Descuajados de la infancia, el maltrato se derrama contra sus cortas vidas y el miedo les roba el sueño al llegar la noche. Éste es el insoportable paisaje que habita en los hogares de miles de niños que crecen en nuestro país en un ambiente familiar violento, testigos de las agresiones que sufren sus madres a manos de sus padres o víctimas directas de los abusos y palizas.
En lo que va de año, seis menores han muerto acuchillados o asfixiados por sus propios padres, antes o después de que éstos asesinaran a sus madres, y dos niños más han sido envenenados por su progenitora. Una cifra desoladora que duplica la registrada en 2007, en la que se cometieron cuatro infanticidios. Pero la cifra del maltrato infantil no termina ahí. El abandono de bebés en contenedores de basura, en los portales, cunetas y carreteras o en el interior de un coche mientras los padres están de compras o divirtiéndose en bares y bingos son otros aspectos dramáticos de los malos tratos que sufren los menores. Desde enero de 2008, 12 criaturas han sido abandonadas por su familia: dos no sobrevivieron.
A pesar del desenlace trágico de estos niños, sus nombres no aparecen, sin embargo, impresos en las estadísticas del Observatorio de la violencia doméstica que auspicia el Consejo General del Poder Judicial. Son hijos de la ira, borrados y silenciados de los censos del terrorismo familiar. Si bien es cierto que dentro de la fracasada Ley Integral sobre la Violencia de Género, como el propio Gobierno ha reconocido, se han generado recursos para la atención a las mujeres maltratadas, las medidas para sus hijos no han ido de la mano de ese desarrollo y han sido olvidados. «La Ley Integral reconoce los efectos de la violencia de género sobre los niños, pero no contempla medidas para atenderlos», lamenta Liliana Orjuela, coordinadora de los programas de violencia e infancia de Save the Children.
19.000 menores tutelados.
Las últimas estadísticas relacionadas con el maltrato físico infantil recogidas gracias a los datos de los hospitales, colegios y centros de salud desvelan que uno de cada siete niños sufre algún tipo de maltrato. Una realidad que ha provocado que más de 19.000 niños hayan tenido que ser apartados de sus padres y puestos bajo la tutela de la Administración, según los datos recogidos en catorce comunidades. Frente a estos menores, que paradójicamente pueden sentirse afortunados, otros permanecen bajo el mismo techo que sus maltratadores sin que se conozca su situación.
Como aprecia el presidente de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil, Jesús García Pérez, «lo que sabemos es sólo la punta del iceberg, porque la mayoría de los casos no se notifican». A lo que añade que todavía hay muchos mitos que vencer, como que el maltrato no puede darse en la familia, porque es donde hay amor, o que sólo maltratan los padres que lo han recibido en su infancia: «El maltrato a niños se produce precisamente en la familia. Pueden ser los padres, abuelos o primos y lo importante es hacerlo visible».
La comunidad con más niños tutelados es Cataluña, con más de 7.300 menores de entre 0 a 17 años, de los cuales cerca de un cinco por ciento ha sufrido abusos sexuales y el resto ha sido abandonado y ha padecido otro tipo de maltrato. Le sigue Madrid, donde hay 4.500 niños tutelados y la Comunidad Valenciana, que tiene bajo su protección 2.880 menores.
Lejos de lo que pueda pensarse, el maltrato infantil es un fenómeno ampliamente extendido que no deja de crecer en nuestra sociedad. En los últimos años, la brutalidad y la sinrazón se han instalado en muchos domicilios españoles arrebatando la vida de una forma vil y cobarde a los más frágiles e indefensos. Una tragedia perpetrada por unos progenitores que entre 2004 y 2007 asesinaron a 48 menores, hijos de su propia sangre. Todas tenían menos de 13 años.
Así lo revela el estudio del Centro Reina Sofía «Menores muertos a manos de sus padres», que pone de relieve que la tasa de víctimas infantiles se disparó un 80 por ciento en tan sólo tres años. Las regiones donde se cometieron más infanticidios coinciden con las que tienen más menores tutelados: Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid.
Abandonados, arrojados por el balcón, ahogados, apuñalados o golpeados hasta la muerte, una cuarta parte de los padres asesinos de sus hijos los había maltratado previamente, pero sólo uno de cada diez había sido denunciado por ello. Tras cometer el infanticidio, la mayoría de estos monstruos fueron arrestados a excepción de los que no soportaron sobre la conciencia su vil acción, apenas un 10 por ciento, y se quitaron la vida antes de que los detuviera la Policía.
Según los estudios, las personas que asesinan a sus hijos suelen ser hombres de entre 25 y 34 años, de origen español, parados y de bajo nivel socioeconómico. Éste es el perfil por ejemplo de Luigi D.G., que acaba de ser condenado por la Audiencia de Tarragona a 18 años de cárcel por matar a golpes a su hijastro de 11 meses después de que éste le hiciera perder una partida en la videoconsola al poner sus manitas en el teclado.
Ángela Serrano, responsable del área del menor del Centro Reina Sofía, dibuja el retrato robot psicológico de estos maltratadores: «Son personas de baja autoestima que perciben los estímulos que emiten los niños como amenazantes. No saben afrontar el comportamiento de su hijo, les desquicia de tal manera que no lo pueden controlar y le acaban agrediendo de forma salvaje. Crean expectativas inapropiadas del menor».
Extraído de http://www.larazon.es/55647/noticia/Sociedad/Asesinados_por_sus_padres
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