Acción por las mujeres en precario (AFESIP)- Camboya

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La historia de Somaly Mam es la de las miles de niñas y mujeres que todavía hoy son vendidas y obligadas a prostituirse en Camboya, un país donde según ha explicado Somaly, las mujeres y niños son considerados esclavos del hombre.

La presión de la cultura camboyana lleva a estas niñas y mujeres a someterse a las decisiones de los hombres y obedecer. Para luchar por ellas, Somaly Mam fundó en 1995 la asociación Acción por las mujeres en precario (AFESIP), donde ha trabajado para ayudar, recuperar o reintegrar a más de 10.000 prostitutas desde entonces.

A Somaly la vendieron para el matrimonio con 14 años a un hombre muy mayor que la maltrataba. Se divorció de él, pero su abuelo volvió a venderla a un prostíbulo, de donde la rescató en 1991 su actual marido, un cooperante francés con el que vive en Camboya junto a sus hijas.

Desde entonces comenzó a ayudar a otras mujeres que se encontraban en la misma situación que había vivido ella: mujeres condenadas a vivir en prostíbulos, la mayoría enfermas del VIH, sin apenas formación y con apenas fuerzas para vivir. En la actualidad, se estima que hay entre 50.000 y 60.000 mujeres en esa situación.

Lo peor es que si hace unos años, la edad para la venta de las niñas para la prostitución rondaba los 14, 15 y 16 años, Somaly Man advierte de que en la actualidad se venden niñas de 5, 6 y 7 años porque no sólo son vírgenes sino que además, no tienen ninguna enfermedad. En la mentalidad de estos países asiáticos, desvirgar a una joven o niña les aporta suerte, longevidad y se vuelven más blancos, entre otros beneficios. Por eso, los políticos y hombres de negocios en estos países pagan buenas cantidades de dinero por acostarse con una virgen.

Pero la violencia contra la mujer no sólo ocurre en los burdeles, también existe en el ámbito doméstico donde las mujeres son maltratadas y violadas por sus maridos. Sea lo que sea lo que ocurra,“la culpa siempre es de la mujer”, por lo que con demasiada frecuencia, las violaciones a niñas y mujeres quedan impunes.

Tras más de 30 años de guerra, la mayoría de la población camboyana vive en una gran miseria que genera mucha violencia social. La corrupción de la justicia, los políticos y las fuerzas de seguridad hacen aún más difícil la labor de organizaciones que, como AFESIP, trabajan por recuperar a los niños, niñas y mujeres que sufren explotación sexual.

En AFESIP, el objetivo es salvar a las chicas de la prostitución forzada, ayudarlas a recuperarse con apoyo psicológico y con el aprendizaje de un oficio que les permita volver a vivir en la sociedad, y al mismo tiempo, que les proporcione independencia económica y moral para afrontar el contexto cultural de sometimiento de la mujer en Camboya.

Para ello, cuenta con tres centros en Camboya para dar asistencia médica y psicológica a las víctimas de las violaciones y malos tratos, así como cursos de peluquería o costura y de alfabetización.

“Fundé esta asociación por todas esas mujeres, por mí, pero sobre todo, para dar una oportunidad a todas esas niñas que no la tienen, para que puedan hablar y puedan contar ese dolor.

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