíquico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal. Su padecimiento lleva a la despersonalización, al mismo tiempo que genera dependencia de la persona que los inflige. El que maltrata se vale para ello de insultos, acusaciones, amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones, silencios, indiferencias y desprecios.

En la esfera de lo privado lo sufren más las mujeres que los hombres, también se produce en la relación de los padres con los hijos, y cada vez más se incrementa el maltrato de los hijos sobre sus padres, quizá como consecuencia de una educación cada vez más permisiva y del uso de la violencia en los conflictos del mundo de los adultos. En el ámbito público, el maltrato psicológico está presente en el mundo laboral y en el escolar.

Estos maltratos psíquicos no son tan visibles ni manifiestos como los físicos. De hecho, en muchas ocasiones la persona que los padece no es consciente de ellos hasta que sufre una agresión corporal. Las agresiones continuadas, verbales y no verbales, el silencio, la indiferencia, los gestos, crean una relación siniestra de dependencia entre el que maltrata y el que lo padece, ambos terminan necesitándose, uno porque solo siente que no es nadie y el miedo y la angustia lo paralizan, y el otro porque se siente que es alguien a través de la dominación que ejerce.

A la hora de identificar conductas para intentar conseguir la dominación puede tenerse en cuenta, la intimidación, la toma repentina del mando tomando decisiones sin consultar, la apelación al argumento de la lógica y la «razón» para imponer ideas, la insistencia abusiva a fin de obtener por agotamiento lo que desea a cambio de un poco de «paz», el control del dinero, el uso expansivo del espacio físico, la manipulación emocional que genera dudas sobre sí mismo y propicia sentimientos negativos y de dependencia, las descalificaciones que conllevan la indefensión, la desautorización y desvalorización que generan sentimientos de inferioridad, la falta de intimidad, el distanciamiento, las mentiras, el incumplimiento de promesas, la autoindulgencia con la que elude el que maltrata su propia responsabilidad, el intento de generar lástima a través de comportamientos auto lesivos o amenazas de suicidio.

Algunos síntomas y manifestaciones de la persona objeto de maltratos psicológicos son dolores de espalda y articulaciones, irritabilidad, cefaleas, insomnio, fatiga permanente, tristeza, ánimo deprimido y ganas de llorar sin motivo aparente, ansiedad y angustia, inapetencia sexual, actitudes tales como sensación de vergüenza, sentimiento de culpa, temor generalizado, mantenimiento de una mirada huidiza, dejadez social y escasez comunicativa con explicaciones vagas y confusas.

Existen señales de alerta de conductas que evidencian o derivan hacia el maltrato psicológico, por ejemplo ignorar los sentimientos de la pareja, ridiculizar o insultar a las mujeres u hombres como grupo, ridiculizar o insultar la mayoría de los valores, creencias, religión, raza, herencia o clase de la pareja, utilizar su visto bueno, aprecio o afecto como castigo, continuamente criticar, insultar o gritar, humillar en privado y/o en público, rechazar mantener relaciones sociales en su compañía, controlar el dinero y todas las decisiones, rechazar compartir el dinero o que trabaje, no permitir su acceso al dinero o a las llaves del auto u otros bienes, amenazar con abandonar o decir que se va, amenazar con hacer daño, castigar o maltratar a otros integrantes de la familia, acosar con asuntos que se imagina que el otro está haciendo, manipular con mentiras y contradicciones, destruir cosas durante las discusiones, manejar armas de forma amenazante.

Estos maltratos son sufridos por mujeres y hombres de todas las edades, grupos sociales y económicos, culturas y países. Su gran incidencia, la gravedad de las secuelas, el alto costo social y económico, y en especial la degradación que produce la violación del derecho de las personas a ser tratadas como tales y al respeto que merece toda existencia humana los convierten en una cuestión de gran relevancia pública.

Nuria Pereira Martínez
Area violencia doméstica y maltrato
Instituto Europeo Campus Stellae
www.campus-stellae.com

Fuente:
http://www.laciudadavellaneda.com.ar/noticias/wmview.php?ArtID=15776

Síntomas de maltrato emocional

Síntomas de Maltrato

El maltratador o maltratadora, suele dirigir todas las discusiones de tal modo que no tengas tiempo de pensar si su comportamiento es correcto o no, o si lo que dice es cierto, o no.

Tómate un tiempo para hacerte las siguientes preguntas. Puede que tu pareja actúe como si éstas cosas están bien pese a que obviamente no lo están:

  • ¿Sientes que es imposible dialogar con tu pareja acerca de lo que te molesta?
  • ¿Te critica, humilla, y destruye tu autoestima con frecuencia?
  • ¿Te ridiculiza cuando te expresas?
  • ¿Te aísla de los amigos, familia, y grupos?
  • ¿Te limita el acceso al trabajo, dinero, o recursos materiales?
  • ¿Te ha robado? ¿O se ha endeudando dejándote a ti la responsabilidad de cubrirlas?
  • ¿Sientes que tu relación con él tiene muchas subidas y bajadas entre sentirle como alguien muy cercano y muy lejano?
  • ¿Te has sentido alguna vez obligada-o a tener sexo, sólo por evitar discutir por ello?
  • ¿En ocasiones te sientes atrapada en la relación?
  • ¿Alguna vez ha tirado tus pertenencias, destruido objetos, o amenazado a tus mascotas?
  • ¿En ocasiones sientes miedo de tu pareja?

Si has dicho sí a varias de estas preguntas es para preocuparse, son los síntomas del maltrato emocional.