La dualidad humana

Cae un prestigioso psicólogo acusado de abusar de menores”. La noticia que estuvo en los primeros planos de los medios, repite otras historias de igual tenor en las que causa conmoción el fracaso humano ante el bien.

¿Cómo personas que encarnan elevados ideales de virtud pueden caer presa de los vicios? ¿Acaso detrás de todo altruismo se esconde un deseo egoísta e impuro? ¿Pero es entonces toda moral una ilusión?.

Preguntas de este tipo se viene haciendo el hombre desde siempre. Vuelven a actualizarse cada vez que tiene lugar una “caída” semejante, en la realidad. Arrecian, entonces, las mismas dudas sobre la condición humana.

El acusado por abuso sexual es un licenciado en Psicología con una foja académica impresionante. Con una agravante: es una eminencia en materia de violencia doméstica, reconocido a nivel internacional. De hecho fue fundador de la Asociación Argentina de Prevención de Violencia Familiar, dirigió programas de tratamiento para hombres que ejercen violencia doméstica, escribió cinco libros y fue asesor en la materia del Ministerio de Justicia de la Nación y del gobierno porteño.

Pero ahora, el dueño de este currículum está envuelto en un escándalo: fue detenido por abuso sexual a menores. Lo detuvieron junto a un profesor de música y otro hombre porque habría participado de fiestas sexuales con chicos de entre 14 y 16 años, en las que las víctimas también eran filmadas. En realidad, no es el primer caso (ni será el único) en el que alguien de quien se espera una conducta ética, y cuyo rol social se vincula al mundo de los altos valores, es sorprendido en acciones indecentes.


No es una cuestión de tendencias sociales o de historias escabrosas para satisfacer nuestro curioso morbo. La temática de que dos fuerzas (un principio positivo y otro negativo) se disputan el cuerpo y la mente del hombre, es un tópico antropológico antiquísimo.


Ya Platón había formulado el concepto de la dualidad humana. Para él el alma y el cuerpo eran dos principios irreductibles. El segundo, en realidad, hacía de cárcel del otro.
El hombre, según esta concepción, es una mezcla extraña de ángel y demonio. Hay una parte buena y una parte mala que coexisten en él, pero están en permanente lucha. Cada una, a su manera, intentará vencer a su adversario.

Estas dos caras de la realidad humana han sido explotadas (en la misma línea antropológica) por la literatura. Y acaso la alegoría de Robert L. Stevenson, titulada Dr. Jekyll y Mr. Hyde, sea la creación más célebre, dirigida a explicar el desdoblamiento del hombre. Así, mientras Jekyll lleva una “vida de esfuerzo, virtud y control”, Hyde es su perfecta contracara, ya que está dominado por “impulsos violentos y placeres secretos”.


Pero se trata, en realidad, de dos personalidades en una. Una persona partida en dos, desgarrada por fuerzas opuestas. La obra de Stevenson puede ser leída como una crítica a la ética victoriana del siglo XIX, una sociedad reglada y ordenada, dominada por una moral de la apariencia, identificaba con lo externo, asimilada a los hábitos cívicos y sociales.


Como sea, nos queda la imagen de que hay una lucha inherente en todo ser humano, una batalla entre lo permitido y lo prohibido, ente lo humano y lo bestial, entre el bien y el mal. Stevenson tiene una posición pesimista. “Nuestras debilidades son invencibles, nuestras virtudes estériles”, declara. Sin embargo, ¿por qué el hombre se resiste a aceptar ese destino, y prefiere creer en la eficacia del bien, atraído por los astros del cielo?.


Extraído de http://www.eldiadegualeguaychu.com.ar/portal/index.php/Locales/index.php?option=com_content&task=view&id=34159&Itemid=207


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