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Los semáforos con faldas

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Aprovechando que ayer estuvimos cuestionándonos la situación y representación de las mujeres en nuestra cultura actual, incentivamos la lectura de éste artículo de eldiario.es

Incertezas

Si algo nos ha demostrado la historia reciente es que, a veces, algunas idioteces son capaces de cambiar una idea. Y cambiar una idea es siempre el primer paso para cambiar el mundo

Jose A. Pérez Ledo 08/03/2016 - 20:04h

Tengo yo un amigo que, entre otras cosas, se dedica a matar ratones. Lo hace partiéndoles el espinazo con un bolígrafo porque, al parecer, es la forma menos traumática para los pobres animales. Le pagan por ello, aunque no es el dinero lo que le impulsa a levantarse cada mañana, muy lejos de su casa y de su país, coger la bici, pedalear media hora y meterse en el laboratorio. Lo que le empuja es saber que su trabajo constituye un eslabón en una cadena que podría, algún día, acabar con el cáncer.

Estas navidades, tras una botella de vino y varios gin-tonics, le pregunté cómo se sentía cuando el colectivo animalista le tildaba de monstruo. Me respondió, con esa gravedad que empaña a veces las borracheras, algo parecido a esto:

"Mira, estoy seguro de que, en el futuro, cuando la experimentación animal ya no sea necesaria, esto que yo hago será visto como una barbaridad. Nadie lo entenderá. Todo el mundo pensará, como piensan ahora los animalistas, que quienes hacíamos este tipo de cosas éramos monstruos. Pero la verdad es que, hoy por hoy, no hay forma de investigar el cáncer que no pase por la experimentación con animales. ¿Me hace eso un monstruo? Ahora te digo que no, claro. Pero pregúntamelo otra vez dentro de treinta o cuarenta años".

Toda una lección de incerteza, pilar de la ciencia y del pensamiento crítico. Un sentimiento insólito en estos días en que todo el mundo parece muy seguro de que sus opiniones son las correctas, signifique eso lo que signifique. Basta con echar un ojo a las redes sociales, capital de la certeza contemporánea.

Hace unos días tuvo lugar en Twitter el enésimo aquelarre del año. Lo provocó una palabra, mujerage, y unos semáforos con falda. Fueron muchos, hombres y mujeres, quienes, con una seguridad pasmosa, afirmaron que las medidas adoptadas por los ayuntamientos de Barcelona y Valencia eran una completa estupidez. Y punto.

Como las sinapsis neuronales son caprichosas, aquella polémica hizo que recordara a mi amigo, el mataratones profesional, y su navideña confesión etílica. No es que tenga nada que ver, es evidente; no puede comprarse una cosa con la otra en ningún sentido. Salvo en uno. Se me ocurrió, verán, que alguien debería apuntar los nombres de todas las personas que tan seguras se muestran de lo estúpido de esas medidas para preguntarles al respecto dentro de treinta o cuarenta años. Cuando, de la mano de sus nietas, crucen un (quizá ya estandarizado) "semáforo igualitario".

Pero, ¿es o no es una estupidez?, insistirán, con todo, los tuiteros más desocupados y entregados a la gresca. Y sí, de acuerdo, se lo concedo. Probablemente lo sea, como también lo es desfilar en pelotas y empapado en falsa sangre por mitad de la Gran Vía, sacarse las tetas en una capilla, descolgarse de la chimenea de una central nuclear o colocarse, manos arriba, entre un arpón y una ballena. Pero si algo nos ha demostrado la historia reciente es que, a veces, algunas idioteces son capaces de cambiar una idea. Y cambiar una idea es siempre el primer paso para cambiar el mundo.

Pero no me hagan mucho caso porque, quién sabe, a lo mejor estoy equivocado. Es perfectamente posible, me consta. Así que, si les parece, en treinta o cuarenta años quedamos y retomamos el tema. A ser posible, a la sombra de un semáforo.

El cachete duele, pero no funciona.-



Un cachete, una bofetada, un azote, una colleja, un capón, un zapatillazo... Son términos clásicos, con connotaciones no demasiado negativas y que muchos españoles tienen asociados a la educación de sus hijos. Utilizados de forma muy puntual, como último recurso, para marcar claramente un límite a un niño o a un preadolescente, un buen número de personas lo ven como algo eficaz.

Otros, entre ellos multitud de pedagogos y psicólogos, no están de acuerdo; insisten en no criminalizar a los padres que los usan (hay que dejar claro que no estamos hablando de violencia gratuita o de malos tratos graves, como palizas), pero rechazan tajantemente ese comportamiento como herramienta válida o adecuada para educar a los niños, primero, por reprobable en sí mismo -"Si no lo justificamos en el ámbito de la pareja, ¿por qué sí con los niños, que están indefensos?"- y, segundo, porque no funciona, al menos a largo plazo, asegura el profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Gámez Guadix.Este profesor ha vuelto a traer el debate al primer plano con un estudio que ha dirigido sobre la prevalencia del castigo físico de los menores en el ámbito familiar. Ha tomado una muestra de 1.067 alumnos universitarios de su campus y les ha preguntado si a la edad de 10 años les pegaron algún cachete: le había ocurrido al 60% de ellos, una cifra absolutamente consistente con el de una encuesta del CIS de 2005, que dijo que en torno al 60% de los adultos cree que "un azote o una bofetada a tiempo puede evitar más tarde problemas más graves". En otros estudios hechos en Estados Unidos con la misma metodología, dice Gámez, la cifra está entre el 23% (para los padres) y el 25% (madres).La pregunta era, recalca el profesor, sobre cachetes o azotes, quedando fuera cualquier acción que pueda causar alguna lesión o marcas. De hecho, se excluyó de la muestra a los jóvenes que habían sufrido algún tipo de violencia más grave para no confundir el ámbito de la investigación.

Y en este punto aparece otro dato llamativo: el número de alumnos excluidos por haber sufrido golpes más severos (por ejemplo, del que cumple la amenaza de quitarse el cinturón para dar una reprimenda, agarra por el cuello o da un puñetazo) fue "una cifra considerable", en torno al "15% del total de la muestra".Estas últimas actitudes sí están condenadas y casi nadie las defiende, al menos en voz alta. Pero las otras, la del pequeño cachete cuando la niña de seis años no deja de gritar y molestar en medio de un restaurante abarrotado, o cuando el niño acaba de romper el jarrón de la abuela después de que le dijeran infinidad de veces que en el salón no se juega a la pelota, esas "están ampliamente aceptadas a nivel social", dice Gámez.Lo que pasa es que los contornos son difusos. ¿Cuándo ha llegado el límite? ¿Cuándo la hora de utilizar el último recurso? ¿Cómo se sabe que no ha sido demasiado? Hay muchísimos matices que conviene tener en cuenta, ya que no es lo mismo el coscorrón puntual que tomarlo como norma cada que vez que se quiera conducir al menor.Según el filósofo José Antonio Marina, la brújula es el "sentido común". "Hay que diferenciar" entre un maltrato físico fuera del marco educativo o que, dentro del proceso educativo, de forma puntual y para marcar límites, se pueda dar un cachete "siempre en un contexto de cariño y no en un arrebato de nervios", sobre todo en edades tempranas y para impedir conductas, no para fomentar buenos comportamientos, dice el responsable de la Universidad de Padres.

El juez de menores de Granada Emilio Calatayud ha dicho en numerosas ocasiones que el azote se puede dar siempre que sea en el momento oportuno y con la intensidad adecuada. Lo del momento y la intensidad adecuados pueden resultar conceptos un poco etéreos, pero, en general, quien defiende o, al menos, no rechaza de plano el azote desde un punto de vista estrictamente pedagógico dice que ha de ser el último recurso, que debe ir acompañado de calma, de reflexión, de cariño y de diálogo.El problema es que es muy difícil que esos contextos se den. Según el trabajo de Gámez, los cachetes suelen ir acompañados -en nueve de cada 10 casos- de "agresiones psicológicas", es decir, de "gritos, de amenazas, de intentos de humillar al menor", dice el investigador."El cachete explicita la impotencia y la incapacidad del adulto", dice el pedagogo y doctor en Ciencias de la Educación Joan Josep Sarrado. Así lo percibe el niño y, por lo tanto, lo vive como una "venganza" del padre o de la madre, y no puede tener efectos educativos positivos, asegura. Otra cuestión, aparte del desahogo, es la eficacia inmediata que puede tener el capón. Gámez explica que pueden tener unos resultados a corto plazo de mayor obediencia, pero "a largo plazo, lo que ocurrirá es que probablemente el padre tendrá que aplicarlo cada vez con más frecuencia para obtener el mismo resultado", añade.Además, también hablan muchos expertos de los efectos negativos a largo plazo -insensibilizarle ante el dolor ajeno y enseñarle a resolver sus problemas con violencia-, y a corto, causarle una enorme desorientación si el padre o la madre se sienten tan culpables después que tratan de compensarlo de manera exagerada.En el lado contrario, muchas veces el argumento es: conmigo funcionó, no me he traumatizado y tengo una vida normal, así que no está tan mal. Para Gámez, alguien al que le dieron azotes tiene más posibilidad de dárselos a sus hijos y, por otro lado, también tiene sentido que se justifique si se utilizan por falta de estrategias alternativas o para justificar el comportamiento familiar que tuvieron con él.El profesor de Psicología de la Universidad de Navarra Gerardo Aguado asegura que "se exagera, ya que tampoco se traumatiza a los niños para toda la vida".

La cuestión, sin embargo, es que conviene descartar castigos físicos, simplemente, porque "son innecesarios, no tienen ningún objetivo educativo", y "no funcionan", es decir, no van a corregir el comportamiento del menor.Pero las otras herramientas requieren tiempo, esfuerzo y paciencia. "En educación, nada se improvisa", dice Sarrado. Los procesos de diálogo, de comunicación, de respeto deben empezar muy pronto, cuanto antes, añade. Y también la utilización de castigos no físicos o no agresivos. Es muy importante poner límites, acostumbrar a los niños también a lidiar con la frustración, porque las familias tienden a "sobregratificar" a los menores, añade.Mucho se ha hablado, cuando se trata de educación, de que el final de una sociedad represiva en España dio paso a otra mucho más permisiva que ha acabado experimentando graves problemas a la hora de ejercer la autoridad y de poner límites a los niños. Pero la respuesta, dice Pedro Rascón, presidente de la confederación de padres de alumnos Ceapa, nunca puede ser volver a fórmulas autoritarias y represivas del pasado.

Así, esas alternativas pueden incluir castigos no agresivos -aunque sobre el tema del castigo también hay muchas teorías encontradas- que van desde quitar algún privilegio (te quedas sin televisión o sin juguete), a arreglar el daño causado (pedir perdón, arreglar o pagar con los ahorros lo que se ha roto). Pero siempre debe ser, según Sarrado, un castigo inmediato, coherente -es bastante malo que los padres se contradigan-, justo, ajustado y mantenerse en el tiempo. "Puede que alguien llegue a la conclusión de que se ha equivocado con la respuesta al hijo, pero no debe cambiar de criterio hasta que el niño o la niña deje de presionar", para que no piense que el cambio se debe a esa presión. Y añade que solo si se han establecido antes unos hábitos de diálogo y unos compromisos funcionará en la adolescencia la vía de la negociación.Gámez, por su parte, también insiste en que todas esas pautas deben establecerse desde el principio. Pero también habla de la necesidad de manejar la atención parental, es decir, no es una buena idea que el niño perciba que su padre o su madre solo le hacen caso cuando hace las cosas mal, y nunca cuando hace las cosas bien, dice el profesor.

La cuestión es que los padres no tienen por qué ser pedagogos y todas esas herramientas no son fáciles. "Hoy en día hay muchos recursos, hay escuelas de padres, se puede hacer un seguimiento muy de cerca con los profesores de los centros educativos", contesta Sarrado.El debate sigue y seguirá abierto y los padres también tienen derecho a equivocarse sin que se les culpabilice, lo cual no quiere decir que, como señala Sarrado, "cuanto menos cachetes, mejor, y si puede ser, nada".

Y así, sin fórmulas que den respuestas exactas, lo que queda es un enorme espacio entre el sentido común al que apela Marina y las respuestas científicas. Gámez admite que alguien al que le han dado cachetes es muy posible que no quede traumatizado, que no le queden secuelas en su autoestima, que no golpee a su vez a su hijo cuando sea mayor, que no genere conductas que incluyan la violencia en la resolución de conflictos... Puede que eso no le ocurra, dice, pero desde luego, según numerosos estudios científicos, tiene muchas más posibilidades que un chaval que no recibió cachetes.

Las alternativas al coscorrón

- El diálogo. Aunque pueda antojarse inútil, es importante empezar a explicar las decisiones quese toman a los niños desde que son pequeños, aunque tengan siete u ocho años, para ir poniendo los cimientos de una relación de diálogo, dice el pedagogo Joan Josep Sarrado.

- La firmeza. Es mucho más interesante decir las cosas con firmeza que gritando, dice Aguado.

- El castigo. El castigo debe estar pegado a la acción, no esperar, y debe ser contundente desde el principio; castigar si se decide castigar sin amenazar durante mucho tiempo, añade Aguado. Además, debe ser ajustado y mantenerse a pesar de la presión del hijo, apunta Joan Josep Sarrado. Puede ser desde mandarle de cara a la pared o a otra habitación, hasta privarle de la tele o de un juguete.

- La atención. Los padres deben procurar dedicarle atención al niño cuando haga las cosas bien, no solo cuando las haga mal. Hay que saber ignorar algunos comportamientos con los que el menor solo quiere llamar la atención, dice el psicólogo Manuel Gámez.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/cachete/duele/funciona/elpepusoc/20101117elpepisoc_1/Tes

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La prevención de la violencia de género será una asignatura en ESO a partir del próximo curso

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También se elaborará un mapa de diagnóstico y se creará un sello distintivo para empresas e instituciones

La portavoz del Consell y consellera de Justicia y Administraciones Públicas, Paula Sánchez de León, ha anunciado este lunes que la Generalitat incorporará en los planes de estudio de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) una asignatura de prevención de la violencia contra las mujeres, que comenzará a impartirse a partir del próximo curso en un primer momento con carácter optativo, aunque la intención es que sea materia curricular, ha aseverado.

Ésta es una de las 50 "acciones directas" que contempla el nuevo Plan de Medidas del Gobierno valenciano para combatir la Violencia que se ejerce contra las Mujeres 2010-2013 y que ha sido consensuado en el Foro de la Comunitat Valenciana contra la Violencia de Género y Personas Dependientes en el Ámbito de la Familia, según ha trasladado Sánchez de León en una rueda de prensa al término de la reunión de este órgano consultivo del Consell.

La consellera de Justicia y Administraciones Públicas también ha avanzado que su departamento elaborará un mapa de diagnóstico de la situación de la violencia hacia las mujeres para conocer en profundidad la dimensión de la violencia de género en la Comunitat en cuanto a recursos existentes, población con mayor número de agresiones y fallecimientos o perfil de las víctimas.

Además, la Generalitat creará un sello distintivo como reconocimiento a las empresas e instituciones que incorporen en sus plantillas a mujeres vítimas de violencia de género, e impulsará nuevos planes integrales de empleo dirigidos a las víctimas para facilitarles la inserción laboral.

Asimismo, Sánchez de León ha informado que la inversión concedida por el Ministerio de Igualdad a la Generalitat para garantizar a las mujeres víctimas de violencia el derecho a la asistencia social integral asciende a 490.000 euros, un 9,7 por ciento del presupuesto del Ministerio para distribuir entre las autonomías, que asciende a cinco millones de euros.

El Gobierno valenciano destinará una parte de este dinero a impulsar la formación y la inserción laboral de las mujeres, un área prioritaria para el Consell puesto que, según ha explicado la consellera, "sin la vida independiente que da el trabajo es muchísimo más frecuente volver al círculo de la violencia". A esta acción se invertirán 312.000 euros.

Se trata de un programa de asistencia social para mujeres víctimas de violencia de género que se imparte on line en colaboración con el centro de estudios Adams. En la actualidad lo disfrutan 35 mujeres y la pretensión es ampliarlo con 15 becas más para dar formación presencial en áreas demandadas como peluquería, contabilidad y atención al público, ha especificado Sánchez de León, quien ha remarcado que el programa, que se inició en 2009, ha dado "resultado magníficos", ya que ha permitido que 41 mujeres encontraran un puesto de trabajo.

También se van a conceder 15 becas para obtener el carné de conducir en aquellos casos en los que el puesto de trabajo requiera movilidad geógrafica.

Atención a menores

Por otro lado, se destinarán 174.400 euros a un programa novedoso de atención especializada a menores expuestos a violencia de género. Así, se van a llevar a cabo varios proyectos dirigidos a la sensibilización, formación y asistencia especializada a estos menores que en ocasiones son víctimas indirectas de la violencia de género porque presencian los episodios de violencia entre los padres, o directas porque la padecen ellos también.

En concreto, la Generalitat realizará un estudio sobre la situación y necesidades de estos niños, e iniciará un plan de formación específico dirigido a los profesionales que prestan su servicio en los centros Mujer 24 Horas y Centros Residenciales.

Asimismo, se llevarán a cabo acciones de apoyo escolar y pedagógico en los centros de acogida donde residan mujeres víctimas con hijos menores con el objetivo de fomentar la dedicación y el esfuerzo educativo de estos menores y apoyar aquellos ámbitos en los que tengan mayores dificultades, además de complementar la realización de actividades extraescolares como la asistencia a ludotecas o escuelas deportivas.

También se iniciará un programa de apoyo domiciliario en situaciones de crisis. Será un servicio de ayuda a domicilio con carácter educativo que permitirá a la mujer dejar a sus hijos a cargo de personal específico cuando tenga que realizar alguna gestión y carezca de apoyos familiares para ello. Sánchez de León ha especificado que el Ministerio, a propuesta de la Generalitat, ha incorporado estos dos programas para implantarlos en toda España.

La consellera también ha indicado que el representante de la Conselleria de Educación en el foro ha propuesto incluir "con preferencia" en la Formación Profesional a las mujeres víctimas de violencia.

Dos herramientas básicas

Sánchez de León ha remarcado que con la aprobación del plan y la futura ley Integral contra la Violencia de Género, cuyo borrador se discute en la Comisión de Violencia de las Corts y este lunes también se ha trasladado a los miembros del Foro, la Comunitat Valenciana cuenta con "dos herramientas básicas y coordinadas" para "continuar luchando contra la violencia de género".

La consellera ha destacado el "grado de consenso" recogido por el plan y ha especificado que el documento incorpora el 80 por ciento de las propuestas realizadas. El texto se trasladará a la Comisión Interdepartamental de Lucha contra la Violencia de Género, tras lo que se remitirá al pleno del Gobierno valenciano para su aprobación definitiva.

El foro está compuesto por representantes de las administraciones central, autonómica y local y por colectivos de la sociedad civil como colegios profesionales y expertos en la materia. Sánchez de León también ha informado de la incorporación a este órgano de la Defensora del Discapacitado en la Comunitat Valenciana, Juana de Andrés.

Preguntada sobre si el Consell se plantea contemplar en la ley valenciana contra la violencia de género situaciones como la vivida este fin de semana en Jávea (Alicante), donde un hombre de 30 años presuntamente mató a cuchilladas a su compañero sentimental, ha afirmado que es un asunto que se va a "reflexionar en la comisión parlamentaria y se verá".