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¿Dónde fallamos en la lucha contra la violencia de género?
Almeida
·
La asociación ADAVAS destaca que el asesinato de Yolanda Jiménez Jiménez
evidencia que es necesaria una mayor coordinación y más recursos en violencia
de género. Piden que todos los cuerpos policiales tengan acceso a las órdenes
de protección
Ella sabe qué es recibir una llamada un día como el 24 de
diciembre por la noche. No, no esa llamada de Feliz Navidad, sino otra en la
que una mujer entrecortadamente te pide ayuda encerrada en el baño de su casa
porque su marido asegura, cuchillo en mano, que la va a matar. Incluso a través
del teléfono se escuchan los golpes del cuchillo, los gritos y ese silencio
denso que solo explica la palabra miedo. Manuela Torres ha vivido en distintas
responsabilidades en la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones
Sexuales y Violencia de Género (Adavas) experiencias suficientes para saber que
estamos ante una batalla difícil, descarnada. Una carrera de meta aún lejana
que en ocasiones depara sucesos tan dolorosos como el asesinato el pasado
domingo de Yolanda Jiménez a manos de su expareja en el paseo de la Estación.
«Son hechos trágicos y muy
alarmantes que en ocasiones generan otro problema secundario que es lo que
llamamos populismo punitivo», lamenta Manuela Torres, que señala que «hay
cierta tendencia a legislar a golpe de noticia, a golpe de suceso y eso al final
es ineficaz, hay que trabajar todo el tiempo y de la mano de las asociaciones y
de los expertos que son los que pueden tratar de plantear medidas más adecuadas
para una lucha que ya sabemos que es muy complicada de llevar a cabo».
No sirve legislar a golpe
de escándalo, afirma la abogada de Adavas, entre otras cosas porque «aquí nos
enfrentamos a un tipo de violencia bastante particular, el agresor en un
determinado momento ya no piensa en la pena a la que se enfrenta, ya le da
igual, es como un terrorista, quiere agredir, incluso quiere matar y en ese
momento no le importa el castigo».
El pasado otoño, el
Ayuntamiento de Salamanca constituía una comisión municipal de lucha contra la
violencia de género en la que se integraban todas las organizaciones vinculadas
a la defensa de las víctimas en la ciudad. Una comisión a la que, insiste
Manuela Torres, Adavas siempre ha llevado el mismo planteamiento: «todo lo que
se hace desde la unidad y el consenso es positivo, pero hacen falta muchos más
recursos y mucha más coordinación entre todos para mejorar la protección de las
víctimas».
Aunque la lucha contra la
violencia de género es un problema social de inmensa magnitud, que compromete
la participación de todos los estratos de la administración, Manuela Torres señala
que hay pasos que pueden darse desde las instancias locales. «En ocasiones hay
inercias muy complicadas que cuesta alterar y aunque siempre se dan pasos,
siempre se puede hacer más y hay que poner más recursos encima de la mesa».
Así, la abogada destaca
que «una organización como Adavas recibe llamadas de ayuda, de consulta, de
auxilio, durante las 24 horas al día porque tenemos un teléfono habilitado para
ello (el 609 835 336) y sin embargo nos encontramos que la administración tiene
para muchos pasos necesarios para defender a una víctima un horario de oficina
restringido a ocho horas, y es inexplicable», lamenta.
Asimismo, la abogada
señala que «la Policía Local de Salamanca hace una buena labor de protección,
pero el problema es que a la hora de prevenir distintos casos que pueden ser
graves no siempre tienen herramientas», y es que Torres señala que «las órdenes
de protección de las víctimas y sobre todo las medidas cautelares de protección
decretadas no siempre llegan a todos los cuerpos y fuerzas de seguridad del
Estado, hay una falta de coordinación y de comunicación que en ocasiones
termina pagando la víctima».
Abundando en este campo,
desde Adavas se insiste en que la justicia a menudo está fallando a las
víctimas: «hay una victimización secundaria de las mujeres que denuncian, que
sufren malos tratos y que al final ven como el sistema las recibe con
desconfianza, lo que acaba por suscitar efectos psicológicos muy dañinos de
miedo, de aislamiento».
Manuela Torres destaca el
daño del «bulo de las falsas denuncias», una falacia que se ha instalado en la
sociedad y que «hace creer que las mujeres utilizan alegremente la denuncia
contra el maltratador con muchos fines, cuando las estadísticas oficiales del
Consejo General del Poder Judicial demuestran que nillegamos al 0,01% de
denuncias falsas». Es decir, mucho menos de una de cada mil.
Paralelamente, la abogada
destaca que «en los últimos años ha habido una relajación en los juzgados a la
hora de conceder medidas cautelares de protección a las víctimas». Según las
estadísticas que maneja la asociación salmantina, casi una de cada tres
peticiones de medidas cautelares de protección son desestimadas en los juzgados
salmantinos. «Estamos viendo como hay una continua infravaloración de las
situaciones de riesgo que lleva a denegar estas medidas y eso tiene
consecuencias muy graves».
Así, Torres destaca que
«cuando una mujer que ha decidido dar el paso de la denuncia, que todavía es
muy complicado y difícil en nuestra sociedad, ve que al final en el juzgado no
tiene el respaldo ni la protección que esperaba, acaba por frustrarse y si
alguien que ha denunciado un caso y no ha recibido esta protección es víctima
una segunda vez de una agresión lo normal es que ya no denuncie más, lo que nos
mete en una espiral muy peligrosa».
En todo caso, desde Adavas
se insiste en que convendría «darle la vuelta» al enfoque del problema de la
violencia de género. «Ahora mismo, la mayor parte de las medidas se enfocan
hacia las víctimas, lo cual no es que esté mal, pero no es justo, el problema
debería enfocarse desde la prevención y poniendo el acento en el maltratador»,
explica Manuela: «se dice a las víctimas que denuncien, que tendrán respaldo,
que llamen al 016 y todo eso está bien, pero la realidad es que las víctimas no
tienen la culpa de su situación, lo que habría que hacer es reforzar las
medidas contra el agresor».
¿Cómo? La abogada tiene
claro que es necesario insistir en una educación igualitaria que destierre
atavismos machistas en la sociedad y que lleve a generar aislamiento hacia
quien maltrata e incluso pone sobre la mesa la conveniencia de abrir un debate
siempre polémico, como la creación de un registro del maltrato, en el que la
sociedad sepa quién ha sido condenado en firme por un delito de agresión.
«Vivimos todavía en una sociedad
profundamente machista y hasta que esto no cambie, es imposible plantear una
solución a un problema tan complicado, con tantas aristas y tantas variables
como la violencia de género», concluye Manuela Torres.
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