El diagnóstico del maltrato doméstico «grabado» en el rostro

Las víctimas de episodios de violencia de género presentan lesiones maxilofaciales diferenciadas respecto a las mujeres con traumas en la cara por otras causas.

Como si de criminólogos se tratara, los cirujanos maxilofaciales deberían escrutar los rostros de las mujeres que acaban en su consulta con traumatismos faciales. El objetivo: reconocer el rastro que deja la violencia doméstica en la faz de sus víctimas. De acuerdo con los resultados de una nueva investigación, el facultativo puede sospechar que detrás de una lesión se esconde un episodio de maltrato, sobre todo si el daño se circunscribe a la zona que rodea el ojo, conocida como periorbital. Ésta es el área que con mayor frecuencia se ve afectada a consecuencia de un acto violento a manos de la pareja. Por el contrario, si el origen de la lesión es otro, desde el ataque de un desconocido a un accidente de coche, los traumatismos tienden a localizarse en otros lugares del rostro. Así lo pone de manifiesto un estudio que ha analizado estas diferencias en 326 mujeres que acudieron a una consulta de cirugía maxilofacial de Estados Unidos.

FRACTURAS.

Entre las víctimas de actos de violencia de género fueron más frecuentes de lo habitual las fracturas del denominado hueso cigomático (o malar), que forma el pómulo de la cara y parte de la órbita y se une hacia atrás con el temporal (hueso de la parte inferior lateral del cráneo); la fractura orbital con estallido (hueso roto debajo del globo ocular) y las lesiones intracraneales.

En cambio, entre las que fueron atacadas por un desconocido se registraron más fracturas mandibulares. Sufrir un accidente de tráfico deja, asimismo, señales características. En este caso, se anotaron más lesiones de mandíbula, fracturas de la cresta alveolar (el hueso que hay debajo de la encía dental) y laceraciones. Y las fracturas nasales fueron más habituales entre las féminas que habían experimentado una caída accidental.

Según explican los autores del trabajo, en el artículo que publica la revista Archives of Facial Plastic Surgery, entre el 88% y 94% de las víctimas de maltrato doméstico muestra daños en la zona de la cabeza y el cuello y el 56% acaba con algún hueso facial roto.

Otros estudios ya habían detectado un mayor número de fracturas en el área cigomática y periorbital en mujeres maltratadas, así como un predominio de lesiones en el lado derecho del rostro, un signo asociado al hecho de que los agresores, como la mayoría de la población, son diestros. Como recuerdan los investigadores, los daños suelen ser en los tejidos blandos del rostro y, sobre todo, en las estructuras óseas. En muy pocos casos, la víctima de maltrato presenta lesiones por arma de fuego. Reconocer el patrón de las fracturas faciales que con más frecuencia se asocian a un episodio de este tipo, así como el del comportamiento habitual de estas mujeres, puede, según los autores, ayudar a los profesionales sanitarios a identificar a las víctimas y a desarrollar programas de seguimiento más eficaces. Es conocido que muchas afectadas se enfrentan a una situación de abuso continuado en cuanto reciben el alta hospitalaria. Otro dato llamativo que, en su opinión, urge la implicación del médico en la prevención de nuevas agresiones es que apenas el 46% de las pacientes con traumatismos faciales acaba su tratamiento, lo que deja poco lugar a la intervención sanitaria.

El papel de la profesión médica en la detección y prevención de la violencia doméstica adquiere progresivamente mayor importancia. En España, por ejemplo, aproximadamente un 20% de las mujeres que consultan en los servicios sanitarios padece esta situación, aunque su visita no siempre es consecuencia de la lesión que haya podido sufrir en una agresión. Rara vez los profesionales sospechan de la existencia de esta circunstancia: se calcula que apenas se identifica el 1% del total de casos de maltrato estimados. Muchas veces porque el sanitario no lo considera como un problema de salud. Es lo que reveló una encuesta reciente llevada a cabo entre 287 médicos y enfermeras de un hospital catalán.

El escenario que dibujan los investigadores estadounidenses es similar, de ahí que insistan a sus colegas en la necesidad de fijarse no sólo en las lesiones visibles, sino también en otros rastros menos evidentes, como el hecho de que a pesar de sus heridas las víctimas no acierten a explicar una causa creíble; el significativo retraso con el que acuden a consulta (una media de 12 días en el estudio), o que muestren evidencia de lesiones previas (lo que ocurre en hasta el 33% de las pacientes con daños faciales).

Extraído de http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2009/788/1232578814.html


Equipo de Investigación.
Área Violencia Doméstica y Maltrato.

Instituto Europeo Campus Stellae.

Correo electrónico.

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