Área Violencia Doméstica y Maltrato
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Cuando alguien sufre el maltrato de su pareja fuera de su país, los problemas se multiplican. Por eso, una pequeña ONG estadounidense ayuda a sus compatriotas que son víctimas de la violencia de género en el extranjero. Richard Branson, Yoko Ono y Doris Buffet son algunos de los principales patrocinadores de esta organización.
(París, Francia). Paula Lucas, fundadora del grupo conoce de primera mano los problemas que afrontan los ciudadanos norteamericanos en este tipo de situación. Cuando intentó huir de un marido maltratador a finales de los años 90, había escasos recursos.
En esa época vivían en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Lucas dice que su marido la aterrorizaba y amenazaba a ella y a sus tres hijos durante violentas discusiones. Si los niños se atrevían a vomitar cuando se les obligaba a comer todo lo que había en el plato, el padre los forzaba a comerse su propio vómito.
La soledad frente al maltratador en un país ajeno
En aquella época, sus peticiones ante la embajada, las llamadas al Departamento de Estado y a otros funcionarios quedaron sin respuesta. Lucas escapó finalmente en abril de 1999 aprovechando que su marido regresaba más tarde de un viaje de negocios. Falsificó la firma de él en los documentos para sacar a los niños del país y en un cheque para financiar el viaje, ya que no tenía acceso a su propio dinero.
La organización que ha fundado, el Centro para la Violencia Doméstica contra Estadounidenses en el Extranjero ("Americans Overseas Domestic Violence Crisis Center"), ofrece ayuda para poder regresar a casa. En el peor momento de su calvario, Lucas dice que prometió que “si lograba salir de esa situación, haría algo para ayudar” a otros con un problema similar. “Quizás fue parte de mi negociación con Dios”, afirma a través del teléfono para explicar la idea de crear una ONG, mientras vivía en un hogar de acogida.
La ONG ha ayudado a un millar de familias
La idea nació como una página en Internet, evolucionó a un servicio de ayuda telefónica y posteriormente a la ONG. Es probablemente la única organización de este tipo y ofrece desde asesoría legal y ayuda psicológica hasta billetes de avión rebajados para repatriar a la familia a Estados Unidos. A medida que aumentaban los servicios, la organización tuvo que abandonar el salón de la casa de Lucas en Oregón.
El número de teléfono gratuito (866-USWOMEN) ahora está disponible en 175 países. La organización, que continúa siendo una pequeña ONG con un presupuesto muy limitado, se concentra en los cerca de 4 a 7 millones de norteamericanos que viven en el extranjero. Cuando es posible, también dan alguna asesoría o información útil a ciudadanos de otros países.
Desde que inició su actividad, se calcula que ha ayudado a unas 1.000 familias. Cuenta con cinco empleados y un grupo de voluntarios. Recibe dinero de diversas iniciativas benéficas, entre ellas, las fundaciones de Yoko Ono y Doris Buffet. Lucas también ha invertido en la ONG el dinero que ha recibido de algunos premios.
Los viajes gratuitos o a precios reducidos que ha conseguido para su iniciativa, son fruto de un encuentro casual durante un almuerzo en Nueva York en 2005. Lucas se sentó “estratégicamente” al lado de Richard Branson, el multimillonario propietario de Virgin Atlantic Airways. “Él me lo ofreció, no se lo pedí”, declara Lucas. “Es un recurso muy valioso para nosotros”.
De vuelta a casa, los problemas persisten
Sin embargo, escapar no es el único obstáculo que afrontan las víctimas en el extranjero. Una vez que Lucas regresó a territorio norteamericano se encontró con una inesperada batalla legal. Aunque sus hijos no tenían otra nacionalidad, su padre, ciudadano estadounidense de origen palestino, declaró que Lucas había secuestrado a sus hijos, que su hogar estaba en los Emiratos y que cualquier problema de custodia debía decidirse allí.
“Tuve que luchar para que se reconociera la jurisdicción de Oregón”, explica Lucas. Después de gastar decenas de miles de dólares en abogados, un juez le otorgó la custodia de sus hijos y se divorció, dejando atrás 14 años de matrimonio sin pedir “dinero ni pensión para los niños”, que entonces tenían 10, 7 y 5 años. “Tenía 40 años, no tenía casa y era responsable de tres niños. Pero estaba contenta de tener a mis hijos”.
Lucas indica que el mundo necesita un sistema más eficiente para abordar casos como el suyo. Por una parte, existen tratados internacionales, pero estos no necesariamente toman en cuenta una situación de violencia doméstica. Las embajadas, el primer punto de referencia para los estadounidenses que viven en el extranjero, son una fuente muy valiosa, pero existe un límite a lo que pueden hacer.
El papel de las embajadas
“Miramos las cosas desde la perspectiva de la seguridad de los niños y la violencia de género”, explica Lucas, mientras que las embajadas deben tener en cuenta las consecuencias diplomáticas que implica involucrarse en una situación así.
Dicho de otra manera: “La violencia doméstica es un asunto policial, por lo que tenemos que asegurarnos de que [la víctima] ha iniciado al menos el proceso de notificar [su situación] a las autoridades competentes”, afirma Joan Patterson, vicecónsul de la embajada de Estados Unidos en París.
Patterson explica, por ejemplo, que la embajada puede intervenir y ayudar a las víctimas de violencia de género para volver a su país, pero si la situación “involucra a los niños, entonces hay que asegurarse de que [el progenitor] no está secuestrando a sus hijos”.
Paula Lucas no para
Estar familiarizado con las leyes y los servicios disponibles en un país concreto es una de las formas con las que la organización de Lucas intenta alcanzar su objetivo. Además de establecer una red de contactos, Lucas también ha tenido encuentros cara a cara con funcionarios de embajadas en el extranjero al mismo tiempo que se ha dedicado a buscar "embajadores" de voluntarios locales.
Asistió a unas reuniones en París en octubre, declarado como "Mes Nacional de Concienciación sobre la Violencia de Género" por Barack Obama en los Estados Unidos. Las reuniones formaban parte de un tour por diversos países europeos para que la gente supiera que el recurso existe y para animarles a difundirlo en su círculo.
Una mujer estadounidense ha dicho que ella asistió a las reuniones de París, porque el tema de discusión le interesaba. Jenny, que no quiso dar su apellido, explicó que creció en Florida, viendo cómo su padre abusaba verbalmente de su madre y la mangoneaba.
Su "primer recuerdo sobre la humillación" fue ver a su padre vaciar una botella de vino tinto sobre la cabeza de su madre delante de unos invitados porque se le había caído una gota sobre el mantel blanco mientras servía la bebida a uno de los comensales.
"El acoso se muestra de distintas formas", dijo Jenny. Ahora Jenny ha comenzado como voluntaria del Centro para la Violencia Doméstica contra Estadounidenses en el Extranjero.
15/12/2009 | Mildrade Cherfiels | Global Post para lainformacion.com
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